Desafío a EE.UU.: Canadá permite la llegada de autos chinos
Canadá decidió modificar su política comercial y reducir drásticamente los aranceles a los autos eléctricos chinos, una medida que desafía el plan de EE.UU.
Auto Geely. Crédito: Geely. Crédito: Cortesía
Una decisión comercial tomada en Ottawa comienza a generar ondas expansivas mucho más allá de sus fronteras.
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El gobierno canadiense dio un paso que cambia el tablero del sector automotor al permitir la entrada de vehículos eléctricos chinos con aranceles significativamente reducidos, un movimiento que contrasta con la línea dura adoptada por Estados Unidos frente a las marcas del gigante asiático.
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El anuncio se concretó en enero, cuando el primer ministro Mark Carney confirmó un acuerdo económico con China que incluye una reducción arancelaria drástica: los autos eléctricos chinos pasarán de pagar un 100% de impuestos a solo 6,1% para ingresar al mercado canadiense.
La medida marca un quiebre con la política de reciprocidad que Canadá había mantenido durante años con su principal socio comercial.
Un acuerdo limitado, pero simbólico
El pacto incluye restricciones que, en apariencia, reducen su impacto inmediato. El gobierno canadiense estableció un tope de 49,000 vehículos eléctricos chinos por año, una cifra pequeña si se compara con un mercado automotor que ronda los 2,000,000 de unidades anuales.
Además, el acuerdo fija una condición clave: para el año 2030, al menos la mitad de esos vehículos deberá ofrecerse a un precio cercano a $25,000 dólares.

Sobre el papel, estos límites parecen convertir la medida en algo marginal. Sin embargo, para muchos analistas y fabricantes tradicionales, el gesto político y comercial es mucho más relevante que el volumen inicial. Abrir la puerta, aunque sea parcialmente, rompe un bloqueo que hasta ahora había sido casi total en América del Norte.
La reacción de los fabricantes estadounidenses
Las críticas no tardaron en llegar. Empresas como General Motors manifestaron su preocupación por el impacto que esta decisión puede tener en la producción regional. Canadá no es solo un mercado de ventas, sino también un centro estratégico de manufactura para varias marcas estadounidenses. Una mayor competencia, especialmente basada en precios más bajos, podría traducirse en una caída de ventas y ajustes en la producción local.
En el caso de Ford, la inquietud va más allá del terreno comercial. La compañía ha expresado reparos relacionados con la seguridad y el software de los vehículos chinos.
Entre los argumentos expuestos figura la posibilidad de que estos autos integren sistemas de recopilación de datos que, según sus críticos, podrían representar riesgos de vigilancia, una de las razones por las que Estados Unidos mantiene bloqueada la comercialización de estas marcas.
Un golpe a las marcas tradicionales
La apertura del mercado canadiense coloca en una posición incómoda a fabricantes estadounidenses y extranjeros que operan en el país. Marcas como General Motors, Ford y Stellantis, así como gigantes asiáticos y japoneses como Toyota, Honda, Kia y Hyundai, enfrentan ahora una competencia que destaca por su agresiva relación precio-producto.

Las marcas chinas, encabezadas por nombres como BYD o Geely, han demostrado en Europa y América Latina que pueden ofrecer vehículos eléctricos bien equipados a precios muy por debajo del promedio del mercado.
Su llegada a Canadá podría replicar ese patrón, presionando márgenes y obligando a los fabricantes establecidos a replantear sus estrategias.
Canadá como laboratorio para América del Norte
Aunque la medida no aplica directamente a Estados Unidos, muchos observadores ven a Canadá como un mercado de prueba. Sus similitudes regulatorias, económicas y culturales lo convierten en un terreno ideal para evaluar la aceptación de los autos eléctricos chinos en América del Norte.

Si las ventas muestran resultados positivos y no surgen conflictos mayores, las marcas chinas podrían utilizar esa experiencia como argumento para presionar por una futura entrada al mercado estadounidense, incluso si eso ocurre en el mediano plazo.
La llegada de vehículos eléctricos chinos también podría acelerar la evolución tecnológica de los fabricantes tradicionales. Frente a una competencia que ofrece precios bajos y escalas de producción masivas, empresas como Ford y General Motors podrían verse obligadas a acelerar sus desarrollos eléctricos y ajustar sus estructuras de costos.
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