CEO de Ford le pide a Trump usar tecnología china en EE.UU.
Jim Farley plantea que se permita que Ford utilice tecnología de fabricantes chinos como BYD para producir vehículos eléctricos en Estados Unidos
El presidente Trump estuvo en la planta de Ford River Rouge, en Michigan. Crédito: Evan Vucci | AP
La industria automotriz estadounidense enfrenta un punto de inflexión que podría redefinir su futuro. Jim Farley, máximo ejecutivo de Ford Motor Company, ha planteado una idea que rompe con la lógica proteccionista dominante y es permitir que las marcas estadounidenses colaboren con fabricantes chinos para producir vehículos eléctricos en territorio norteamericano.
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Su petición fue dirigida directamente a la administración de Donald Trump, en un momento donde la política comercial y la competencia tecnológica están más entrelazadas que nunca.
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La propuesta no implica ceder el control industrial, sino adoptar un modelo de cooperación bajo reglas claras: producción local, empleo estadounidense y beneficios compartidos. El objetivo estratégico es ganar acceso a tecnologías que hoy colocan a China varios pasos por delante en electrificación, especialmente en baterías y plataformas de bajo costo.
La presión de un mercado dominado por China
Las cifras hablan por sí solas. China se consolidó como el mayor mercado mundial de vehículos eléctricos, con casi 3,000,000 registros en el último trimestre de 2025.

Ese impulso llevó las ventas globales por encima de 4,000,000 unidades en un solo trimestre por primera vez en la historia. Frente a este escenario, Ford considera que competir sin alianzas tecnológicas podría resultar demasiado lento y costoso.
El año 2025 marcó además un momento simbólico: BYD superó en ventas globales a Ford.
La firma china alcanzó más de 4,600,000 unidades comercializadas entre eléctricos e híbridos enchufables, mientras que la compañía estadounidense se quedó ligeramente por debajo de 4,400,000 unidades en todo el mundo. La brecha no es solo numérica; representa una ventaja estructural en costos de producción y dominio de la cadena de suministro.
Farley ya ha trasladado su planteamiento a figuras clave del gobierno, entre ellas el Secretario de Transporte, Sean Duffy, y el administrador de la EPA, Lee Zeldin. Su argumento central es que levantar un muro tecnológico podría aislar a Estados Unidos en un momento en que la innovación avanza con rapidez en Asia.

El modelo de empresas conjuntas
La alternativa que propone Ford no es una apertura irrestricta. El planteamiento gira en torno a la creación de joint-ventures en suelo estadounidense.
Bajo este esquema, las compañías chinas aportarían tecnología —principalmente en baterías y plataformas eléctricas— mientras que la producción, contratación de personal y parte de la ingeniería se realizarían en Estados Unidos.
El propio Trump sugirió recientemente, en el Club Económico de Detroit, que estaría dispuesto a considerar fórmulas donde los fabricantes extranjeros produzcan en el país siempre que contraten trabajadores estadounidenses. Esa condición encaja con la hoja de ruta de Ford.
Entre los socios potenciales destaca nuevamente BYD, especialmente por su liderazgo en baterías de bajo costo y alto rendimiento. También aparece en el radar Geely, conglomerado que podría colaborar mediante el uso compartido de instalaciones en Europa y desarrollos técnicos conjuntos.
Baterías LFP y la plataforma universal
Ford ya ha dado señales de que está dispuesta a integrar tecnología extranjera bajo licencia. A finales de este año comenzará a producir baterías de litio-ferrofosfato (LFP) en Michigan utilizando tecnología licenciada de CATL. Este tipo de batería es más económica y resistente que otras químicas, lo que permite reducir significativamente el costo final del vehículo.

Estas baterías serán clave para la futura plataforma universal eléctrica (UEV) de la marca, que servirá de base para una nueva generación de modelos más accesibles. El primero de ellos será una pickup eléctrica mediana prevista para 2027.
La meta: una pickup de $30,000 dólares
La cuestión central detrás de toda esta estrategia es el precio. Ford estima que su futura pickup eléctrica podría salir al mercado por aproximadamente $30,000 dólares.
Ese posicionamiento la colocaría en una franja altamente competitiva dentro del mercado estadounidense, incluso por debajo del costo total de propiedad de algunos modelos populares como el Tesla Model Y.
Reducir el precio de acceso es fundamental para masificar la movilidad eléctrica. Sin economías de escala y sin una cadena de suministro optimizada, lograrlo sería prácticamente imposible frente a competidores asiáticos que ya operan con costos estructuralmente más bajos.

Resistencia interna y riesgos geopolíticos
No todos los actores del sector comparten esta visión. General Motors ha manifestado su oposición, argumentando que permitir la entrada de tecnología y fabricantes chinos podría debilitar la cadena de suministro norteamericana y erosionar la cuota de mercado de las marcas locales.
Además, persisten preocupaciones en el ámbito de la seguridad nacional. Algunos funcionarios advierten sobre posibles riesgos de espionaje industrial o dependencia tecnológica estratégica. La discusión trasciende lo comercial y se adentra en el terreno geopolítico.
El contexto internacional también influye. Países como Canadá redujeron recientemente sus aranceles a los vehículos chinos del 100% al 6,1%, buscando facilitar el acceso a opciones eléctricas más asequibles para sus ciudadanos.
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