Migración sirve de salvavidas a las comunidades rurales que pierden población
Las políticas restrictivas de la Administración Trump están poniendo en crisis a muchos de estos pueblos que habían crecido gracias a los inmigrante
Una protesta contra ICE en Ohio, donde la comunidad haitiana ha sido el objetivo de ICE. Crédito: AP
En las últimas dos décadas, muchas de las comunidades rurales han dependido de los inmigrantes para revertir su descenso demográfico, cubrir la escasez de mano de obra, mantener las escuelas en funcionamiento, abrir negocios y fortalecer las economías locales, pero los agresivos operativos de migración han colocado a muchos de estos pueblos que habían resurgido gracias a la inmigración, en situación de crisis.
“Es algo deshumanizante, aterrador. En los últimos días, el ICE (Servicio de Inmigración y Aduanas) ha estado en la ciudad recogiendo gente. Springfield está actualmente en crisis y es totalmente innecesario. Los inmigrantes que se están llevando son gente trabajadora”, dijo el doctor Carl Ruby, pastor principal de la Central Christian Church en Springfield, Ohio, una comunidad que es parte del cinturón industrial del Medio Oeste.
Durante la videoconferencia: “Medidas severas y desaceleración: cómo la política migratoria federal está transformando las pequeñas localidades de Estados Unidos”, organizada por American Community Media (ACoM), el pastor Ruby explicó que cuando llegaron a su pequeña ciudad de 54,000 habitantes, entre 10,000 y 20,000 haitianos, trajeron un resurgimiento económico y dejaron de ser una de las ciudades que más se estaba reduciendo rápidamente en cuanto a su población.
“Los haitianos iniciaron negocios, iglesias y organizaciones sin fines de lucro. Ayudaron a expandir las empresas existentes”, dijo.
Sin embargo, a partir de que la Administración Trump le quitó sus trabajos sin percibir desempleo a entre 10,000 y 15,000 personas, se les dejó llegar una crisis en términos de que simplemente, estos inmigrantes no pueden poner comida en la mesa y pagar el alquiler.
“Hay un nivel de pánico en la ciudad en este momento”, señaló.
Explicó que la comunidad haitiana ha estado recibiendo cartas diciéndoles que deben presentarse ante el ICE, y luego les han colocado monitores en los tobillos y les han dicho que deben regresar cuando se les solicite o los recogerá; eso sin contar a los que han estado deteniendo.

Un salvavidas en el campo
Tim Slack, profesor de Sociología de la Universidad Estatal de Luisiana, dijo que la inmigración ha servido de salvavidas demográfico para muchas comunidades rurales, compensando la pérdida de población que se habría producido de no haber existido este fenómeno.
“La despoblación es una tendencia demográfica importante en las zonas rurales de Estados Unidos, impulsada por el envejecimiento de la población y la emigración de los jóvenes”.
Sostuvo que entre 2010 y 2020, la población total de los condados rurales estadounidenses disminuyó cerca de medio punto porcentual, un hecho sin precedentes nunca antes visto.
“El envejecimiento y la emigración son fenómenos especialmente marcados entre la población blanca no hispana de las zonas rurales. Los inmigrantes ayudan a compensar esas pérdidas”.
De hecho, indicó que en muchos de los condados rurales que registraron crecimiento entre 2010 y 2020, aproximadamente en 200, dicho aumento se debió exclusivamente al incremento de la población inmigrante y no blanca, lo cual logró contrarrestar la pérdida de población blanca no hispana.
A menudo dijo que se imagina el entorno rural como predominantemente blanco, pero hoy en día cerca de uno de cada cuatro residentes rurales no es blanco.
“Los hispanos y los afroamericanos constituyen los grupos más numerosos y, por supuesto, los pueblos indígenas tienen la mayor proporción de su población viviendo en zonas rurales en comparación con cualquier otro grupo racial o étnico importante”.
El impacto económico
Jennie Murray, presidenta y directora ejecutiva del National Immigration Forum, dijo que el 13% de la población del país es inmigrante y el 19% de la fuerza laboral de todos los niveles está compuesta por personas nacidas en el extranjero.
