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Llantas dañadas por el sol: cómo cuidarlas y qué hacer

El sol puede agrietar tus llantas y poner en riesgo tu seguridad. Aprende a detectarlo, prevenirlo y cuándo es momento de cambiarlas

Neumático de la Ford Bronco

Neumático de la Ford Bronco. Crédito: Ford. Crédito: Cortesía

A simple vista, las llantas pueden parecer en buen estado, pero el sol, silencioso y constante, las va deteriorando poco a poco.

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Ese desgaste no es solo estético. Cuando el caucho pierde sus propiedades, la seguridad entra en juego. Grietas, rigidez y pérdida de agarre son señales de alerta que no conviene ignorar si se quiere evitar un susto en carretera.

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Qué le hace realmente el sol a las llantas

El daño no ocurre de un día para otro, pero avanza sin pausa. La combinación de rayos ultravioleta, altas temperaturas y contaminación ambiental termina afectando la estructura del caucho.

Con el tiempo, los aceites naturales que mantienen flexible la llanta se evaporan. A eso se suma la acción de los rayos UV, que debilitan la composición interna del material. El resultado es un neumático más duro, menos elástico y con mayor tendencia a agrietarse.

Cuando esa degradación avanza, el riesgo aumenta. La llanta pierde capacidad de absorber impactos y puede fallar en situaciones exigentes.

Neumático del Mercedes CLA Shooting Brake
Neumático del Mercedes CLA Shooting Brake. Crédito: Mercedes.
Crédito: Cortesía

Factores que aceleran el desgaste

No todas las llantas envejecen igual. Hay condiciones que empeoran el problema y lo hacen aparecer antes de lo esperado.

Dejar el auto estacionado bajo el sol durante largos periodos es uno de los principales detonantes. El asfalto caliente también juega su parte, ya que transmite calor desde abajo y potencia el desgaste.

La falta de uso tampoco ayuda. Cuando el vehículo pasa mucho tiempo detenido, los compuestos internos del caucho no se distribuyen correctamente. A eso se suma una presión incorrecta, que genera más fricción y temperatura mientras se conduce. Todo esto combinado reduce notablemente la vida útil de las llantas.

Señales claras de que algo no va bien

Hay pistas que permiten detectar el problema antes de que sea demasiado tarde. Las grietas finas en los laterales o en la superficie de rodadura son una de las más evidentes.

También aparece un cambio de color. Ese negro intenso se vuelve opaco y grisáceo, acompañado de una textura más áspera. Aunque parezca algo menor, suele ser el primer aviso de que el material ya no está en condiciones óptimas.

Ignorar estas señales puede salir caro. Una llanta dañada tiene más probabilidades de perder aire o incluso reventar en movimiento.

Neumático del Lexus ES
Neumático del Lexus ES. Crédito: Lexus.
Crédito: Cortesía

Cómo prevenir el daño y mantenerlas en buen estado

La buena noticia es que hay formas simples de cuidar las llantas. Buscar sombra siempre que sea posible hace una diferencia enorme. Un garaje o incluso una cubierta ayudan a reducir la exposición directa al sol.

El mantenimiento también es clave. Existen productos protectores a base de agua que ayudan a conservar la humedad del caucho y ofrecen cierta protección frente a los rayos UV.

Usar el auto con regularidad también contribuye a mantener las llantas en mejores condiciones. Además, revisar la presión de aire de forma periódica evita esfuerzos innecesarios en la estructura del neumático.

¿Se pueden recuperar unas llantas resecas?

Aquí conviene ser directo. Muchos productos prometen devolverles la vida a las llantas agrietadas, pero en la práctica solo mejoran el aspecto visual.

Esos tratamientos pueden oscurecer el caucho y disimular las grietas, pero no reparan el daño interno. La estructura sigue debilitada y el riesgo permanece. Cuando el deterioro es evidente, no hay solución real que garantice seguridad.

Neumático del Kia Sportage 2025
Neumático del Kia Sportage 2025. Crédito: Kia.
Crédito: Cortesía

El momento ideal para cambiarlas

Si las grietas son profundas o se extienden por varias zonas, lo más recomendable es reemplazar las llantas. Puede parecer un gasto innecesario, pero es una inversión en seguridad.

Elegir neumáticos de buena calidad y mantener hábitos de cuidado puede marcar la diferencia en su duración. Al final, lo importante no es solo que se vean bien, sino que respondan cuando más se las necesita.

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