También se encuentran cálculos en la vesícula, cómo afectan

Silenciosos durante años, estos pequeños depósitos llamados cálculos biliares pueden convertirse en una urgencia médica cuando menos se los espera

También se encuentran cálculos en la vesícula, cómo afectan

Mujer sufre intenso dolor por cálculo biliar. Crédito: Andrey_Popov | Shutterstock

La vesícula biliar es un órgano pequeño, con forma de pera, ubicado debajo del hígado. Su función parece modesta: almacenar y concentrar la bilis, un líquido digestivo que el hígado produce para descomponer las grasas de los alimentos. Sin embargo, cuando en su interior se forman cálculos —conocidos también como litiasis biliar—, ese órgano discreto puede convertirse en el origen de dolores intensos, complicaciones graves e incluso cirugías de urgencia.

Los cálculos biliares son depósitos sólidos que se forman a partir de los componentes de la bilis: colesterol, sales biliares y bilirrubina. Cuando estas sustancias se desequilibran —por ejemplo, cuando hay demasiado colesterol o pigmento biliar, o cuando la vesícula no se vacía correctamente—, pueden cristalizarse y dar lugar a piedras que van desde el tamaño de un grano de arena hasta el de una pelota de golf.

Existen dos tipos principales: los cálculos de colesterol, los más comunes en buena parte del mundo occidental, y los cálculos pigmentarios, compuestos principalmente de bilirrubina, más frecuentes en personas con enfermedades hepáticas o trastornos de la sangre.

Entre los factores de riesgo más citados por la comunidad médica se encuentran el sexo femenino, la edad avanzada, el sobrepeso y la obesidad, los antecedentes familiares, el embarazo, las dietas muy bajas en calorías o las pérdidas de peso rápidas, la diabetes y el uso de ciertos medicamentos, como algunos anticonceptivos hormonales.

Cuando el cuerpo empieza a avisar

Una parte considerable de las personas que tienen cálculos biliares nunca llega a sentir síntomas; en esos casos, las piedras suelen descubrirse de manera incidental durante una ecografía realizada por otro motivo. El problema comienza cuando un cálculo obstruye alguno de los conductos por los que circula la bilis.

Ese bloqueo puede provocar el llamado cólico biliar: un dolor intenso y repentino en la parte superior derecha o central del abdomen, que a veces se extiende hacia la espalda o el hombro derecho. Suele aparecer después de comidas copiosas o ricas en grasa y puede acompañarse de náuseas, vómitos, hinchazón y una sensación de saciedad extrema.

“El dolor de un ataque de la vesícula suele localizarse en la parte superior derecha del abdomen y puede durar varias horas”, refiere el Instituto Nacional de Diabetes y Enfermedades Digestivas y Renales.

Cuando la obstrucción se prolonga o se infecta, el cuadro puede evolucionar hacia complicaciones más serias:

  • Colecistitis aguda: inflamación de la vesícula, con dolor persistente, fiebre y sensibilidad abdominal marcada.
  • Coledocolitiasis: migración de un cálculo hacia el conducto colédoco, que puede provocar ictericia (piel y ojos amarillentos), orina oscura y heces pálidas.
  • Pancreatitis aguda: inflamación del páncreas causada por la obstrucción del conducto pancreático, una urgencia que requiere atención hospitalaria inmediata.
  • Colangitis: infección de las vías biliares que, sin tratamiento oportuno, puede poner en riesgo la vida del paciente.

Del diagnóstico al tratamiento

El diagnóstico suele confirmarse con una ecografía abdominal, un estudio accesible, rápido y sin radiación que permite visualizar con claridad la presencia de cálculos. En casos más complejos, los médicos pueden recurrir a resonancias magnéticas o a estudios endoscópicos especializados.

No todos los pacientes con cálculos requieren cirugía. Cuando son asintomáticos, muchas veces se opta por un seguimiento periódico. Pero si los síntomas se repiten o aparecen complicaciones, la colecistectomía —extirpación quirúrgica de la vesícula, generalmente por laparoscopía— continúa siendo el tratamiento de referencia. Se trata de una cirugía frecuente y, en la mayoría de los casos, de recuperación relativamente rápida; el cuerpo puede digerir con normalidad sin este órgano, aunque algunas personas experimentan cambios digestivos leves tras la operación.

Más común de lo que se piensa

Los especialistas coinciden en que la litiasis biliar es una de las patologías digestivas más frecuentes a nivel mundial, y su prevalencia aumenta con la edad. La alimentación —con exceso de grasas saturadas y azúcares, y déficit de fibra— junto al sedentarismo, se mencionan reiteradamente entre los factores que favorecen su aparición en las sociedades contemporáneas.

Mantener un peso saludable, evitar las dietas extremas, llevar una alimentación equilibrada y consultar a tiempo ante dolores abdominales recurrentes son, según recomiendan los profesionales de la salud, las mejores herramientas de prevención frente a una afección que, aunque en apariencia menor, puede convertirse en una emergencia si se la ignora.

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