‘En 2025, entre 2.2 o 2.3 millones de personas optaron por la autodeportación, ya fuera con la esperanza de salir como familia para evitar la separación, o bien creyendo en las promesas del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) de que, si se marchaban, podrían regresar al país más adelante”.
Dijo que a esto se suman otras 675,000 personas que fueron expulsadas a la fuerza del país ese mismo año tras ser detenidas y deportadas.
“Si analizamos las cifras de la fuerza laboral, vemos que para 1,1 millones de personas que contaban con el Estatus de Protección Temporal (TPS) este estatus está llegando a su fin, por lo que pasarán de ser trabajadores autorizados a no autorizados”.
A esto hay que añadir a las personas bajo permiso de permanencia temporal que también han perdido su autorización para trabajar.
“Cada año, los inmigrantes aportan $1,300 millones en impuestos a los niveles estatal, local y federal; además, generan otros $1,700 millones en la economía en su calidad de consumidores.
Señaló que si consideramos todo esto en conjunto, menos trabajadores para las empresas estadounidenses, menos personas contribuyendo a la economía y pagando impuestos, y menos personas sosteniendo sistemas como la Seguridad Social, nos enfrentamos a un impacto general bastante grave.

Migración y diversificación
Mark Prosser, exjefe de policía de Storm Lake, una pequeña comunidad rural en el estado de Iowa, dijo que durante 30 años fue testigo del impacto positivo e impresionante de la inmigración en esa comunidad.
“Esta aportó una fuerza laboral y transformó el lugar: pasó de ser un sitio mayoritariamente blanco y con una población en declive a una comunidad muy diversa, con crecimiento demográfico, expansión industrial y comercial, nuevas necesidades de vivienda, etcétera”.
Por tanto, expuso que el crecimiento, la vitalidad y la energía que han llegado a las comunidades rurales de Iowa, especialmente al noroeste, se deben al 100% a la inmigración.
Tanto es así, mencionó que, hoy en día, en el sistema de escuelas públicas de esa comunidad (desde preescolar hasta el último año de secundaria), el inglés no es la lengua materna de cerca del 91% de los alumnos.
Explicó que la gente llega allí buscando empleo con grandes plantas procesadoras de carne que necesitan mano de obra.
“En estas comunidades rurales, se han asentado inmigrantes y las comunidades han crecido, las escuelas también crecen; se construyen nuevos centros educativos y no existe esa necesidad de consolidación de distritos escolares”.
La esperanza
Rachel Perić, directora ejecutiva de Welcoming America, dijo que son muchos los lugares que siguen una trayectoria orientada no a expulsar a las personas, sino a retenerlas en sus comunidades y fortalecer el sentido de confianza, pertenencia, participación y conexión entre vecinos.
“Hay numerosos sitios en Estados Unidos que están redoblando sus esfuerzos en este sentido, algunos de manera discreta y otros de forma más visible. Un ejemplo es Emporia, Kansas, donde la comunidad se movilizó para impulsar, a lo largo de varios años, una iniciativa proactiva destinada a garantizar que los recién llegados fueran reconocidos como miembros valiosos que aportan”.
Dijo que cuando existen relaciones de confianza entre los miembros de una comunidad, las personas pueden acudir a la policía o a las instituciones públicas, se escucha su voz y las políticas públicas responden a ella, la comunidad se fortalece.
“Creo que esta tendencia seguirá cobrando fuerza, ya que estos imperativos son reales y vitales para muchas localidades, especialmente para las zonas rurales”.
Mencionó que aún en lugares con posturas políticas muy diversas, existe desde hace tiempo la convicción de que no podemos lograr comunidades plenas ni funcionales si no nos esforzamos por crear un entorno donde la gente quiera venir y echar raíces.
“Así que aunque el panorama político es realmente complejo en este momento, hay muchas personas de todo el espectro político que comprenden que es sumamente importante avanzar en la dirección opuesta y fomentar una cultura de acogida, no solo basándonos en valores, sino también porque es lo correcto para la comunidad, tanto por razones económicas como para lograr una mayor cohesión social.