5 frases que debes evitar al negociar una deuda
Si vas a negociar alguna deuda, hay frases que nunca deberías utilizar para conseguir una condonación que te ayude a pagar tu tarjeta de crédito
Hay algunas frases que nunca deberías decir a un acreedor con el que quieres negociar tu deuda. Crédito: Shutterstock
Si las deudas de tus tarjetas ya se comieron buena parte de tu presupuesto, una llamada al acreedor puede convertirse en una oportunidad para buscar alivio. Pero cuidado con lo que dices. Una frase mal planteada podría hacer que la otra parte piense que tienes más capacidad para pagar de la que realmente tienes y reducir tu margen para negociar.
La condonación de deuda, también conocida como liquidación de deuda o debt settlement, busca llegar a un acuerdo para pagar menos de lo que se debe. Sin embargo, el acreedor no está obligado a aceptar una reducción. La situación financiera del deudor, el estado de la cuenta y el dinero disponible para hacer el pago pueden influir en la negociación.
Por eso, antes de levantar el teléfono, conviene saber qué expresiones pueden jugar en tu contra.
1. “Puedo pagar, pero no quiero pagar todo”
Esta puede ser una de las peores maneras de comenzar una negociación. Si le dices al acreedor que tienes suficiente dinero para cubrir los pagos actuales, pero simplemente no quieres pagar el saldo completo, estarías debilitando el argumento principal para pedir una reducción: que la deuda se volvió difícil de afrontar.
Imagina que perdiste tu empleo, tus ingresos bajaron y ahora tienes que elegir entre pagar la tarjeta o cubrir la renta y la comida. Esa es la situación que debes explicar con claridad.
Una reducción de ingresos, un divorcio, la pérdida del trabajo o un aumento fuerte de los gastos básicos pueden ayudar a explicar por qué el pago actual dejó de ser sostenible.
2. “Pagaré lo que sea necesario”
Aunque suene como una muestra de buena voluntad, esta frase puede quitarte poder durante la negociación. Si tienes una deuda de $20,000 dólares y le dices al acreedor que pagarás lo que sea necesario para terminar con ella, ¿qué razón tendría la otra parte para ofrecerte una reducción importante? Antes de negociar, establece cuánto puedes pagar sin dejar de cubrir la vivienda, los alimentos, los servicios y otras necesidades básicas. Ese número debe ser realista.
No necesitas revelar desde el primer minuto cuál es tu máximo. Tener claro tu límite te permite responder a las contraofertas sin comprometer dinero que después necesitarás para vivir.
3. “Tengo mucho dinero ahorrado”
Si estás tratando de demostrar que no puedes afrontar una deuda completa, decir que tienes una cantidad considerable de efectivo disponible puede hacer que tu solicitud de reducción sea menos convincente.
Esto no significa que debas mentir. Si el acreedor solicita información financiera, debes responder de manera correcta. La diferencia está en no ofrecer voluntariamente detalles que no son necesarios para la conversación y que podrían cambiar la percepción sobre tu capacidad de pago.
4. “Seguro tendré el dinero para esa fecha”
Nunca aceptes una fecha de pago basándote en dinero que todavía no tienes. Por ejemplo, si esperas un bono de trabajo, un reembolso de impuestos o la venta de algún bien, pero no tienes certeza de cuándo llegará, prometer que podrás pagar una cantidad determinada puede meterte en otro problema.
Un acuerdo solo resulta útil si puedes cumplirlo. Si la negociación contempla varios pagos, revisa que cada cantidad encaje realmente en tu presupuesto.
5. “Esa es mi oferta final”
Una negociación puede tener varias ofertas y contraofertas. Si desde el comienzo dices que una cantidad es tu propuesta definitiva, podrías cerrar una puerta que todavía necesitabas mantener abierta.
Supongamos que debes $15,000 dólares y tienes $5,000 dólares disponibles para llegar a un acuerdo; no necesariamente tienes que comenzar revelando que esos $5,000 dólares son tu máximo. La idea es mantener un margen para negociar, siempre dentro de lo que realmente puedes pagar.
¿Qué sí debes tener claro antes de llamar?
Más que memorizar una frase perfecta, llega preparado, ten a la mano el saldo de tus deudas, tus ingresos, tus gastos esenciales y la cantidad que podrías destinar realmente a un acuerdo.
También recuerda que la liquidación de deuda no es la única alternativa. Dependiendo de tu situación, podrías considerar programas de manejo de deuda u otras opciones de alivio. Además, una liquidación puede afectar tu historial crediticio y la deuda perdonada puede tener consecuencias fiscales en determinados casos.
La mejor negociación no es la que promete pagar más, es aquella en la que aceptas una cantidad que realmente puedes cumplir sin poner en riesgo los gastos básicos de tu familia.
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