¿Qué tan saludable es elevar artificialmente la testosterona? La apuesta de la administración Trump divide a la comunidad médica
Esta decisión se suma a un paso previo: en febrero de 2025 la FDA ya había retirado la llamada "advertencia de recuadro negro" sobre riesgo cardiovascular
Suplemento de testosterona en forma de píldoras blancas. Crédito: Art-0 | Shutterstock
Durante el llamado “Mes de la Salud Masculina”, el Departamento de Salud y Servicios Humanos de Estados Unidos (HHS) anunció el 18 de junio de 2026 una medida que promete redefinir el acceso a la terapia de reemplazo de testosterona (TRT) para millones de hombres: solicitó a los laboratorios farmacéuticos reescribir las etiquetas de advertencia que han acompañado a estos medicamentos durante más de una década.
¿Qué es lo que cambia exactamente?
La Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA), brazo regulador del Departamento de Salud y Servicios Humanos de EE. UU. (HHS), pidió tres modificaciones concretas a la información de prescripción de la testosterona:
- Eliminar la advertencia que señala que la seguridad y eficacia de la TRT no han sido establecidas en hombres cuyos niveles hormonales descienden por el simple efecto del envejecimiento.
- Actualizar la información sobre el riesgo de cáncer de próstata, restringiendo la contraindicación únicamente a los casos de cáncer de próstata metastásico, en lugar de aplicarla a cualquier sospecha de la enfermedad.
- Revisar las advertencias sobre hiperplasia prostática benigna (agrandamiento no canceroso de la próstata), ya que la evidencia disponible no mostró empeoramiento de síntomas en casos leves o moderados.
Esta decisión se suma a un paso previo: en febrero de 2025 la FDA ya había retirado la llamada “advertencia de recuadro negro” sobre riesgo cardiovascular, aunque en ese momento mantuvo la limitación relacionada con la edad.
Respaldo científico invocado
El fundamento central de la medida es el ensayo clínico TRAVERSE, publicado en 2023 en The New England Journal of Medicine, que siguió a más de 5,200 hombres de entre 45 y 80 años con enfermedad cardíaca o alto riesgo de padecerla. El estudio, diseñado específicamente para evaluar el riesgo cardiovascular, no encontró un aumento significativo de eventos adversos mayores —como infartos o accidentes cerebrovasculares— entre quienes usaron testosterona frente a quienes recibieron un placebo.
Sin embargo, el propio ensayo no estuvo exento de señales de alerta: los participantes tratados con testosterona registraron una mayor incidencia de arritmias no fatales, entre ellas la fibrilación auricular, un reconocido factor de riesgo de accidente cerebrovascular, además de casos de embolia pulmonar.
El secretario del HHS, Robert F. Kennedy Jr. —quien se ha declarado públicamente usuario de testosterona—, presentó el anuncio como una corrección basada en evidencia: “Durante el Mes de la Salud Masculina, estamos devolviendo la ciencia al centro de la atención médica de los hombres”, afirmó en el comunicado oficial. Desde la FDA, su director en funciones del Centro de Evaluación e Investigación de Medicamentos, Michael Davis, sostuvo que la responsabilidad de la agencia es mantener la información de prescripción alineada con la evidencia científica disponible.

Una industria en expansión
El anuncio no ocurre en el vacío. La testosterona ha dejado de ser un tratamiento médico de nicho para convertirse en un producto de bienestar promocionado por figuras públicas —entre ellas el propio Kennedy y el presentador de pódcast Joe Rogan— y comercializado a gran escala por empresas de telesalud. Hims & Hers, una de las plataformas más grandes del sector, anunció en septiembre de 2025 su expansión hacia tratamientos de testosterona, incluyendo un acuerdo exclusivo para ofrecer una cápsula oral, con paquetes que arrancan cerca de los $600 dólares por un tratamiento trimestral, análisis de sangre a domicilio y consultas mayormente asincrónicas.
Ese contexto comercial alimenta buena parte del debate: mientras el mercado del “bienestar hormonal” crece, los reguladores intentan trazar la línea entre una terapia médica legítima y una moda de consumo masivo.
Beneficios documentados, pero con matices
Especialistas consultados por distintos medios coinciden en que la TRT puede mejorar el deseo sexual, aumentar la masa muscular, reducir la grasa corporal y estabilizar el ánimo y los niveles de energía en hombres con hipogonadismo diagnosticado —una condición que, según estimaciones citadas en la cobertura periodística, afecta a cerca del 35% de los hombres mayores de 45 años—. Los niveles de testosterona comienzan a descender de forma natural a partir de los 35 años, y el exceso de grasa corporal puede acelerar esa caída, generando un círculo que dificulta aún más la pérdida de peso.
No obstante, médicos como el urólogo Jamin Brahmbhatt, del sistema de salud Orlando Health, advierten que retirar una advertencia de la etiqueta no equivale a recomendar el tratamiento a cualquier hombre: la testosterona sigue siendo una terapia médica, no un producto de bienestar de venta libre, y su prescripción debería requerir diagnóstico clínico confirmado y monitoreo continuo de marcadores como el hematocrito y el antígeno prostático específico.
Las dudas persisten
El propio HHS reconoce en su comunicado que “persisten incertidumbres importantes”, ya que el cáncer de próstata puede tardar años en desarrollarse y los estudios disponibles podrían no haber seguido a los pacientes el tiempo suficiente para detectar efectos a largo plazo. Por eso, incluso bajo las nuevas etiquetas propuestas, se recomendaría mantener la evaluación de riesgo, el tamizaje previo al tratamiento y el seguimiento médico durante toda la terapia.
Esta no es la primera vez que la administración actual flexibiliza restricciones sobre terapias hormonales: el año pasado impulsó una medida similar respecto a la terapia hormonal para la menopausia, cuando la FDA retiró advertencias de recuadro negro de esos productos.
Un debate abierto
Hasta el momento, los cambios propuestos por la FDA no se han implementado de manera oficial; se trata de una solicitud a los fabricantes para modificar el etiquetado, un proceso que aún debe completarse. Mientras tanto, la comunidad médica permanece dividida entre quienes celebran una actualización largamente esperada, alineada con la evidencia más reciente, y quienes temen que la eliminación de advertencias abra la puerta a un uso indiscriminado de una terapia que, pese a los datos tranquilizadores del ensayo TRAVERSE, no está libre de riesgos.
La pregunta de fondo —qué tan saludable es, en términos reales, elevar artificialmente los niveles de testosterona en hombres— no tiene todavía una respuesta unívoca. Lo que sí parece claro es que, en Estados Unidos, esa respuesta empezará a definirse no solo en los laboratorios, sino también en el terreno regulatorio y comercial.
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