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¡Son mujeres invencibles!

Las iniciativas del Centro de Mujeres de East Los Angeles ha empoderado a quienes sufrieron violencia doméstica y abuso sexual

El Centro de Mujeres del Este de Los Ángeles (ELAWC) lanzó recientemente la campaña “Día Invencible: Un Día de Fuerza, Un Día para Sobrevivientes”​ para atraer la atención sobre la violencia doméstica y agresión sexual.

El Centro de Mujeres del Este de Los Ángeles (ELAWC) lanzó recientemente la campaña “Día Invencible: Un Día de Fuerza, Un Día para Sobrevivientes”​ para atraer la atención sobre la violencia doméstica y agresión sexual. Crédito: Jorge Luis Macías | Impremedia

Lisa Marie Moreno, de 21 años, es una joven fuerte y decidida a convertirse en una gran defensora de las mujeres sobrevivientes de abuso sexual y, de hecho, ya ha ayudado a aproximadamente 20 mujeres a no dejarse vencer por la adversidad. 

Mientras estudiaba en el City College, donde era cajera, Lisa Marie fue abusada por un compañero de trabajo 10 años mayor que ella. 

“Esa experiencia me afectó mucho en la escuela; mis calificaciones eran terribles”, recuerda Lisa Marie. “Era una niña y no sabía que lo que estaba pasando era abuso sexual; nadie me dijo que era incorrecto el abuso que me estaba haciendo aquel hombre”. 

Lisa Marie Moreno, de 21 años, es una joven fuerte y decidida a convertirse en una gran defensora de las mujeres sobrevivientes de abuso sexual .

Aquel hombre la intoxicaba con mucho alcohol “para que se relajara” y se aprovechaba de ella cuando estaba inconsciente. 

El abuso comenzó después de unos cuatro meses de conocerlo y duró seis meses. Ella estaba por cumplir los 18 años. Se sintió desesperada y comenzó a consumir marihuana. 

“Él me conseguía la droga, pero en dos o tres ocasiones yo estaba demasiado intoxicada… Él me daba mucho alcohol… Nunca había tomado. Una noche ni sabía dónde estaba… Yo lloraba y él me estaba violando”. 

La chica pensó que su madre querría saber dónde estaba, y cuando aquel sujeto la dejó en la puerta de su casa, Lisa Marie estaba completamente borracha. 

Cuando acabó la pesadilla, la chica regresó del norte de California a Los Ángeles, donde conoció a un muchacho bueno que la trató bien y le contó su historia. Su novio la llevó al Centro de Mujeres de East Los Angeles.

Allí, en el East Los Angeles Women’s Center, Lisa Marie se convirtió en voluntaria y comprendió la gravedad de lo que le había sucedido. 

Aprendió que el patrón de conducta perversa de aquel hombre es similar al que emplean los abusadores. 

Conoció a una promotora del centro de atención, ante quien descargó todas sus lágrimas y su dolor. 

“Me dijeron que lo que había hecho aquel hombre no era correcto. Era abuso sexual”, dijo. “Aquí sentí el verdadero amor”. 

Durante los tres años de voluntariado en el centro de ayuda para mujeres, Lisa Marie fue entrenada para asistir a otras mujeres. 

“Por mucho tiempo, sentí que tenía un título de víctima”, narró. “Pero ahora ya no me siento solita. Soy una mujer guerrera y sí, soy invencible…Estoy feliz de celebrar junto a muchas mujeres que son parte de mi familia”. 

Lisa Marie asegura que el abuso sufrido no la define. 

“Me define lo que quiero ser; pensar que no hay nada que pueda detenerme de ser una gran mujer”, enfatiza. 

Por lo pronto, estudia en el Colegio del Este de Los Ángeles (ELAC), donde orienta y previene el abuso sexual en otras estudiantes. Ha planeado transferirse a la UCLA para estudiar derecho y comunicación. 

