Se presentan casos de “fiebre del conejo”: qué es y cómo prevenirla
Los síntomas de la tularemia pueden aparecer de tres a cinco días tras la exposición e incluyen fiebre alta, escalofríos, dolores de cabeza y dolor corporal
Conejo con tularemia infecciosa, a través de bacteria Francisella tularensis. Crédito: Berit Kessler | Shutterstock
Autoridades sanitarias de Nueva York informaron de al menos tres casos probables de una rara enfermedad bacteriana en Long Island. Se trata de la tularemia, conocida también como “fiebre del conejo”, que es provocada por la bacteria Francisella tularensis. Es transmitida principalmente a través de picaduras de garrapatas o tábanos que han estado en contacto con animales infectados.
El Departamento de Salud del Condado de Suffolk advirtió sobre la situación a través de medios locales. Las investigaciones continúan para determinar la propagación y las medidas necesarias para proteger a la comunidad.
Los síntomas de la “fiebre del conejo” pueden aparecer de tres a cinco días tras la exposición e incluyen fiebre alta, escalofríos, dolores de cabeza y dolor corporal. Los casos pueden variar de leves a severos, con complicaciones que incluyen formas neumónicas de la enfermedad. La confirmación requiere análisis específicos que pueden tardar semanas.
“A menudo se la denomina ‘fiebre del conejo’ porque los cazadores que disparan a los conejos y luego los despellejan y evisceran pueden contaminarse por ese contacto cercano con sus tejidos”, declaró a ABC News el Dr. William Schaffner, profesor de medicina preventiva en el Centro Médico de la Universidad de Vanderbilt en Nashville.
Síntomas de la tularemia
“La tularemia se manifiesta como comienza una gripe fuerte: fiebre repentina, escalofríos, dolor de cabeza, dolores musculares y una sensación de agotamiento”, dijo a ABC la doctora Zoe Weiss, directora de microbiología clínica del Tufts Medical Center en Boston.
“Lo que la distingue es lo que aparece junto con eso: una llaga o úlcera en el lugar de la picadura y un ganglio linfático inflamado y doloroso cerca de ella”, precisa.
Puede también incluir irritación e inflamación de ojo e hinchazón de los ganglios linfáticos situados delante de la oreja, entre quienes hayan tocado tejido animal infectado.
Asimismo, los pacientes que ingirieron alimentos o agua contaminados pueden desarrollar tularemia orofaríngea, que incluye dolor de garganta, úlceras bucales, amigdalitis e inflamación de los ganglios linfáticos del cuello.

Prevención y tratamiento
La tularemia es tratable con antibióticos convencionales, aunque la vacunación es actualmente poco accesible.
Para prevenirla, se recomienda usar repelentes de insectos y ropa adecuada durante actividades al aire libre, y manipular animales potencialmente infectados con precaución.
Complicaciones a largo plazo
Las complicaciones a largo plazo de la tularemia pueden incluir infecciones persistentes o extendidas a otros órganos, como osteomielitis, pericarditis, meningitis, neumonía, endocarditis, hepatitis, sepsis y, en casos graves, insuficiencia renal o daño pulmonar residual. En algunos sobrevivientes también pueden quedar cicatrices residuales, daño en pulmón o riñón, y pérdida de masa muscular.
Qué tan frecuentes son. Las complicaciones graves son más probables en la tularemia neumónica o tifoidea, y el retraso en el tratamiento aumenta el riesgo de secuelas. Con tratamiento adecuado, la mayoría de las personas se recupera bien, y las recaídas son poco frecuentes, aunque pueden ocurrir si el tratamiento fue insuficiente.
Señales de alarma. Hay que buscar atención médica urgente si aparecen dificultad para respirar, dolor torácico, confusión, rigidez de cuello, empeoramiento de la fiebre o síntomas neurológicos. Esas manifestaciones pueden indicar neumonía, meningitis, sepsis u otra complicación seria.
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