Trabajadores hispanohablantes dan forma al polémico Salón de Baile de Trump

Se documentó la presencia de obreros hispanohablantes en un proyecto que enfrenta cuestionamientos legales y avanza en medio de una ofensiva migratoria

Trump ha convertido la construcción del Salón de Baile en uno de los proyectos más visibles de su segunda presidencia.

Trump ha convertido la construcción del Salón de Baile en uno de los proyectos más visibles de su segunda presidencia. Crédito: Tom Brenner | AP

El español se escucha entre grupos de trabajadores que participan en la construcción del nuevo Salón de Baile de la Casa Blanca, uno de los proyectos más ambiciosos impulsados por el presidente Donald Trump y que ha provocado una batalla judicial por la transformación de la histórica Ala Este.

La agencia de EFE constató esta semana que buena parte de las conversaciones entre obreros observados al salir de una zona de servicio del complejo presidencial, cerca de la calle 15 y la avenida Pensilvania, se desarrollaban en español.

“Lo único que podemos decir es que las obras avanzan”, señaló a la agencia un grupo de trabajadores, que evitó revelar su nacionalidad y explicó que tiene restricciones para proporcionar información.

Hasta el momento, no existen datos públicos de Clark Construction, responsable de la obra, que permitan establecer qué porcentaje de los trabajadores es hispano, inmigrante o cuál es su situación migratoria. Por ello, la presencia de hispanohablantes constatada por EFE no permite determinar la composición total de la plantilla.

Sin embargo, la escena adquiere relevancia por el peso de los inmigrantes dentro de la industria estadounidense de la construcción y por coincidir con la política de deportaciones impulsada por Trump durante su segundo mandato.

Un proyecto personal de Trump

La Casa Blanca anunció el Salón de Baile en julio de 2025. El diseño contempla aproximadamente 90,000 pies cuadrados y capacidad para 650 personas sentadas, frente a las alrededor de 200 que puede recibir actualmente el Salón Este.

Trump defendió el proyecto con el argumento de que la residencia presidencial necesitaba desde hacía décadas un espacio permanente para cenas de Estado y grandes recepciones.

La administración calculó inicialmente un costo de $200 millones y aseguró que Trump y otros donantes privados financiarían la construcción. Clark Construction quedó al frente de las obras, AECOM de la ingeniería y McCrery Architects del diseño.

El proyecto terminó por transformar completamente la histórica Ala Este. La demolición comenzó en octubre de 2025 y concluyó en diciembre para dar paso a un nuevo complejo que incluye el salón y una instalación militar subterránea.

La magnitud de los trabajos provocó una demanda del National Trust for Historic Preservation, que cuestionó la autoridad presidencial para realizar una modificación de ese tamaño sin autorización del Congreso.

Después de que tribunales inferiores frenaran parte de la construcción, la Corte Suprema permitió el 31 de agosto que los trabajos continuaran mientras se resuelve el litigio.

La decisión no determinó definitivamente la legalidad de la obra. El presidente de la Corte, John Roberts, acompañado por las juezas Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jackson, discrepó de la mayoría.

“La construcción probablemente es ilegal”, escribió Roberts al señalar que la legislación federal exige autorización del Congreso para determinadas construcciones en terrenos federales de Washington.

Trump lleva a hispanos a conocer las obras

El proyecto volvió al centro de atención el 30 de septiembre, durante una celebración del Mes de la Herencia Hispana encabezada por Trump en la Casa Blanca.

El mandatario invitó a los asistentes a conocer las obras y aseguró que serían el primer grupo en ingresar al lugar.

“Van a ser las primeras personas importantes que pisen el piso del nuevo salón de baile”, afirmó Trump, quien aseguró que los trabajos marchaban adelantados respecto al calendario.

Antes del recorrido hizo una advertencia sobre los desniveles de la construcción.

“Tengan mucho cuidado. No se caigan por el borde porque es una caída larga. Y solo un hispano podría sobrevivir a esa caída”, dijo el Presidente.

El comentario se produjo días antes de que EFE documentara la presencia de trabajadores que hablan español en las obras.

La construcción depende de trabajadores inmigrantes

Aunque no se conoce la situación migratoria de quienes participan específicamente en el proyecto de la Casa Blanca, las cifras nacionales muestran la importancia de los inmigrantes para la construcción estadounidense.

El American Immigration Council calculó, con datos de 2022, que 1,544,600 trabajadores indocumentados laboraban en el sector, equivalentes al 13.7% de su fuerza laboral.

La organización estima que una deportación masiva podría retirar alrededor de 1.5 millones de trabajadores de la industria, con efectos también en agricultura, hostelería, manufactura y transporte.

Esos datos permiten dimensionar la presencia de la mano de obra inmigrante en la construcción, pero no pueden extrapolarse a quienes trabajan dentro de la Casa Blanca.

Mientras continúa el litigio sobre una de las mayores transformaciones del complejo presidencial en décadas, las obras avanzan con Trump pendiente de un proyecto que busca convertir en parte de su legado.

Y detrás de las barreras de seguridad, entre maquinaria, cascos y estructuras de concreto, EFE documentó una característica hasta ahora poco conocida de la construcción: entre algunos de los trabajadores que dan forma al nuevo Salón de Baile de la Casa Blanca, el español forma parte de la jornada cotidiana.

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