Crece la demanda de los medicamento para perder peso

Expertos médicos analizan las consecuencias no deseadas a corto y largo plazo en el desarrollo físico y el envejecimiento muscular y óseo

Las inyecciones para perder peso han ganado mucha popularidad.

Las inyecciones para perder peso han ganado mucha popularidad.  Crédito: AP

Jasmyne Cannick, una residente de Los Ángeles de 48 años, empezó a tomar Ozempic hace cinco años, por recomendación de un médico cuando estaba a punto de ser diagnosticada con diabetes; y no quería someterse a una cirugía bariátrica, pero tampoco acabar como algunos de sus familiares con amputaciones y condiciones horribles de salud en su vejez. 

“Pesaba unas 250 libras, mido 5.6 y mi salud no era la mejor. En ese momento ni siquiera sabía que Ozempic se convertiría en lo que es ahora. Cuando empecé pagaba unos 25 dólares al mes; y con una nueva administración en la Casa Blanca pasé a pagar $800 al mes”, dijo Cannick durante la videoconferencia: “Más allá de la pérdida de peso: un análisis de las promesas y los riesgos de los fármacos GLP-1 a lo largo de la vida”, organizado por American Community Media (ACoM). 

La creciente popularidad de los medicamentos GLP-1 como Ozempic, Wegovy, Mounjaro y Zepbound ha transformado el tratamiento de la obesidad y la diabetes tipo 2 con 29 millones de adultos tomándolos, mientras que los precios por las recetas pediátricas de estos farmacos se han disparado un 700%. 

Las dificultades de perder peso 

La doctora Jenna Shaw Tronieri, investigadora principal del Centro para Trastornos de Peso y la Alimentación de la Facultad de Medicina Perelman de la Universidad de Pensilvania, dijo que bajar de peso para mejorar la salud, mediante cambios en el estilo de vida, como la dieta y el ejercicio, resulta bastante difícil y requiere un gran esfuerzo. 

“La biología del cuerpo no está diseñada para ayudar a perder peso, y está mucho mejor preparada para prevenir la inanición”.  

Por eso, dijo que con medicamentos para la obesidad GLP, la idea es reducir el esfuerzo necesario para perder peso modificando algunas de esas señales biológicas, en lo que respecta al hambre. 

“En lugar de controlar meticulosamente cada caloría o esforzarse por saciarse con alimentos bajos en calorías mientras aún sienten ganas de comer más, simplemente notan que sus porciones son más pequeñas, o que pican entre horas con menos frecuencia, y que, aunque la comida sigue siendo placentera, ya no les preocupa tanto”.  

Precisó que los pacientes que interrumpen el tratamiento, aproximadamente dos tercios del peso que habían perdido se recuperan en el primer año después de dejar de tomar el medicamento GLP-1.  

Por otro lado, cuando las personas continúan tomando el medicamento, el peso tiende a mantenerse relativamente estable en promedio en una pérdida máxima hasta cuatro años después.  

“Hay muchas otras razones por las que los pacientes pueden optar por interrumpir el tratamiento, como los efectos secundarios o la pérdida de cobertura o de acceso a estos medicamentos, lo cual es particularmente problemático debido a su alto costo”. 

Por qué se produce la obesidad 

La doctora Fátima Cody Stanford, profesora asociada de medicina y pediatría de la Facultad de Medicina de Harvard dijo que la obesidad es una enfermedad de la regulación energética, no una falta de fuerza de voluntad.  

“El cuerpo tiene un sistema complejo para almacenar energía, y está moldeado por la genética, las hormonas, los centros del apetito del cerebro, el sueño, el estrés, el entorno construido en el que vivimos y el entorno alimentario que nos llega desde el nacimiento”, dijo. 

Subrayó que el aumento de la ingesta, la disminución del gasto y la alteración del almacenamiento pueden ser impulsados por fuerzas internas y externas a la biología de una persona, en el entorno y a su alrededor.  

“Aspectos como la genética, la inflamación crónica, la regulación hormonal del apetito y la alteración de la fisiología del estrés quedan dentro del balance”.  

