Estabilidad frente a legitimidad: las razones de EE.UU. para confiar la transición venezolana a Delcy Rodríguez
EE.UU. descartó a María Corina Machado como opción inmediata y optó por Delcy Rodríguez, una figura con capacidad operativa dentro del régimen
La elección de Delcy Rodríguez como presidenta encargada no respondió a afinidades ideológicas ni a improvisación. Crédito: Ariana Cubillos | AP
La decisión de Estados Unidos de no apoyar de inmediato a María Corina Machado como líder de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro, y en su lugar promover una transición a manos de Delcy Rodríguez, no fue un exabrupto ni una improvisación. Según fuentes de seguridad estadounidenses citadas por ABC España, se trató de la verbalización pública de un diagnóstico elaborado durante semanas: el liderazgo opositor carecía de capacidad real para sostener el poder en un escenario de colapso institucional sin una intervención militar masiva de Estados Unidos.
Para Washington, llevar a Machado —o a Edmundo González— a Caracas tras la caída abrupta del régimen habría requerido una operación de ocupación, con control del espacio aéreo, neutralización de mandos militares, protección de infraestructuras críticas y presencia sostenida de tropas. Un escenario descartado de plano por Trump, marcado por el recuerdo de Irak y Afganistán y por el fracaso del 30 de abril de 2019.
Ese precedente pesó de forma decisiva. En la Casa Blanca se asumió entonces que la oposición venezolana, aun con legitimidad política, no tenía control sobre las Fuerzas Armadas ni sobre los servicios de seguridad, una condición indispensable para evitar el caos en el corto plazo.
El límite de María Corina Machado para el “día después”
Los informes de inteligencia encargados tras los acontecimientos de enero coincidieron en un punto central: Machado no disponía de palancas institucionales ni ascendencia sobre el aparato coercitivo del Estado. Respaldarla plenamente habría obligado a Estados Unidos a asumir un papel militar directo para sostenerla en el poder, un coste político y humano inasumible para Trump.
A ello se sumaron factores políticos adicionales. Su negativa absoluta a cualquier contacto con el chavismo, considerada moralmente coherente, fue vista en Washington como un obstáculo para articular una transición funcional. También influyeron su respaldo firme a las sanciones, su rechazo a inversiones extranjeras inmediatas y una relación tensa con interlocutores clave como Richard Grenell, quien la presentó ante Trump como inflexible y difícil de manejar.
Incluso el Nobel de la Paz, lejos de fortalecer su posición, fue percibido como un elemento simbólico sin impacto operativo, e incluso como un factor incómodo en el entorno del presidente estadounidense.

Delcy Rodríguez: control interno antes que legitimidad
La elección de Delcy Rodríguez como presidenta encargada no respondió a afinidades ideológicas ni a improvisación. Según ABC España, desde 2020 existía un canal discreto de comunicación entre Washington y los hermanos Rodríguez, en el que Delcy se consolidó como una interlocutora con capacidad real de control interno y proyección exterior.
Para Estados Unidos, su valor residía precisamente en lo que Machado no tenía: reconocimiento inmediato por el Tribunal Supremo, respaldo formal de las Fuerzas Armadas y control del aparato institucional heredado del chavismo. En un escenario de máxima fragilidad, Washington priorizó la estabilidad inmediata y la contención del vacío de poder por encima de la legitimidad democrática.
Trump llegó a describirla públicamente como “cooperativa”, una señal dirigida tanto al interior del régimen como a los mandos militares. La apuesta, sin embargo, no está exenta de riesgos. Rodríguez arrastra desconfianza interna, carece de apoyo popular y nunca fue parte del núcleo ideológico duro del chavismo.
Una transición vigilada y provisional
En la Casa Blanca insisten en que la designación de Rodríguez no es un cierre político, sino una fase inicial. El objetivo inmediato es evitar el colapso del Estado y estabilizar el país mientras se reordena el poder. La segunda etapa, subrayan, estaría condicionada a la celebración de elecciones, donde Washington respaldaría al candidato que resulte vencedor, incluida María Corina Machado.
El enfoque revela una jerarquía clara en la toma de decisiones estadounidenses: primero el control, luego la política. En ese marco, Delcy Rodríguez encajó mejor que la líder opositora, no por fortaleza, sino por funcionalidad.
La apuesta por Rodríguez ha generado rechazo tanto en sectores opositores como dentro del propio chavismo. Su figura despierta sospechas, y los elogios de Trump han sido interpretados por algunos mandos como un intento deliberado de aislarla. En la calle, su legitimidad es prácticamente inexistente.
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