Ni ellos creen: trabajadores de Jaguar dudan de su futuro
El plan de convertir a Jaguar en una marca eléctrica de ultralujo ha despertado escepticismo entre sus propios distribuidores
Nueva imagen de Jaguar. Crédito: Jaguar. Crédito: Cortesía
Jaguar se prepara para ejecutar una de las transformaciones más radicales vistas en la industria automotriz en los últimos años. La histórica firma británica ha decidido abandonar por completo los motores de combustión y dejar atrás su tradicional competencia con marcas premium alemanas para reinventarse como un fabricante de vehículos eléctricos de ultralujo.
Lee también: El Chevrolet Equinox EV enfrenta retiro masivo por seguridad
La ambición es enorme, pero dentro de la propia red comercial de la marca comienzan a aflorar dudas profundas.
Puedes leer: ¿Toyota se apoya en Huawei y Xiaomi para su nuevo sedán?
Lejos de celebrarse de forma unánime, el nuevo rumbo ha generado inquietud entre varios concesionarios europeos, que observan con cautela una estrategia que rompe con décadas de posicionamiento y con el perfil de cliente que sostuvo a Jaguar durante generaciones. La incertidumbre no solo gira en torno al producto, sino al modelo económico que lo acompañará.
Según información recogida por Automobilwoche, algunos vendedores reconocen abiertamente que todavía no entienden cómo será rentable esta nueva etapa. Uno de ellos, que prefirió no revelar su identidad, lo expresó sin rodeos: “Si somos honestos, ahora mismo no existe un verdadero modelo de negocio para Jaguar”.
Aunque la mayoría de concesionarios ha firmado su continuidad con la marca, muchos admiten que su compromiso real dependerá de que la compañía detalle con mayor claridad cómo planea generar ingresos sostenibles en un segmento tan reducido y exigente.

Un salto al ultralujo con producción mínima
El plan estratégico de Jaguar pasa por reducir drásticamente su volumen de fabricación. La meta interna sería producir alrededor de 10,000 vehículos al año, una cifra extremadamente baja si se compara con su mejor momento reciente, cuando en 2018 alcanzó unas ventas globales cercanas a 181,500 unidades.
La lógica detrás de este recorte es reforzar la exclusividad y aumentar los márgenes por vehículo, acercándose a marcas como Bentley o incluso Rolls-Royce en términos de posicionamiento. Sin embargo, esta decisión implica renunciar deliberadamente al mercado masivo premium y apostar por un nicho muy limitado.
Bentley, tomada como referencia directa, logró vender poco más de 10,000 automóviles en 2024, pero lo hizo apoyándose en una clientela consolidada, una identidad de lujo clara y décadas de coherencia en su oferta. Jaguar, en cambio, asume que hasta el 85 % de sus clientes actuales no volverán a comprar un vehículo de la marca en esta nueva etapa, lo que obliga a conquistar compradores completamente nuevos.
Leasing, control del mercado usado y precios elevados
Otro elemento que despierta preocupación es la posibilidad de que Jaguar deje de vender sus automóviles de forma tradicional y apueste por ofrecerlos únicamente mediante contratos de leasing. Este sistema permitiría a la marca mantener el control sobre el mercado de segunda mano y proteger el valor residual de sus modelos, un factor clave en el sector del ultralujo.
Desde el punto de vista corporativo, la estrategia tiene sentido: menos depreciación, mayor control de la imagen de marca y flujos de ingresos más previsibles. No obstante, para muchos concesionarios supone perder parte de su autonomía comercial y asumir un riesgo adicional en un negocio que ya se enfrenta a márgenes ajustados en la era eléctrica.

A esto se suma el nivel de precios que se maneja internamente. Las estimaciones apuntan a que el acceso a la nueva gama podría situarse por encima de los $143,000 dólares, una barrera de entrada que deja fuera a una gran parte de los compradores tradicionales de Jaguar y reduce de forma drástica el tamaño del mercado potencial.
Entre el escepticismo y la esperanza
No toda la red comercial comparte una visión pesimista. Andreas Everschneider, presidente de la asociación alemana de concesionarios Jaguar Land Rover, ha reconocido públicamente que el relanzamiento representa una oportunidad única para revitalizar la marca y dotarla de una identidad más clara y exclusiva.
Sin embargo, incluso entre los más optimistas persisten preguntas fundamentales: cuántos clientes estarán dispuestos a pagar esas cifras por un Jaguar eléctrico, qué tan rápido se construirá una reputación creíble en el ultralujo y cómo reaccionará el mercado ante una gama compuesta exclusivamente por modelos de batería.

Otros distribuidores destacan que los prototipos presentados hasta ahora muestran un diseño rompedor, altos niveles tecnológicos y un enfoque muy diferente al pasado. Aun así, el interrogante sigue siendo el mismo en todos los mercados: quién será realmente el comprador del nuevo Jaguar.
El primer modelo de esta nueva etapa será un gran turismo eléctrico derivado del prototipo Jaguar Type 00, llamado a convertirse en el estandarte del renacimiento de la marca. No obstante, los retrasos en su presentación definitiva y la escasez de información técnica concreta han contribuido a alimentar la inquietud interna.
Seguir leyendo:
Con sorpresas: los eléctricos más vendidos en EE.UU. en 2025
Menos volumen, más valor: así es el nuevo rumbo de Porsche
El BMW más potente baja $25,000 dólares de golpe