Lisa Marie ha recibido una capacitación intensa para ser voluntaria y consejera de crisis, ser consciente del trauma que causa el abuso sexual, cómo asistir a otras mujeres, escucharlas y contestar la línea de crisis que tiene abierta el Centro de Mujeres de East Los Angeles, las 24 horas al día, siete días a la semana: CRISIS HOTLINE ( 800) 585-6231 

La chica comparte que ese valor que ha adquirido tras el trauma vivido lo ha obtenido por al amor que ha recibido de otras mujeres en el East Los Angeles Women’s Center. 

“La agresión sexual se da en todas las comunidades y es necesario vencer el miedo para denunciar el problema”: María Elena Foster.

“Cuando me pasó todo, yo vivía con tanto coraje, y cuando sentí el amor aquí, en el Centro de Mujeres, fue cuando me pasaron el amor que yo les doy a las mujeres, incluso mayores que yo”, dijo. “Ya no miro para atrás porque eso no me va a hacer bien”, analiza. 

“Lo que puedo hacer es continuar dando el amor y el apoyo que recibí”, añade. “Entonces, yo quiero ser una voz para las mujeres que todavía no están listas para decir ‘esto me pasó’ 

A su lado, Alejandra Aguilar Avelino, gerente de desarrollo del Centro de Mujeres del Este de Los Ángeles, interviene para felicitar a Lisa Marie. 

“Lo que ella [Lisa Marie] dice, yo nunca lo había puesto en palabras. Es emocionante escucharla porque lo que dice es lo que nos sostiene a nosotras para no dejarnos caer, pues describe esa fortaleza que la hace invencible. 

De ahí la campaña “Invencible”, porque ellas ven la transformación de una persona cuando está tan caída, en el suelo y cuando aprende sus derechos sana. 

“Es como algo mágico. Te transformas y ya no das vuelta atrás”, subraya Alejandra Aguilar Avelino. “Cuando estás enfrente de otra sobreviviente, es como algo invisible que te conecta con ella y te levantas, te conecta el sentimiento, la historia, el amor, las ganas de vivir y de ser la número uno de todo”. 

En el festejo de su 50 aniversario de fundación, el East Los Angeles Women’s Center (ELAWC) conmemoró el Mes de Concientización sobre la Agresión Sexual, destacando su impactante labor y el crecimiento de su campaña “Invencible”, la cual presenta a miembros de su personal, mujeres y hombres, como símbolos de resiliencia. 

Durante el evento efectuado en las instalaciones de ELAWC, en el 1431 S Atlantic Blvd, Los Angeles, se rindió homenaje a la voluntaria de larga trayectoria María Elena Foster, a quien se le otorgó el Premio Golden Hoops. 

“La agresión sexual se da en todas las comunidades y es necesario vencer el miedo para denunciar el problema”, declaró María Elena Foster, quien trabajó como patrullera por 20 años en el Departamento de Policia de Los Ángeles (LAPD), acudiendo a la investigación especializada de violencia intrafamiliar y agresión sexual. 

“No fue tanto porque yo haya escogido esa rama de la justicia, sino que a principios de 1980 en el LAPD comenzaban a ingresar las mujeres, y cuando había ese tipo de casos nos enviaban a nosotras; decían “tú eres mujer y puedes hablar con ellas”. 

Sin embargo, ella no desarrollo una conciencia plena sobre la problemática, sino hasta 2003 cuando -después de haber pasado varios años como consejera de crisis en la fiscalía de distrito del condado de Los Ángeles- le impresionó tanto el trabajo de las mujeres en ELAWC que se unió al grupo. 

Inicialmente ella era “representante de víctimas”, aunque en realidad su función era intervenir en asuntos de crisis: homicidios, agresión sexual, abuso de niños, atropellamientos, cualquier tragedia. 

Tras renunciar a su trabajo, María Elena Foster puso al servicio del prójimo su experiencia que, en 23 años -desde 2009 a 2026- la ha convertido en voluntaria del ELAWC, donde también es como instructora en todos los casos que llegan al centro. 

