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La escritora Isabel Allende habla de las luchas de los inmigrantes en su novela “El Viento Conoce Mi Nombre”

"El Viento Conoce Mi Nombre", la más reciente novela de Isabel Allende. La escritora narra la historia de dolor, sufrimiento, desarraigo y amor de dos niños inmigrantes que tienen que emprender un viaje completamente solos a muy temprana edad en distintos años. En esta entrevista exclusiva contó sobre sus lugares comunes con "Samuel" y "Anita"

Isabel Allende, escritora chilena, en Holanda en 2010.

Isabel Allende, escritora chilena, en Holanda en 2010.  Crédito: Koen van Weel. | Getty Images

Esto del empoderamiento femenino de los últimos años hace que muchos pensemos en todas esas mujeres que han sido pioneras en su área. Mujeres latinas, además inmigrantes. Mismas que a pesar de las rudas historias de vida que llevan acuestas, lograron salir adelante. Isabel Allende es un gran ejemplo de esto. Está estrenando su más reciente novela: “El Viento conoce Mi Nombre”. Una historia de dos niños inmigrantes en diferentes épocas.

El Viento Conoce Mi Nombre, la más reciente novela de Isabel Allende. Imagen cortesía de Penguin Random House Grupo Editorial.
Crédito: Penguin Random House. | Cortesía

En una entrevista exclusiva con La Opinión, la escritora nacida en Perú, criada en Chile y exiliada luego en Venezuela narra la historia de Samuel Adler en la Viena de 1938. Para escapar de la guerra y tener algún vestigio de oportunidad de vida, su madre lo deja en un tren solo con su violín y sus escasos 6 años. Edad a la que llega a Inglaterra como un niño inmigrante.

Por otro lado, la escritora radicada actualmente en California, también narra la historia de Anita Díaz. Misma que huye de la violencia de El Salvador a los 7 años. Junto a su madre, llega a los Estados Unidos y enfrentan las políticas migratorias reinantes para 2019. Mamá e hija son separadas en la frontera. Para sobrevivir, la niña inventa un mundo llamado Azabahar. Aquí Isabel Allende vuelve a poner de pie su buen dominio del realismo mágico.

No sin tocar de un drama que toca a muchos en un momento clave donde, una vez más, las políticas gubernamentales de Estados Unidos, vuelven a expulsar migrantes dejando por separados a muchos niños de sus padres. El dolor, el no sentido de pertenencia, la soledad, la esperanza, el amor y las manos amigas que se encuentran en el camino los migrantes, se ven reflejados a lo largo de toda la narrativa del libro “El Viento Conoce Mi Nombre”.

Isabel Allende también fue marcada de niña por la inmigración

Como muchos sabemos, la dictadura de Salvador Allende fue un punto de quiebre importante en la vida de la escritora. Después de eso han sido muchos los lugares a los que ha llamado hogar. Justo de eso y de cómo reflejan sus propias vivencias como niña inmigrante (estatus que la ha acompañado a lo largo de su vida), lo que respondió en esta entrevista.

¿El vivir en California, la cercanía con la frontera y las miles de historias desgarradoras de niños inmigrantes que aquí se dan, la inspiró o animó de alguna manera a escribir esta novela?
Gracias a mi Fundación, que entre otras cosas trabaja con organizaciones y programas que ayudan a refugiados y migrantes, he conocido de cerca muchas historias trágicas. El personaje de Anita en la novela fue inspirado por el caso de una niñita ciega que fue separada de su madre.

Además de la imaginación, ¿de qué otras herramientas personales sobrevive un inmigrante?
Los inmigrantes que salen adelante son aquellos que miran hacia el futuro y se adaptan, aprenden el idioma y las costumbres del nuevo país, están dispuestos a trabajar el doble que cualquier ciudadano por la mitad de la paga y se resignan a vivir con inseguridad, pobreza, humillaciones y explotación, siempre con la esperanza de que la situación mejore en un futuro cercano. Saben que, a pesar de las dificultades, están mejor que en su tierra de origen.

Es un libro que toca un tema que se mantiene en el tapete en los EE. UU., como bien lo habla. Específicamente en Florida se promulgó una ley por la que se han expulsado cerca de 2 millones de inmigrantes. Para Isabel Allende, ¿qué características tendría el Azabahar de un dreamer?
Lo primero que sueña un dreamer es tener la seguridad de que no será deportado y para eso necesita una situación legal. También sueña con progresar, ya sea mediante el trabajo o los estudios. En muchos casos aspira a tener su propia familia y volver a ver a la gente que quedó lejos.

En una entrevista dijo que no sabe si pondría a un hijo en un tren para que pueda tener una posibilidad de sobrevivir. Si el hijo no fuese suyo, sino de una amiga muy querida, como madre, ¿qué le aconsejaría?
Jamás me atrevería a dar un consejo de esa clase. La decisión es absolutamente personal y depende de cada caso. Me parte el corazón pensar en las madres de Centro América que se ven forzadas a mandar a sus hijos solos a los Estados Unidos, con los riesgos inmensos que eso implica, para salvarlos de las maras o de la extrema pobreza. Eso es lo que tuvieron que hacer muchas familias judías: separarse de sus niños para salvarlos de los nazis. La historia se repite.

A nivel personal, ¿Isabel Allende recurrió a la imaginación para salvarse de realidades profundamente dolorosas, además del hecho de emigrar?
La imaginación me sirve para escribir novelas y supongo que en el proceso de la escritura logro superar las experiencias más dolorosas. Así me sucedió con el exilio, los divorcios, las pérdidas de muchas y sobre todo, con la trágica muerte de mi hija Paula. La escritura me salvó en esos momentos.

Tiene 80 años y su exitosa novela “La Casa de Los Espíritus” sigue reeditándose ahora de manera conmemorativa. ¿Se imaginó este mismo momento cuando la lanzó? ¿Hasta qué punto?
Cuando escribí mi primera novela no tenía ninguna ambición ni esperanza de que fuera publicada. Agradecí con toda el alma que una agente en España, Carmen Balcells, aceptara leerla. El éxito inmediato del libro y todo lo que vino después fue sorprendente para mí y para todos los que tuvieron algo que ver con la publicación. Cada uno de los elogios y premios que la novela ha acumulado en estos cuarenta años han sido un regalo del cielo. Nunca esperé que esto me iba a ocurrir. La Casa de los Espíritus me cambió la vida, me dio una voz y un propósito, pavimentó el camino para todos los libros que he escrito desde entonces.

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