Viven unión, inclusión y comunidad en Plaza México
Cada semana el recinto abre sus puertas para que niños y jóvenes con autismo y síndrome de Down convivan y se diviertan
El grupo Sueños y Esperanza está integrado por padres de familia con niños y jóvenes con autismo que crearon un espacio único en Lywood. Crédito: Janette Villafana | Impremedia
Con corridos, baladas y cumbias, fue como se inició la reunión semanal de la organización Sueños y Esperanza, un grupo integrado por padres de familia de niños y jóvenes con autismo, síndrome de Down y otras necesidades especiales, que busca fomentar la cultura, crear comunidad y aportar algo de normalidad a sus hijos.
Este fin de semana, tanto nuevos asistentes y aquellos que suelen frecuentar el lugar llenaron la Plaza México en Lynwood por la tarde, todos vestidos con sus mejores trajes. Unos portaban tejanas y cinturones piteados, y otros, sus botas vaqueras y vestidos de distintos colores.
El grupo, con más de 50 niños y personas de diferentes edades, se reúne una vez a la semana en Lynwood y se convierten en los protagonistas del espectáculo, mostrando sus habilidades de karaoke y sus pasos de baile ante el público.
Lo que comenzó hace más de 10 años con solo un par de padres ahora reúne a más de 100 familias cada semana a través de las diversas actividades que ofrece la organización.

“Nos vimos con la necesidad de crear un grupo como este porque notamos que, después de graduarse de la preparatoria, pierden muchos de sus recursos y no cuentan con programas ni espacios para la socialización y el desarrollo de destrezas”, dijo Carla Vega, organizadora de Sueños y Esperanza.
Según la Sociedad Nacional del Síndrome de Down, la socialización es muy importante para los niños y adultos con síndrome de Down. Eventos como el que organiza Sueños y Esperanza ayudan a estas personas a desarrollar habilidades de comunicación, a ganar confianza en sí mismas y a entablar amistades significativas. La interacción social regular también favorece la buena salud mental y reduce el riesgo de sentirse solo o ansioso.



Un espacio único
Además, según un estudio realizado en Australia, los adultos jóvenes con síndrome de Down que tenían tres o más relaciones sociales positivas fuera de su familia inmediata tendían a obtener una puntuación general significativamente mejor en una evaluación de calidad de vida que quienes tenían dos o menos.
Y vaya que los padres, como Vega, quien tiene un hijo con síndrome de Down, han notado no solo la diferencia en su propio hijo, pero también en la de muchos que llegaban al lugar tímidos y ahora son más sociables.
“Yo creo que los papás se sienten muy orgullosos de ver el cambio en sus hijos”, dijo Vega, señalando a la siguiente persona en la lista de karaoke. “Los papás también se motivan al ver a sus hijos disfrutar, cantar y bailar con sus amigos en un ambiente donde nadie va a juzgar a nadie”.

El grupo ha establecido una gran relación con todos los que participan en las actividades. Esa tarde, muchos saludaban con mucho cariño a sus amigos cada vez que veían llegar a alguno. En el centro de la pista bailaba un grupo de muchachos y muchachas; entre ellos, Brayan López y su novia, bailando de cachete a cachete. Su mamá, María López, cuenta que encontró al grupo por casualidad, pero desde entonces ha asistido con su hijo por los últimos 10 años.
“Hay muchos niños que venían sin ninguna ganas de salir adelante y con poca autoestima, y ahora los miras bien contentos, animados, un completo contraste con cuando llegaron aquí por primera vez”, dijo López mientras estaba sentada en una silla. “Y mi Brayan, pues, míralo, hasta encontró novia aquí y ahora le encanta bailar”.
Uno por uno, los muchachos llegaban al micrófono a cantar su canción; una de ellas fue Diana, de 30 años, quien también tiene síndrome de Down. Usando una tejana negra y sus botas, tomó el micrófono y cantó una canción ranchera. Imitándola a todo poder y como toda una profesional. Su mamá, Carmen, como muchos de los otros padres, le tomaba un video para captar a su hija cantando.
“Para mí es importante porque no hay muchos lugares como estos donde ellos puedan expresarse a su manera y, como ves, todos son amigos; somos como una familia grande”, dijo Carmen, quien ha asistido a los eventos comunitarios con su hija por los últimos dos años.



Para muchos de estos familiares y jóvenes, este evento comunitario, que es completamente gratuito, es su segundo hogar. Un lugar donde ellos puedan expresarse libremente y socializar en un ambiente abierto, como mucha gente suele hacerlo en los bailes o en los clubs.
Ese día se podía observar cómo las caras de cada joven cambiaban a lo largo del evento. Unos cantaban canciones de Jenni Rivera, Justin Bieber y Banda El Recodo.
Uno de los nuevos participantes era Fernando Fuentes, quien asistió al evento gracias a su hermano Guillermo Fuentes, que, al igual que otros padres y familiares, encontró la organización por casualidad, ya que frecuenta Plaza México cada semana.

Guillermo dijo que estaba muy emocionado por su hermano, quien es un poco tímido. Ese día, Fernando le preguntó a su hermano que lo inscribiera para cantar la canción de Vicente Fernández, “La Ley del Monte”, un acto valiente por parte del joven.
“Lo he querido traer, pero como que no quería, y hoy se animó y dijo que quería venir, y pues es muy bonito verlo salir de su rutina y ver cómo se independiza poco a poco”, dijo Guillermo con sentimiento y lágrimas de orgullo en el rostro. “Uno se siente mal porque nosotros notamos las miradas y los comentarios que a veces la gente les hace, pero aquí no hay nada de eso”.
“Aquí es un espacio seguro, míralos nomás: todos están sonriendo y divirtiéndose y, como familiares, es lo único que queremos”, agregó.
Aunque la mayoría del grupo es latina, los organizadores dicen que todos están bienvenidos. Vega impulsa a la comunidad a inscribir también a sus hijos en otros programas de la organización, donde juegan béisbol y en otro donde practican y compiten en baile folclórico.
Para más información visite: