Te sirve: Cómo limpiar y proteger el chasis del auto para evitar el óxido
Barro, humedad y sal pueden castigar los bajos del auto. Una limpieza periódica ayuda a detectar óxido y evitar daños mayores
Se pausa el Hyundai Kona EV 2026. Crédito: Hyundai. Crédito: Cortesía
Hay partes del automóvil que casi nunca reciben atención hasta que aparece un problema. Los bajos son un buen ejemplo. Mientras el propietario suele preocuparse por la pintura, los neumáticos o el aceite, debajo del vehículo se va acumulando una mezcla poco amigable de barro, polvo, humedad, grasa y residuos de carretera.
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La situación puede ser todavía más complicada en zonas donde el invierno obliga a utilizar sal sobre el asfalto. Parte de ese material termina pegado al chasis y a otros componentes, permanece allí durante bastante tiempo y puede acelerar la corrosión.
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Por eso, lavar los bajos no debería verse únicamente como una cuestión de limpieza. También es una buena oportunidad para revisar qué está ocurriendo debajo del automóvil y descubrir pequeñas señales de deterioro antes de que se conviertan en una reparación costosa.
Antes de comenzar, hay que pensar en la seguridad
Trabajar debajo de un vehículo requiere precauciones. El automóvil debe permanecer sobre una superficie plana y estable y, si es necesario levantarlo, hay que utilizar un sistema adecuado y comprobar que quede correctamente asegurado.
También conviene usar guantes y gafas de protección. La suciedad acumulada puede desprender partículas de óxido y otros residuos durante el lavado. Además, el motor y las piezas que alcancen altas temperaturas deben estar completamente fríos antes de empezar.
Para una limpieza básica pueden ser suficientes una manguera o hidrolavadora, cepillos de distintos tamaños, un desengrasante apropiado, productos anticorrosivos y algún aplicador. Si se necesita retirar ruedas o cubiertas, habrá que contar también con las herramientas correspondientes.
Primero hay que sacar la suciedad más pesada
Las ruedas son un buen punto de partida porque suelen concentrar barro, polvo de frenos y otros residuos. Una vez limpias, se puede pasar directamente a los bajos.
Lo recomendable es comenzar con un enjuague abundante para desprender tierra, barro y sal. Si se utiliza una hidrolavadora, hay que mantener una distancia prudente y evitar dirigir el chorro con demasiada fuerza sobre conectores, sensores, cables, sellos y otras piezas delicadas.
Después llega el momento del desengrasante. El producto debe ser específico para este tipo de superficies y utilizarse siguiendo las instrucciones del fabricante. No conviene rociarlo indiscriminadamente sobre frenos, componentes eléctricos o elementos que puedan resultar afectados.
El producto necesita tiempo para funcionar
Un error bastante común es aplicar el limpiador y retirarlo inmediatamente. Muchos productos necesitan unos minutos para desprender la grasa y la suciedad adherida.
Hay que respetar el tiempo indicado en la etiqueta y evitar que el producto se seque si el fabricante recomienda lo contrario. Después, los cepillos pueden ayudar a llegar a lugares donde todavía permanezcan residuos.
Las zonas próximas a la suspensión, protecciones, cavidades y diferentes elementos del tren de rodaje suelen necesitar más trabajo. En esos lugares conviene frotar con cuidado para no deteriorar cables, revestimientos o componentes sensibles.

El lavado también sirve para buscar óxido
Con los bajos limpios resulta mucho más sencillo detectar señales de corrosión. Pintura levantada, manchas de óxido, pequeñas burbujas o zonas donde el metal comienza a deteriorarse son señales que merecen atención.
Las burbujas debajo de la pintura pueden indicar que la corrosión ya está avanzando por debajo de la superficie. Si aparecen agujeros o daños importantes en el metal, la situación es todavía más seria y lo recomendable es que un especialista revise el vehículo.
Cuando el óxido es superficial, puede eliminarse con herramientas como un cepillo de acero o papel de lija. Si la corrosión está mucho más extendida, pueden ser necesarios procedimientos profesionales, como el chorro de arena.

Proteger el metal después de limpiarlo
Una vez retirada la corrosión superficial y con la zona completamente preparada, puede aplicarse una imprimación anticorrosiva. Después se puede utilizar un producto protector adecuado para reducir la exposición del metal a la humedad.
La cobertura debe ser uniforme, pero hay una regla que no conviene olvidar. Los productos anticorrosivos nunca deben terminar sobre discos, pastillas, neumáticos, superficies de fricción, sensores u otros componentes que puedan perder su funcionamiento por quedar contaminados.
La protección tiene sentido únicamente cuando se aplica en los lugares adecuados.

¿Cuándo conviene repetir la limpieza?
No existe un único intervalo válido para todos los vehículos. Un automóvil que circula por carreteras con nieve y sal necesita mucha más atención que otro que se mueve habitualmente por zonas secas.
También es aconsejable revisar los bajos después de atravesar caminos con mucho barro, nieve o agua. Como referencia, una limpieza e inspección cada seis meses o una vez al año puede ser útil, especialmente si las condiciones de circulación son exigentes.
Dedicar unas horas a esta parte del automóvil puede parecer un trabajo menor, pero permite retirar contaminantes, detectar corrosión a tiempo y conocer mejor el estado de componentes que normalmente quedan fuera de la vista. Y cuando se trata del óxido, encontrar el problema temprano casi siempre juega a favor del bolsillo.
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