¿Se acerca el fin de Xbox Game Pass o Asha Sharma logrará salvarlo?
Entre despidos masivos, venta de estudios y ajustes de precio, Xbox intenta salvar a Game Pass sin perder su gran apuesta contra PlayStation.
Asha Sharma tiene como misión encontrar la manera de que Game Pass sea viable a largo plazo y genere beneficios Crédito: Shutterstock
Xbox Game Pass vive uno de sus momentos más delicados desde su lanzamiento hace ocho años, y la pregunta que ronda a toda la industria es si el servicio podrá sobrevivir a su propio peso.
La nueva CEO de Xbox, Asha Sharma, heredó un negocio que nunca terminó de despegar como se prometió, y ahora enfrenta la tarea de reinventarlo sin matar la gallina de los huevos de oro que representa el catálogo de juegos de Microsoft.
Sharma reconoce que el modelo no funciona
En un memo interno enviado a los empleados de Xbox, Sharma fue bastante honesta al admitir que Game Pass “se ha vuelto demasiado caro para los jugadores” tras las subidas de precio de los últimos dos años. La ejecutiva no se guardó nada y reconoció que “el modelo actual no es el definitivo”, dejando entrever que se vienen cambios de fondo tanto en precios como en la forma en que se relaciona el servicio con el catálogo de juegos.
Como parte de ese giro, Sharma decidió dar marcha atrás de forma parcial al último incremento de precios de las membresías Ultimate, una jugada pensada para recuperar a suscriptores descontentos y, de paso, tentar a nuevos usuarios que veían el servicio como poco atractivo frente a su costo.
El movimiento no fue gratuito, ya que a cambio Xbox aceptó que los próximos títulos de Call of Duty ya no lleguen al servicio el mismo día de su estreno, un cambio que marca un quiebre importante en la filosofía original de Game Pass.
Mike Brown pone el dedo en la llaga
Las palabras de Sharma coinciden con lo que ya venían advirtiendo voces dentro de la propia industria del gaming. Mike Brown, ex director de Forza Horizon 5 en Playground Games, habló sin filtros en una entrevista con el canal MinnMax sobre la realidad financiera del servicio. Según Brown, quien ahora lidera el desarrollo del juego Clutch en el estudio Maverick Games, el problema de fondo es que Game Pass nunca logró sumar la cantidad de suscriptores necesaria a los precios que hacían falta para que el negocio fuera rentable.
El director fue especialmente crudo al describir las consecuencias de esa apuesta fallida. Explicó que Microsoft invirtió una fortuna en la idea, lo que llevó a comprar estudios, financiar proyectos y crear empleos con la expectativa de alimentar el catálogo de forma constante, pero la realidad terminó mostrando que los números simplemente no cerraban. Brown incluso calificó la situación como “triste”, señalando que los cierres de estudios, la reasignación de equipos y los despidos son consecuencia directa de una iniciativa que, aunque bien intencionada y centrada en los jugadores, no consiguió atraer al público suficiente. Otro análisis de la industria confirma que Game Pass ronda los 30 millones de suscriptores, una cifra lejana de la meta de 100 millones que alguna vez soñó Xbox y que hace prácticamente imposible que el servicio alcance la escala necesaria para ser realmente lucrativo.
Despidos, ventas de estudios y un panorama incierto
El telón de fondo de toda esta crisis se completa con el anuncio de Microsoft de despedir a casi 3,200 empleados y con la venta de algunos de los estudios que Xbox había comprado durante los últimos años en su carrera por engordar el catálogo de Game Pass. Esa combinación de recortes, ventas y ajustes de precio deja claro que la estrategia de crecimiento agresivo que caracterizó a Xbox durante casi una década llegó a un punto de quiebre. Aun con todo esto, Brown mantiene una postura curiosamente optimista sobre la idea original detrás del servicio, ya que considera que Game Pass sí puede funcionar si se ofrece a precios razonables, porque permitió financiar juegos que probablemente nunca habrían existido sin ese respaldo.
Sharma, por su parte, ha insistido en que el objetivo ahora es lograr que más jugadores valoren el servicio, permanezcan suscritos por más tiempo y estén satisfechos con lo que reciben, en lugar de seguir apostando únicamente por el crecimiento a toda costa. La gran incógnita es si estos ajustes llegan a tiempo para frenar la sangría o si Game Pass, tal como lo conocimos, ya está condenado a transformarse en algo completamente distinto en los próximos años.
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