Claves para prevenir las verrugas que provocan el VPH
Vacunación, higiene y hábitos cotidianos: lo que la evidencia científica recomienda para reducir el riesgo de un virus muy común y, en buena parte, evitable
Concepto de atención sanitaria de prevención o tratamiento del virus del papiloma humano Crédito: Leigh Prather | Shutterstock
Es probable que casi todas las personas sexualmente activas entren en contacto con el virus del papiloma humano (VPH) en algún momento de su vida. Se trata de la infección de transmisión sexual más frecuente del mundo y, aunque la mayoría de los casos desaparecen solos sin dar síntomas, algunos tipos del virus provocan verrugas en la piel o en la zona genital, y otros están asociados al cáncer de cuello uterino y a otros tumores. La buena noticia es que existen herramientas eficaces para prevenirlo.
El VPH es un grupo de más de 200 tipos de virus. Cada uno tiene preferencia por determinadas zonas del cuerpo y, según el tipo, puede causar efectos distintos:
- Verrugas comunes: suelen aparecer en manos y dedos. Están vinculadas a tipos como el 1, 2, 4, 27 y 57.
- Verrugas plantares: crecen en la planta del pie y pueden resultar dolorosas al caminar.
- Verrugas genitales (condilomas): afectan la zona genital y anal. La gran mayoría se deben a los tipos 6 y 11, considerados de «bajo riesgo» porque rara vez derivan en cáncer.
- Tipos de alto riesgo: como el 16 y el 18, no suelen producir verrugas visibles, pero se asocian a cáncer de cuello uterino, ano, vulva, pene y orofaringe.
El virus se transmite por contacto directo piel con piel o mucosa con mucosa. En el caso de las verrugas genitales, el contagio ocurre sobre todo durante las relaciones sexuales vaginales, anales u orales, incluso cuando la persona infectada no presenta lesiones visibles. Las verrugas comunes y plantares, en cambio, se contagian por contacto con la piel afectada o con superficies húmedas contaminadas, como suelos de duchas y piscinas.
A este respecto, una especialista comenta en las plataformas sociales de EFE Salud sobre recomendaciomes idóneas:
La vacuna: la medida de prevención más eficaz
Los organismos de salud, como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), coinciden en que la vacunación es la herramienta más potente contra el VPH. La vacuna nonavalente protege frente a nueve tipos del virus, entre ellos el 6 y el 11, responsables de la mayoría de las verrugas genitales, y los tipos de alto riesgo vinculados al cáncer.
Puntos clave sobre la vacunación:
- Edad ideal: se recomienda aplicarla a los 11 o 12 años, antes de cualquier posible exposición al virus, aunque puede iniciarse desde los 9.
- Esquema de dosis: quienes comienzan antes de los 15 años suelen necesitar dos dosis; a partir de esa edad, tres. Varios países y la propia OMS han avanzado hacia esquemas de dosis reducida, por lo que conviene consultar el calendario vigente en cada país.
- Vacunación en adultos: en muchos países se recomienda hasta los 26 años y, en edades posteriores, puede valorarse de forma individual con un profesional de la salud.
- Seguridad: tras más de una década de uso y cientos de millones de dosis aplicadas, los estudios de seguimiento respaldan su perfil de seguridad. Los efectos más comunes son leves: dolor en el brazo, enrojecimiento o malestar pasajero.
Un matiz importante: la vacuna es más eficaz cuando se aplica antes del inicio de la vida sexual, pero puede seguir ofreciendo protección a quienes ya han tenido contacto con algunos tipos del virus, ya que es poco probable haberse infectado con todos los tipos que cubre.

Medidas en la vida social
Además de vacunarse, hay hábitos que reducen el riesgo de contagio genital:
- Uso correcto del preservativo: disminuye la probabilidad de transmisión, aunque no la elimina por completo, ya que el virus puede estar en zonas de piel que el condón no cubre.
- Limitar el número de parejas sexuales y conocer el estado de salud de la pareja reduce la exposición.
- Consultar ante cualquier lesión sospechosa: bultos, protuberancias o cambios en la piel genital deben evaluarse por un profesional. No conviene automedicarse con productos para verrugas de manos o pies, que no son aptos para la zona genital.
- Controles ginecológicos periódicos: la citología y la prueba del VPH permiten detectar de forma temprana lesiones en el cuello uterino, incluso en mujeres vacunadas.
Prevención de verrugas comunes y plantares
En la vida diaria, la prevención de verrugas en manos y pies se basa en evitar el contacto con el virus y en proteger la piel:
- Usar calzado en lugares públicos húmedos, como duchas de gimnasios, vestuarios y piscinas.
- No compartir toallas, limas, cortaúñas, piedra pómez ni calzado.
- Cubrir las verrugas existentes con un apósito para evitar contagiar a otras personas o a otras zonas del propio cuerpo.
- No rascarse, morderse ni arrancarse las verrugas, ya que el virus puede propagarse a la piel cercana.
- Mantener la piel sana: cuidar cortes, grietas y padrastros, porque el virus entra con más facilidad a través de pequeñas heridas. Evitar morderse las uñas es una medida sencilla y útil.
- Lavarse las manos después de tocar una verruga y mantener los pies secos.
Defensas del organismo
El sistema inmunitario es el principal responsable de eliminar el virus. Por eso, las personas con defensas bajas, como quienes viven con VIH, reciben tratamientos inmunosupresores o han tenido un trasplante, tienen más riesgo de presentar verrugas más numerosas, persistentes o de difícil tratamiento. Dormir bien, no fumar y llevar una alimentación equilibrada contribuyen a un sistema inmunitario saludable. El tabaco, en particular, se relaciona con una menor capacidad de eliminar la infección por VPH.
Mitos frecuentes
- «Las verrugas aparecen por tocar sapos». Falso. Su origen es siempre un virus humano.
- «Si no tengo verrugas, no tengo VPH». Falso. Muchas infecciones son asintomáticas y se transmiten sin que la persona lo sepa.
- «La vacuna es solo para mujeres». Falso. Protege también a los varones frente a verrugas genitales y a cánceres asociados, y reduce la circulación del virus en la población.
- «Tener VPH es sinónimo de cáncer». Falso. La mayoría de las infecciones se resuelven por sí solas; el riesgo se concentra en la infección persistente por tipos de alto riesgo.
Cuándo acudir al médico
Conviene consultar a un profesional de la salud si una verruga cambia de color o de tamaño, sangra, duele, se multiplica, aparece en la zona genital o no desaparece con el tiempo. Existen tratamientos (crioterapia, ácido salicílico, cremas específicas, cauterización o procedimientos quirúrgicos), pero eliminar la lesión no siempre elimina el virus, por lo que pueden surgir recidivas. Por eso la prevención sigue siendo la mejor estrategia.
Vacunarse a la edad recomendada, usar preservativo, mantener hábitos de higiene en espacios compartidos, cuidar la piel y realizarse controles periódicos son las claves para reducir el riesgo de verrugas por VPH y de las complicaciones asociadas. Las autoridades sanitarias insisten en que la información y el acceso a la vacunación son decisivos para que esta infección, tan extendida, deje de ser un problema de salud pública.
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