Hermanas del este de Los Ángeles honran a su padre con su tradicional barbacoa
Las jóvenes atienden su negocio de viernes a domingo
Cuatro de seis hermanas Flores, en su restaurante de casa, en donde sirven su especialidad: platillos de barbacoa y otras comidas mexicanas. Crédito: Janette Villafana | Impremedia
Estas seis hermanas originarias de Santa María Coapan, México, están cumpliendo el sueño de su padre al seguir su legado de servir uno de los mejores platillos de barbacoa de borrego y chivo en el este de Los Ángeles.
“Él siempre nos dijo que quería que nosotros siguiéramos la tradición iniciada por su padre (nuestro abuelo) y sus hermanos”, dijo Ana Flores, una de las seis hermanas que ahora dirigen el negocio llamado Barbacoa Las Flores. “Y gracias a Dios aquí estamos”.
Casi todos los recuerdos que Ana y sus hermanas tienen de su padre comienzan con ellas rodeando un pozo lleno de leña, con libras de rica barbacoa de borrego cocinándose bajo tierra. Ahora, como adultas, ya son expertas en la cocina, ¿y cómo no? Si desde los 8 años las hermanas Flores aprendieron todo lo necesario para preparar la receta de su padre, Saúl Delfino Flores Abril, quien ya falleció.
En las fotos que compartieron con La Opinión se puede observar cómo las chicas, que entonces eran solo unas niñas, rodean a su papá en la mesa mientras él corta la carne tras sacarla de la olla. Los ojos de las pequeñas viendo con precisión cada paso que da.

“Teníamos que prestar atención”, dicen Ana y su hermana Soledad, riéndose al recordar esos momentos. “Porque si no, nos daba una regañada, porque él decía que esto era lo que nos iba a dejar de herencia, y le damos gracias por todo eso porque nos hizo bastante fuertes”.
Ana dice que, cuando eran jóvenes, realmente no querían ser parte del negocio, ya que veían cuánto trabajo se requería para emprender un negocio que no solo tuviera buena comida, sino también buen servicio.
“Con los años, vemos cómo él nos venía educando y preparando para la vida, porque la vida puede ser tan bonita, pero también dura”, dijo Soledad. “Gracias a Dios, nos enseñó a hacer todo esto, como tenerle, cariño, amor y dedicación a este trabajo”.

Ana dice que actualmente, de lunes a jueves, ellas trabajan en una compañía de construcción y demolición y, de viernes a domingo, en su restaurante en casa. Dice que, después de la pandemia, sus trabajos en la compañía de construcción empezaron a disminuir y fue en ese momento, hace tres años, cuando se les vino a la mente la idea de reiniciar el negocio de su padre.
Empezaron preparando barbacoa para su familia y amigos y, con el tiempo, empezaron a venderla en el jardín de su casa, con una sola mesa y una sola olla. Ahora tienen un pequeño restaurante que se extiende desde el jardín principal hasta el fondo.
Cuando empezaron, dijo que regalaban un taco de barbacoa como promoción y como prueba de que la comida sí estaba buena.
“Les dije a mis hermanas que sí vamos a perder dinero, pero vas a ver que con el tiempo se nos va a regresar; es nomás para atraer a la gente e impulsarlos a probar la barbacoa”, dijo Ana. “Ya probando vas a ver que regresan, les decía”.
Cada una de ellas desempeña una función diferente: Dora se encarga de comprar los productos, Soledad es la cocinera principal y Ana prepara todas las salsas y deja la carne lista para su hermana, además de asegurarse de que todo salga bien el día de la venta. Sus otras hermanas también ayudan a preparar las tortillas hechas a mano o a atender a los clientes. Ana comenta que la única hermana que tienen en México también forma parte de la función, ya que ella les mandó todas los especias y condimentos desde México.
Dora, otra de las hermanas presentes, dice que la esencia de su papá está en cada toque que le dan a su comida, ya sea la barbacoa u otros platillos.
“Él tenía ese sueño de que todas las hermanas nos dedicáramos a esto, pero decíamos que no porque es mucho trabajo; pero ahora que lo hacemos, no lo cambiaríamos por nada”, agregó Dora.



Y, sin duda, todos esos años de aprendizaje las ayudaron a perfeccionar la receta de su padre. La barbacoa les sale tan rica que tienes que llegar temprano si quieres probarla, porque Ana dice que para las 9:30 de la mañana, o como muy tarde a las 10, la barbacoa ya se termina por completo.
Ese sábado, al llegar, ya se había acabado toda la barbacoa; solo quedaban el rico consome y las otras comidas, que son igual de deliciosas. Pero cada cliente que entraba, ya fuera nuevo o regular, preguntaba por la barbacoa. Y aunque a veces no alcanzan, muchos se quedan para probar el resto de los platillos que ofrecen. Ese sábado, familias llegaban al local para celebrar graduaciones con su comida; parejas y nuevos clientes acudían a su hogar para satisfacer sus antojos.

“Como todo dueño, creo que nuestra parte favorita es cuando los clientes nos dicen que les gusta, que les recuerda a su país, a un familiar que ya no está, que está rica, y que siguen regresando; eso nos llena de satisfacción”, dijo Ana. “Ellos nos hacen a nosotros; sin ellos, no estaríamos aquí”.
Rogelio, un cliente que llegó alrededor de las 10:30 a.m., vino con su familia desde Garden Grove. Llegaron después de ver la barbacoa de Las Flores en TikTok. Aunque no alcanzó a probar la barbacoa, sí pudo comer adobo de chivo y otros platillos.
“Sí, tienen su propio toque y sabor distintos a los de otras comidas mexicanas que he probado”, dijo mientras se acababa todo lo que había en su platillo. “Pero vamos a regresar porque le tenemos ganas a la barbacoa; por lo menos ya sabemos que el resto de la comida está igual de buena”.


Las hermanas dicen que construyeron un pozo especial para cocinar el borrego. Usualmente se levantan temprano para cocinar el borrego y el chivo en el pozo, cubriéndolos con pencas de maguey y hoja de aguacate. Cocinándose por horas a fuego lento. Y su consomé lleva garbanzos, ejote, zanahoria, cilantro y otros ingredientes que las hermanas se aseguran de no compartir para no dar su receta familiar.
“Él sí nos dijo que jamás vendiéramos la receta”, dijo Dora. “Nos dijo: ‘Nunca en su vida den la receta’; esa se quedó y viví solo entre nosotras, las hermanas”.
Las hermanas tienen un sueño de abrir no solo un restaurante permanente, sino que cada una de ellas tenga su propio local algún día. Ahorita dicen que durante la semana todavía trabajan en sus obras de construcción y que dedican sus fines de semana a la cocina.

Dicen que, aunque está bien visitarlas los viernes y sábados, recomiendan ir un domingo, cuando su menú está más completo y ofrece otros platillos tradicionales: adobo de carnero, memelitas, carnitas, cochinita pibil, menudo, mole y adobo de chivo y camarón, chapulines y su famosa agua de coco.
Por ahora, estas mujeres luchonas simplemente están felices de poder compartir su receta, que abarca tres generaciones, con su comunidad del este de Los Ángeles y con otras comunidades, ya que la gente los visita desde San Francisco y de otros lugares no cercanos.
“Estamos orgullosas, más que nada por nuestros papás, por poder llevar el apellido en alto y seguir su legado y sabor”, dijo Ana. “En cierta manera ellos viven en nuestro corazón, en nuestra mente y en este platillo.”
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