¿Pasas de los 40 y sufres de fatiga, insomnio y aumentaste de peso? La menopausia se manifiesta mucho más allá de los sofocos

También son frecuentes en la menopausia la disminución de la libido, la hinchazón, la inestabilidad emocional, la sequedad vaginal y el dolor articular

¿Pasas de los 40 y sufres de fatiga, insomnio y aumentaste de peso? La menopausia se manifiesta mucho más allá de los sofocos

Mujer sufre evidentes síntomas de la menopausia. Crédito: AlesiaKan | Shutterstock

Un macroestudio elaborado por la empresa DOMMA, a partir de 90,000 cuestionarios de mujeres españolas, revela que la fatiga, el aumento de peso y el insomnio son los síntomas más frecuentes de la menopausia. Los sofocos, aunque son la señal más asociada a esta etapa, afectan al 54% de las encuestadas.

“La Radiografía de la Menopausia en España” es uno de los mayores registros de síntomas menopáusicos realizados en el país, señala DOMMA. El documento refleja cómo viven las mujeres esta etapa, refiere EFE Salud. Se analiza cómo evolucionan los síntomas a lo largo de las distintas fases de la menopausia y el impacto que tienen en las mujeres.

Entre los resultados concretos, registró que el 64% de las mujeres declara sufrir fatiga, aumento de peso e insomnio. También son frecuentes la disminución de la libido, la hinchazón, la inestabilidad emocional, la sequedad vaginal y el dolor articular. Las encuestadas señalan una media de seis síntomas físicos simultáneos, con impacto emocional para el 70%.

No existe una única forma de vivir la menopausia

La investigación fue presentada en el congreso de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia, señaló EFE. La misma identifica distintos grupos según la concentración y la intensidad de los síntomas.

El 31% presenta un perfil de sobrecarga hormonal, marcado por sofocos, insomnio y fatiga. El 19% registra una carga metabólica, con aumento de peso e hinchazón. Otro 14% padece principalmente alteraciones nocturnas, mientras que el 13% se encuentra en una transición temprana con síntomas leves.

Un 12% de las mujeres presenta un perfil relacionado con la pérdida de libido y la sequedad vaginal. El impacto emocional concentra los casos del 6%, caracterizados por cambios de humor, estrés e irritabilidad. Solo el 4% registra síntomas mínimos o aislados.

Los síntomas continúan después de la última regla

El estudio indica que las molestias no necesariamente disminuyen tras la menstruación final. En algunos casos, la carga sintomática sigue aumentando, lo que puede prolongar el impacto físico y emocional de esta etapa.

La fatiga y la pérdida del deseo sexual suelen interpretarse como consecuencias del ritmo de vida, el estrés o el envejecimiento. Esta percepción dificulta que las mujeres relacionen sus molestias con la menopausia y retrasa la búsqueda de información y atención especializada.

La falta de reconocimiento alimenta la incertidumbre

El sondeo registra que seis de cada diez mujeres buscan soluciones para síntomas que no vinculan con la menopausia.

Según el estudio, esta falta de identificación contribuye a que muchas afronten la transición con incertidumbre, incomprensión y una sobrecarga que puede afectar tanto a su bienestar físico como emocional.

Cambio de estilo de vida de cara a la menopausia

Para reducir las molestias, suele ayudar ajustar tres “pilares” a la vez (comida, movimiento y sueño) porque se retroalimentan: lo que comes y cuándo te mueves influye en cómo duermes, y el sueño afecta al dolor, la energía y la tolerancia a ciertos síntomas.

Alimentación (cambios que suelen marcar diferencia)

  • Prioriza comidas regulares y equilibradas (más fibra/proteína y menos ultraprocesados), y evita “saltos” largos que empeoran la irritabilidad y el malestar.
  • Si notas que las molestias empeoran tras comer, prueba reducir comidas muy pesadas y picantes por la noche y evita irte a dormir inmediatamente después de cenar (deja un margen).
  • Mantente bien hidratado y observa “gatillos” personales (cafeína, alcohol, ciertos alimentos). Cuando puedas, haz cambios graduales para identificar qué te ayuda.

Ejercicio (mejor calidad del sueño y menos tensión)

  • Haz actividad física habitual, pero evita los entrenamientos muy intensos justo antes de acostarte; si puedes, separa el ejercicio de la hora de dormir (por ejemplo, unas 2 horas).
  • Empieza con algo sostenible (caminar, bici suave, yoga/estiramientos) y aumenta poco a poco. Esto ayuda a reducir estrés y mejorar la calidad del sueño, dos factores que suelen influir en las molestias.
  • Si el movimiento te agrava en el momento, no lo forces: ajusta intensidad y busca alternativas de menor impacto (y considera evaluación profesional si es persistente).

Sueño (rutinas que reducen la “sensibilización”)

  • Intenta mantener horarios regulares de sueño (misma hora para acostarte/levantarte), porque el ritmo del sueño influye en cómo el cuerpo responde al malestar.
  • Apunta a 7–9 horas si es posible, y si estás corto de sueño, una estrategia práctica es adelantar el sueño ~30 minutos o hacer una siesta corta (aprox. 30 min) en la primera parte del día cuando te sea viable.
  • Crea una rutina de “bajada” antes de dormir si hay estrés: respiración profunda, meditación o escritura para relajarte.

Miniplan (para empezar esta semana)

  • Día a día: horario más regular de sueño + cena más ligera y con margen antes de dormir.
  • Movimiento: 20–30 min de actividad moderada la mayoría de días, evitando intensidad justo antes de acostarte.
  • Ajuste fino: registra 1–2 “gatillos” (qué comiste, hora de ejercicio, horas de sueño) y qué pasó con las molestias para identificar patrones.

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