El diésel se dispara en EE.UU. y marca un récord histórico
El diésel alcanzó un precio récord en Estados Unidos y ya encarece el transporte, la agricultura y las operaciones de miles de empresas
ProPILOT Assist de Nissan. Crédito: Nissan. Crédito: Cortesía
El combustible que mueve buena parte de la economía estadounidense acaba de convertirse en un problema todavía más costoso. El precio promedio del diésel llegó a $5.85 dólares por galón, su nivel más alto registrado hasta ahora en Estados Unidos, y el impacto ya se siente mucho más allá de las estaciones de servicio.
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La subida equivale a cerca de un 55% frente al valor que tenía a finales de febrero, cuando comenzó el conflicto militar entre Estados Unidos e Irán.
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El nuevo máximo incluso supera el récord alcanzado en 2022, cuando la invasión rusa a Ucrania provocó una fuerte alteración en los mercados energéticos.
El petróleo vuelve a poner presión
La situación en Medio Oriente explica buena parte de la tensión actual. Irán restringió el tránsito por el estrecho de Ormuz después de los ataques de Estados Unidos e Israel, afectando una ruta fundamental para el movimiento internacional de petróleo.
Por ese corredor pasa habitualmente cerca de una quinta parte del suministro mundial de crudo. Cualquier dificultad en esa zona puede repercutir rápidamente sobre los precios, especialmente cuando también existen daños en refinerías de Medio Oriente que limitan la producción de combustibles.
La gasolina tampoco escapó al incremento. Su precio promedio nacional alcanzó $4.15 dólares por galón, aproximadamente un 40% más que a finales de febrero. Aunque ambos combustibles tienen procesos de refinación diferentes, los dos dependen de la disponibilidad de petróleo, las refinerías y una cadena logística que permita llevarlos hasta los puntos de venta.

Camiones y maquinaria sienten el golpe
El problema adquiere otra dimensión cuando se mira desde el transporte y las actividades productivas. Los camiones que recorren grandes distancias para llevar alimentos, materiales y productos de consumo necesitan diésel de manera constante, por lo que cada aumento termina elevando sus costos de operación.
La agricultura también queda expuesta. Tractores y otras máquinas utilizan este combustible durante labores como la siembra, la cosecha y el traslado de insumos. Algo parecido ocurre en la construcción, donde excavadoras, generadores y equipos pesados dependen del diésel para trabajar.
Las pickups de trabajo con motores turbodiésel tampoco están al margen. Los modelos heavy-duty son utilizados por contratistas, empresas y conductores que necesitan remolcar cargas importantes, pero mantenerlos en funcionamiento ahora implica un gasto considerablemente mayor.
Un tanque de 30 galones puede costar más de $175 dólares al llenarse con el precio promedio actual. Para un conductor profesional o una pequeña empresa que necesita utilizar el vehículo todos los días, la diferencia termina siendo considerable.

La incertidumbre todavía no desaparece
El panorama internacional tampoco apunta a una solución rápida. Estados Unidos retomó a comienzos de mes los ataques con misiles contra Irán, mientras Teherán respondió con misiles y drones, manteniendo elevada la tensión en la región.
A ese escenario se suma la situación del mercado de combustibles refinados. Los ataques ucranianos contra instalaciones petroleras rusas y la suspensión temporal de exportaciones de combustibles refinados desde Rusia hasta finales de septiembre agregan otra fuente de presión.
Con menos capacidad de refinación disponible, rutas marítimas bajo tensión y varios conflictos afectando el suministro energético, el precio del diésel podría permanecer elevado. Incluso una eventual reducción de las hostilidades no garantizaría una caída inmediata, ya que recuperar inventarios, producción y cadenas logísticas puede tomar tiempo.
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