Julián Quiñones, la onza que mueve a todo México
Con sus tres goles en la Copa del Mundo, el delantero cambió la narrativa de los jugadores no nacidos en México
Julián Quiñones es lanzado por todo lo alto por sus compañeros de la selección mexicana luego de otra actuación destacada en el Mundial 2026. Crédito: Eduardo Verdugo | AP
CIUDAD DE MÉXICO – A principios del 2026, Julián Quiñones era el jugador más discutido de la selección de México, sobre todo por su limitado rendimiento con la playera nacional y más aún por lo que parecía un exilio futbolístico en el fútbol de Arabia Saudita, pero en seis meses y medio ha transformado las críticas en halagos en la Copa del Mundo de la FIFA.
Su rendimiento lo ha convertido en la onza que ha movido a todo un país, esperanzado en que su selección por primera ocasión cambie la historia en una justa mundialista. Los hechos le favorecen: tres goles en cuatro partidos para colocarse a uno solo de Luis “Matador” Hernández, quien en Francia 1998 logró cuatro anotaciones, la aún vigente marca para un seleccionado mexicano en un Mundial.
De hecho, ayer se convirtió en el quinto mejor goleador de México en los Mundiales. La lista la encabezan con cuatro dianas Hernández y Javier ‘Chicharito’ Hernández. Quiñones igualó con los tres que ha firmado a Cuauhtémoc Blanco y Rafael Márquez, quien en la actualidad es auxiliar del técnico Javier Aguirre.
Quiñones ha cambiado la narrativa de que en México no son bien vistos los jugadores naturalizados. El nacido Magüí Payán, departamento de Nariño, a 675 kilómetros de Bogotá, capital de Colombia, encontró finalmente la oportunidad para verter toda la experiencia adquirida en el fútbol de México desde hace 11 años, cuando ni siquiera tenía la mayoría de edad y se lanzó a la aventura al aceptar una oferta de los Tigres para sumarse a sus fuerzas básicas.
La apuesta le dio la razón y después de una trayectoria de fue de menos a más con los felinos, el Atlas, América y el Al-Qadsiah de Arabia Saudita, hoy presume su mejor momento futbolístico con los goles contra Sudáfrica, Chequia y Ecuador, que lo convierten en el mejor jugador naturalizado de la historia de la selección de México.
“Aunque no estemos jugando en Europa, no quiere decir que no trabajamos al ciento por ciento para la selección. El trabajo, la unión y la familia son las principales razones del éxito”, dijo Quiñones anoche tras el triunfo del Tri sobre Ecuador en los dieciseisavos de final.
Quiñones se desmarcó de los otros 18 naturalizados que han vestido la camiseta de la selección mexicana y que se reparten de la siguiente manera: 10 argentinos (Gabriel Caballero, Guillermo Franco, Matías Vuoso, Rogelio Funes Mori y Germán Berterame, entre otros); cuatro españoles (Carlos Blanco, José López Herranz y Álvaro Fidalgo, los más notables); dos brasileños (Antonio Naelson ‘Sinha’ y Leandro Augusto); un cubano (Jorge Romo); un peruano (Julio Lores, el primer naturalizado en jugar para México, en 1935), y un colombiano: Quiñones.
Quizá lo más cercano al éxito en un Mundial fue en el 2006, cuando ‘Sinha’ tuvo chispazos de su calidad contra Irán y posteriormente contra Argentina, cuando México quedó eliminado tras un golazo de Maxi Rodríguez en tiempo extra.
El rendimiento de Quiñones
El éxito de Julián Quiñones en la selección de México en este Mundial en parte es gracias a que el técnico Javier Aguirre le encontró la posición ideal de mediapunta por izquierda, tirándose hacia el centro del área, pero sin guardar una posición fija en esa zona.
Es decir que su funcionamiento ha sido flexible: llega de atrás y aprovecha su poderoso disparo de media distancia para establecer la diferencia en tres encuentros de México, que lo tienen convertido en la actual figura del Tri.
El resto de los naturalizados ha tenido que lidiar con el exceso de críticas y cuestionamientos que inclusive han traspasado el ámbito deportivo y han afectado su vida personal, como es el caso de Guillermo Franco, quien durante el Mundial 2010 vio cómo un grupo de aficionados trató de agredir a su esposa en los palcos del estadio en el que México fue eliminado por Argentina.
Hoy Quiñones ha transformado esos cuestionamientos para los naturalizados en elogios y goles, esos que la afición mexicana quiere seguir cantando y celebrando en las calles de todo el país.
“Yo no callo bocas. Si cuando criticaban no dije nada, ahora no voy a decirlo“, agregó Quiñones.
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