“Las violaciones y el abuso de menores son los casos más duros que me ha tocado ver”, dijo. “La razón es que casi siempre es alguien conocido el perpetrador, ya sea la madre, el padre, tíos, abuelos etc.”. 

Un caso perturbador 

Ella afirma que es un mito de que sean extraños los abusadores. 

“La realidad es que es una persona que tiene acceso a ese niño o niña, al que los padres le tienen confianza cuando se acercan a sus hijos”, dijo. 

La ex detective de violencia intrafamiliar y agresión sexual recordó el caso de una niña a quien un vecino la había convencido de darle “un masaje especial”. 

Después, la niña comenzó a tocar a inapropiadamente a su propio padre, quien salta de asombro. Llama a su mujer y descubren el abuso y lo reportan a la policia. 

En aquel momento el hombre descubrió el abuso a que había sido sometida su pequeña de cuatro años. 

“El vecino ya tenía entrenada a la niña, quien testificó ante un juez y dijo -en su inocencia- que el vecino le pedía que lo tocara y como premio le iba a dar una paleta…Ese caso aun me hace temblar. Fue desgarrador conocer el caso de esa niña inocente”. 

El agresor fue condenado de por vida en la cárcel. 

Campaña de mujeres “invencibles” 

El Centro de Mujeres del Este de Los Ángeles (ELAWC) lanzó recientemente la campaña “Día Invencible: Un Día de Fuerza, Un Día para Sobrevivientes”, marcando el inicio del mes de concientización sobre la agresión sexual en el condado de Los Ángeles. 

En un momento en que las conversaciones sobre la violencia sexual siguen siendo fundamentales, numerosas mujeres participantes del “Día Invencible” hicieron un llamado a la comunidad a romper el silencio y a estar junto a las sobrevivientes. 

Para conmemorar esta ocasión, ELAWC organizó una “Noche de Expresión / Micrófono Abierto”, donde sobrevivientes, aliados y miembros de la comunidad compartieron historias personales, poesía y mensajes de solidaridad. 

“Mi nombre es libertad” 

“Tú no eres no lo que nos hicieron. Somos fuerza en movimiento, sanación que se ve a veces como felicidad, coraje, tristeza, diferentes emociones encontradas”, expresó la escritora Julia Rojas, de forma poética. “Entonces, eso es sanar en movimiento. Y gracias por estar aquí y no callar la voz que tenemos”. 

Julia Rojas, sobreviviente de violencia doméstica, lee el poema que escribió: “No Tienes Derecho a Nombrarme”.

Su poema se titula: “Tú no tienes derecho a nombrarme”. 

“Irme nunca fue nunca fue fácil. Mi dignidad había estado en silencio demasiado tiempo enterrada bajo tus gritos, tus caos, disfrazados de amor, me negué a perderme y a perdonarme en tus discusiones. 

Me alejé de la tormenta que construiste dentro de nuestro hogar. El hogar que alguna vez creía seguro. La paz se volvió mi elección, no tu veneno. Dejé de confundir tu apego adictivo con cariño. Eso nunca fue amor. 

Aprendí a escuchar con los ojos, a ver con los oídos, a notar como la verdad se esconde en lo que queremos mirar, pero lo escuchamos, vi como tu presencia se volvió una herida abierta, una invitación a mi propio desprecio. 

Escuché lo que el silencio gritaba tus manos. Tus malditas manos no fueron amables con mi cuerpo. Tus palabras borraban mi valor, pero me fui. Sí me fui. Mi ausencia se convirtió en una lección para ti. Aprenderás a respetarme no por mi perdón, sino por mi distancia. Ya no tienes derecho a definir mi valor. Mi sanación habla ahora en tiempo presente. Soy la voz que sobrevivió a tu tormenta estoy reconstruyendo desde el silencio, desde la ausencia. 

Mi nombre no es víctima, mi nombre es libertad, mi cuerpo, mi amor, mi vida me pertenece”. 

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