Trump pone la lupa sobre Ford por sus alianzas con empresas chinas

Las alianzas de Ford con firmas chinas generan críticas en Washington, mientras la automotriz defiende su estrategia industrial

La Ford Maverick 2026

La Ford Maverick 2026. Crédito: Ford. Crédito: Cortesía

La relación entre Ford y algunas compañías chinas abrió un nuevo frente de discusión en Estados Unidos. La administración de Donald Trump mira con preocupación los acuerdos que la automotriz mantiene o estudia con empresas de China, mientras el fabricante asegura que sus decisiones responden a una necesidad concreta de mantener competitividad, producción y empleos.

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El cuestionamiento llegó de la mano de Sean Duffy, secretario de Transporte de Estados Unidos, quien puso bajo la lupa la dependencia que Ford podría estar desarrollando frente a tecnología y compañías chinas. Su preocupación apunta especialmente a sectores considerados estratégicos para la industria automotriz, como las baterías y los vehículos eléctricos.

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Ford respondió defendiendo su estrategia y rechazando las acusaciones. La compañía sostiene que continúa teniendo un peso importante en la producción, las exportaciones y el empleo industrial estadounidense. También negó que sus movimientos estén diseñados para impulsar nuevas empresas conjuntas de capital chino dentro del país.

Donald Trump, presidente estadounidense
Donald Trump, presidente estadounidense.
Crédito: Jacquelyn Martin | AP

Una alianza que mira hacia España

Uno de los acuerdos que alimentó la discusión está lejos de Estados Unidos. Ford y Geely trabajan en un proyecto para mantener activa la planta de Almussafes, en Valencia, España, una instalación importante para las operaciones europeas de la marca.

El acuerdo establece que Ford mantendrá el 66% de la sociedad, mientras Geely tendrá el 34%. Para hacerse con esa participación, el grupo chino aportó $259 millones de dólares, equivalentes a los 221 millones de euros contemplados originalmente.

El proyecto contempla la llegada de cinco nuevos modelos a partir de 2028. También existe la expectativa de aumentar la plantilla de la fábrica, que actualmente ronda los 4,100 trabajadores.

La factoría valenciana tiene capacidad para producir cerca de 500,000 vehículos al año cuando trabaja a plena capacidad. Para Ford, la participación de Geely representa una oportunidad para aprovechar mejor las instalaciones, repartir costos y ganar eficiencia en un mercado europeo que atraviesa una fuerte transformación.

La AEV FX370 Ford Super Duty
La AEV FX370 Ford Super Duty. Crédito: AEV.
Crédito: Cortesía

La tecnología de CATL también genera dudas

Otro punto sensible está en Michigan. Allí Ford desarrolla una planta de baterías que utiliza tecnología de CATL, uno de los principales fabricantes chinos de este componente.

La automotriz insiste en que la operación no supone que CATL controle la instalación. Ford será propietaria de la planta y el vínculo con la compañía asiática estará relacionado con una licencia tecnológica y servicios asociados.

El proyecto contempla aproximadamente 1,700 empleos en Estados Unidos, un dato que Ford utiliza para defender el impacto económico de la operación y remarcar que la propiedad de la instalación estará en manos estadounidenses.

También aparecieron dudas por las conversaciones mantenidas con BYD, otro de los grandes nombres chinos de la movilidad eléctrica. Ford, sin embargo, negó que esos contactos representen un intento por establecer nuevas sociedades chinas dentro de Estados Unidos.

Presentan la Ford Explorer Sinister ST 2027
Presentan la Ford Explorer Sinister ST 2027. Crédito: Ford.
Crédito: Cortesía

Un problema que va mucho más allá de Ford

La discusión refleja una dificultad que cada vez pesa más sobre los fabricantes tradicionales. China tiene una posición dominante en la producción de baterías, el procesamiento de minerales y varios componentes fundamentales para los vehículos eléctricos.

Para Ford, recurrir a compañías especializadas puede ayudar a reducir costos y acelerar proyectos que serían mucho más complejos si tuviera que desarrollar toda esa tecnología desde cero. Para Washington, en cambio, existe el riesgo de que esa estrategia termine aumentando la dependencia de China en áreas consideradas fundamentales para la industria estadounidense.

Por eso, el enfrentamiento no se limita a una empresa y sus socios. La expansión del vehículo eléctrico puede llevar a otras automotrices occidentales a tomar decisiones similares, con la presión de mantener la competitividad sin quedar demasiado expuestas a proveedores, tecnología o capital procedente de China.

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