Dijo que la mayoría de las personas con obesidad, a menudo viven en un mundo externo que no está diseñado pensando en su salud.  

“Cuando hablamos de mujeres afroamericans en Estados Unidos, la obesidad comenzó con el estrés fisiológico crónico y sostenido de la esclavitud misma”.  

Dijo que gracias a décadas de investigación, ahora comprenden que la exposición sostenida a hormonas del estrés como el cortisol altera la forma en que el cuerpo almacena grasa, regula el apetito y controla la inflamación.  

“Este no es un fenómeno del siglo XX, sino una realidad fisiológica del siglo XIX, impresa en los cuerpos de las personas afroamericanas durante la esclavitud y transmitida biológicamente a lo que hoy llamamos programación epigenética e intergeneracional, y socialmente a través de generaciones de exclusión económica”.  

Entonces, observó que hoy la obesidad en las mujeres afroamericanas, es la más alta de cualquier grupo demográfico en este país; por lo que deben comenzar a tratarla como un resultado predecible de casi dos siglos de estrés acumulado fisiológico, exclusión económica y un sistema alimentario y de atención médica que no fue diseñado teniendo en cuenta la salud de las mujeres negras.  

El programa puente de Medicare 

Dijo que a partir del 1 de julio de este año, los Centers for Medicare & Medicaid Services (CMS) lanzaron el programa puente de GLP-1 de Medicare.  

“Es una solución provisional, no definitiva, ya que el programa está programado para finalizar el 31 de diciembre de 2027 y requiere autorización previa, lo que significa que un médico debe presentar una solicitud a los CMS, y debe ser aprobada antes de que un paciente siquiera reciba una receta”. 

“Las comunidades con un acceso menos constante a la atención primaria, a menudo las mismas que sufren la carga de dos siglos de estrés y exclusión estructural, son las que tienen más probabilidades de quedar desamparadas por un programa que, en teoría debería ayudarlas”. 

Las consecuencias no deseadas  

El doctor Dan Cooper, profesor distinguido emérito de pediatría de la UC Irvine, dijo que cuando ve a un niño de 12 años que pesa 136 kilos, piensa en los millones de dólares que se están gastando en el desarrollo de medicamentos para controlar la obesidad. 

Pero también en lo que pasaría si una pequeña parte de ese dinero se hubiera destinado a mejores oportunidades de actividad física para los menores, particularmente en los barrios de bajos recursos, donde la condición física es mucho menor. 

“¿Qué pasaría si hubiera más parques? ¿Qué pasaría si la educación física en la escuela fuera mejor? Tal vez no vería a este niño de 12 años que pesaba 300 libras, y también sé que si pudiera controlar su entorno, podría solucionarse el problema de la obesidad sin medicamentos”. 

El doctor Cooper dijo que no sabe cuáles son las consecuencias a largo plazo, y por lo tanto, la cuestión ética que le parece más conveniente es que hasta que no comprendamos los efectos del tratamiento con estos fármacos en particular, deben ser muy cuidadosos. 

“Veo a niños de 12 años que pesan 136 kilos, y sé que mis colegas pediatras quieren poder hacer algo, y a veces los medicamentos son la única opción”. 

Cuánto tiempo 

Cannick dijo que todavía está tratando de averiguar por cuánto tiempo tomará el medicamento para perder peso. 

“Definitivamente no quiero que sea un compromiso de por vida para mi bolsillo. Empecé con unos 250 libras. Ahora peso aproximadamente 185. Soy una mujer afroamericana que quiere tener trasero y muslos. No quiero estar delgada hasta el punto en que la gente me pregunte¿Estás bien?”.  

Aclaró que mientras toma su medicamento, trabaja para tener hábitos alimenticios más saludables.  

“Juego al tenis al menos tres veces por semana. He cambiado mi forma de comer significativamente desde que empecé con Ozempic. Espero no tener que seguir con el medicamento. Es como un programa de mantenimiento, no necesariamente para bajar de peso, sino simplemente para no subir”. 

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