Hongos en las uñas: cómo contrarrestarlos y prevenirlos

La onicomicosis, una de las infecciones más frecuentes y persistentes de los pies, afecta a millones de personas. La clave está en la constancia del tratamiento

Hongos en las uñas: cómo contrarrestarlos y prevenirlos

Podólogo que examina el pie del paciente con una lupa. Crédito: New Africa | Shutterstock

Uñas que se vuelven amarillentas, gruesas, quebradizas o que se despegan de su lecho. Lo que muchas personas consideran un simple problema estético es, en realidad, una infección causada por hongos conocida médicamente como onicomicosis.

Se estima que afecta a entre el 10% y el 14% de la población adulta, con una incidencia que crece con la edad, y representa cerca de la mitad de todas las enfermedades de las uñas.

Un enemigo que prospera en la humedad

Los responsables suelen ser los dermatofitos, hongos que se alimentan de la queratina, la proteína que forma las uñas. También pueden intervenir levaduras como la Candida y otros mohos. Estos microorganismos encuentran su ambiente ideal en lugares cálidos, oscuros y húmedos, de ahí que las uñas de los pies, encerradas durante horas en calcetines y zapatos, sean las más vulnerables.

El contagio se produce con frecuencia en espacios compartidos: piscinas, vestuarios, duchas de gimnasios y saunas. Una pequeña lesión en la uña o en la piel circundante, o la presencia previa de pie de atleta, abre la puerta a la infección.

¿Quiénes corren mayor riesgo?

Los dermatólogos y podólogos identifican varios factores de riesgo:

  • Edad avanzada, por la menor circulación sanguínea y el crecimiento más lento de las uñas.
  • Diabetes y problemas circulatorios, que dificultan la defensa del organismo.
  • Sistema inmunitario debilitado.
  • Sudoración excesiva de los pies.
  • Traumatismos repetidos, como los de deportistas o personas que usan calzado ajustado.
  • Antecedentes familiares de la infección.

¿Cómo reconocerlos?

Los primeros signos suelen ser sutiles: una mancha blanca o amarillenta en el borde de la uña. Con el tiempo, la lámina se engruesa, cambia de color (que puede ir del amarillo al marrón), se torna frágil, adopta una forma deforme y puede desprender mal olor. En casos avanzados, caminar o calzarse puede resultar doloroso.

Los expertos advierten que no toda uña alterada es un hongo: la psoriasis, los golpes o ciertas enfermedades pueden provocar síntomas parecidos. Por eso, recomiendan confirmar el diagnóstico con un profesional, que puede tomar una muestra para analizarla en laboratorio antes de iniciar el tratamiento.

Cómo cotrarrestarlos

El tratamiento exige paciencia. Dado que las uñas de los pies crecen lentamente, puede tardar entre seis y doce meses en reemplazarse por completo una uña sana.

Tratamientos tópicos. Esmaltes y soluciones antimicóticas, como los que contienen amorolfina o ciclopirox, se aplican directamente sobre la uña. Son útiles en infecciones leves o superficiales, aunque su eficacia es limitada cuando el hongo está muy extendido.

Tratamientos orales. En casos moderados o graves, el médico puede prescribir antimicóticos por vía oral, como la terbinafina o el itraconazol. Son los más eficaces, pero requieren control médico por posibles efectos sobre el hígado y por interacciones con otros fármacos.

Procedimientos complementarios. El podólogo puede limar o desbridar la uña afectada para facilitar la penetración del medicamento. En situaciones puntuales se recurre a terapias con láser, cuya evidencia de eficacia todavía es variable.

Los especialistas insisten en un punto: abandonar el tratamiento al ver una mejoría inicial es una de las principales causas de recaídas.

Remedios caseros: con cautela

El vinagre, el aceite de árbol de té, el bicarbonato o el vaporub circulan como alternativas populares. Algunos tienen cierta actividad antifúngica in vitro, pero los estudios no demuestran que logren erradicar la infección de forma fiable.

Pueden servir, en el mejor de los casos, como complemento, y nunca deben sustituir la consulta médica, sobre todo en personas con diabetes o mala circulación.

Prevenir, la mejor estrategia

Las medidas preventivas son sencillas y marcan la diferencia:

  • Secar bien los pies, especialmente entre los dedos, después de ducharse.
  • Usar calcetines de algodón o fibras transpirables y cambiarlos a diario.
  • Alternar el calzado para que se airee entre usos y evitar zapatos que aprieten.
  • No caminar descalzo en piscinas, duchas y vestuarios públicos; llevar chancletas.
  • Mantener las uñas cortas y limpias, cortadas de forma recta.
  • No compartir cortaúñas, limas ni toallas.
  • Desinfectar el calzado y tratar cuanto antes el pie de atleta.
  • Elegir centros de manicura y pedicura que esterilicen su instrumental.

Cuándo consultar a un especialista

Ante cualquier cambio persistente en el color, el grosor o la forma de las uñas, conviene acudir a un dermatólogo o podólogo. La consulta es especialmente urgente en personas con diabetes, problemas circulatorios o inmunodepresión, en quienes una infección aparentemente menor puede derivar en complicaciones.

La onicomicosis rara vez desaparece por sí sola y tiende a empeorar si se ignora. Detectarla a tiempo, tratarla con constancia y adoptar hábitos de higiene preventivos son, según los expertos, las mejores herramientas para recuperar unas uñas sanas y evitar que la infección regrese.

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