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Una sola sesión de terapia puede marcar la diferencia, con la mentalidad adecuada

Costos elevados de terapia convencional, así como falta de tiempo para sesiones semanales, contribuyen a la búsqueda de enfoques más directos y accesibles

Una sola sesión de terapia puede marcar la diferencia, con la mentalidad adecuada

Terapia de atención de salud mental, psicólogo asesorando a paciente con ansiedad.  Crédito: Pormezz | Shutterstock

La terapia de sesión única ha ganado popularidad como alternativa a la terapia tradicional. Este método se centra en ayudar a los clientes a manejar problemas específicos en un solo encuentro, proporcionando herramientas concretas para afrontar sus dificultades.

Aunque la terapia de sesión única no es un concepto nuevo, su relevancia ha crecido. Especialistas como Jessica Schleider, profesora de psicología de la Universidad Northwestern y directora fundadora del Laboratorio para la Salud Mental Escalable, destacan la creciente necesidad de acceso a la atención de salud mental, especialmente ante los altos costos y las largas listas de espera en la terapia tradicional.

Los costos elevados de la terapia convencional y otros obstáculos, como la falta de tiempo para asistir a sesiones semanales, han contribuido a la búsqueda de enfoques más directos y accesibles.

Diferencias con la terapia tradicional

A diferencia de la terapia convencional, la terapia de sesión única se enfoca en un problema específico y no lleva a cabo evaluaciones exhaustivas del pasado del cliente. El resultado es un plan escrito de pasos a seguir que ayuda a mitigar el problema inmediato.

El terapeuta y el cliente trabajan juntos en la sesión, permitiendo que el cliente aborde lo que considera más relevante en ese momento.

Associated Press (AP) pone como ejemplo el caso de Julie Hart, una paciente que justo antes de las fiestas de 2025 se sentía estancada. Un problema persistente con el que había lidiado durante años la hacía rumiar todo el día y cuestionar casi todo lo que había dicho, hecho o podría hacer.

Estaba considerando la terapia tradicional, pero decidió probar la terapia individual. Así, en lugar de comprometerse con sesiones semanales, dispondría de solo 60 minutos para abordar el problema; y le funcionó.

“Me ayudó a salir del estancamiento de una manera positiva, significativa y eficaz”, dijo la paciente de Springfield, Virginia.

¿Quién se beneficia de la terapia de sesión única?

Aunque no es algo nuevo, pues hasta Sigmund Freud ya lo había propuesto, este enfoque es útil para una amplia variedad de personas, desde quienes enfrentan problemas laborales hasta aquellos que lidian con ansiedad.

Mientras tanto, se enfatiza la necesidad de screening para la evaluación de riesgos, especialmente en casos de problemas de salud mental crónicos.

La terapia de sesión única puede atraer a personas escépticas sobre la terapia tradicional, permitiéndoles explorar su bienestar mental sin un compromiso a largo plazo.

Evidencia científica

Investigaciones recientes indican que este método puede ser efectivo, mostrando reducciones significativas en problemas de salud mental como la depresión y la ansiedad en numerosos casos.

La experiencia de individuos como Julie Hart respalda la efectividad de este enfoque, dejándolos con una sensación de optimismo y capacidad para enfrentar sus problemas.

Habilidades y herramientas que se enseñan

En una sesión de terapia (sea única o parte de un proceso más largo) el terapeuta suele enseñar habilidades prácticas y herramientas psicoeducativas que el cliente puede usar después en su vida diaria. No se trata solo de “hablar de problemas”, sino de aprender maneras concretas de manejarlos.

Habilidades emocionales básicas

  • Regulación emocional: identificar qué emociones se están sintiendo, nombrarlas y usar estrategias simples para calmar la ansiedad o la irritación (por ejemplo, respiración lenta, pausas, distracción sana).
  • Reconocimiento de patrones: observar cómo ciertos pensamientos o situaciones desencadenan reacciones automáticas (por ejemplo, “cuando me critican, me bloqueo”) para poder intervenir antes de que se desborden.

Habilidades cognitivas y de autoconocimiento

  • Identificación de pensamientos automáticos: aprende a detectar ideas recurrentes (“soy un fracaso”, “nadie me va a entender”) y a cuestionar si son realmente ciertas o útiles.
  • Formulación de alternativas: el terapeuta guía para construir versiones más equilibradas de esos pensamientos (“no salió bien, pero puedo aprender algo”) y evaluar sus consecuencias.

Habilidades de comunicación y relaciones

  • Comunicación asertiva básica: práctica de cómo expresar necesidades, límites o incomodidades sin agresividad ni pasividad (“me siento…” frente a “tú siempre…”).
  • Lectura de señales interpersonales: reconocer cómo se siente en ciertas relaciones (miedo, culpa, sobreexigencia) y cómo sus propias reacciones influyen en el tipo de interacción que se repite.

Herramientas prácticas y de autocuidado

  • Estrategias de manejo de estrés: ejercicios breves de respiración, pausas estructuradas, listas de actividades que bajan la tensión (caminar, escuchar música, escribir).
  • Tareas o “ejercicios” para después de la sesión: quizá anotar emociones durante el día, registrar pensamientos negativos y replantearlos, o probar una nueva forma de responder en una situación específica.

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