Por qué el hantavirus no es como el COVID: similitudes y diferencias

Expertos subrayan que, a pesar de la preocupación generada por un brote de hantavirus, el riesgo de una epidemia como el COVID-19 es significativamente bajo

Por qué el hantavirus no es como el COVID: similitudes y diferencias

Dos muestras de sangre de hantavirus que representan el concepto de detección de enfermedades infecciosas. Crédito: Yalcin Sonat | Shutterstock

En este mes de abril, el mundo volvió a pronunciar en voz baja una palabra que evoca miedo: brote. Esta vez, el protagonista no era un coronavirus, sino el hantavirus, específicamente la cepa Andes, detectada a bordo del crucero de expedición MV Hondius mientras navegaba por el Atlántico Sur. El buque había partido de Ushuaia (Argentina) el 1 de abril con pasajeros y tripulación de diversas nacionalidades, y durante la travesía comenzaron a detectarse casos de infección que dejaron al menos tres muertos y desencadenaron una respuesta sanitaria internacional.

La noticia llegó cargada de ecos pandémicos: evacuaciones, cuarentenas, rastreo de contactos en múltiples países. Las redes sociales hicieron el resto. Según los verificadores de VerificaRTVE y Newtral, circularon contenidos falsos que incluían afirmaciones sobre cierres de fronteras, vacunas inexistentes y la reutilización de imágenes de crisis sanitarias anteriores —especialmente de la pandemia de COVID-19— para ilustrar falsamente la situación.

En este clima de incertidumbre, la pregunta cobra fuerza: ¿estamos ante un nuevo COVID?

Diferencias clave entre el hantavirus y COVID-19

Expertos subrayan que, a pesar de la preocupación generada por un brote de hantavirus, el riesgo de una epidemia como el COVID-19 es significativamente bajo.

“Esto no es otro COVID”, declaró el director general de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el Dr. Tedros Adhanom Ghebreyesus, a CBS News.

El hantavirus y el SARS-CoV-2 son patógenos profundamente distintos, y confundirlos no solo es un error científico, sino un riesgo para la salud pública. El hantavirus es menos contagioso que el COVID-19, requiriendo contacto físico prolongado para su transmisión. A diferencia de la COVID-19, que se propaga fácilmente por el aire, el hantavirus se distribuye comúnmente a través de roedores en climas secos.

Al comparar el riesgo y la propagación de ambos, la doctora Céline Gounder, corresponsal médica de CBS News y especialista en enfermedades infecciosas, es rotunda: el COVID-19 se asemeja a un “incendio forestal”, mientras que el hantavirus se describe como un “tronco húmedo”, lo que implica una menor capacidad de propagación.

La transmisión de los hantavirus al ser humano se produce por contacto con la orina, los excrementos o la saliva contaminados de roedores infectados; la infección también puede producirse por mordeduras de roedores, aunque es menos frecuente. En otras palabras, para infectarse con hantavirus, en la mayoría de los casos hay que estar en contacto directo con roedores o sus desechos. Muy poco —solo algunos casos de la cepa de los Andes— se transmite persona a persona, tras un tiempo prolongado de contacto y por intercambio de flujo corporal.

El contraste con el COVID-19 es dramático. Un epidemiólogo llegó a señalar que, si hubiera sido COVID, habría más de 100 contagiados en el barco; sin embargo, a pesar de que el brote se produjo en un espacio cerrado, los afectados en principio eran solamente ocho. l COVID-19 es significativamente más contagioso porque las personas transmiten el coronavirus antes de tener síntomas y pueden contagiar sin saber que están enfermas.

Hantavirus: un virus antiguo, no un enemigo desconocido

El COVID-19 fue causado por un virus nuevo, desconocido para la ciencia, y los investigadores fueron aprendiendo sobre su propagación a medida que avanzaba la pandemia. Mientras que los hantavirus, en cambio, se conocen desde hace décadas, lo que significa que existe mucha más investigación disponible para tratar a los pacientes y prevenir la propagación de las infecciones.

Los hantavirus recientes circulan en las Américas y pueden causar el síndrome pulmonar por hantavirus (SCPH). En diciembre de 2025, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) emitió una alerta epidemiológica tras observar un aumento de casos en países endémicos, particularmente en el Cono Sur. No se trata, pues, de un patógeno emergente ni de una mutación inesperada: es un virus que lleva décadas comportándose de manera predecible en poblaciones y regiones bien delimitadas.

Período de incubación y respuesta sanitaria

El período de incubación del hantavirus variante de los Andes, causante del reciente brote, puede extenderse de dos a seis semanas.

Esto proporciona a los funcionarios de salud más tiempo para planificar su respuesta al brote en comparación con el corto período de incubación de la COVID-19.

Mortalidad más letal, pero con menos alcance

Aquí emerge la que quizás sea la paradoja más llamativa de esta comparación: el hantavirus mata con mayor frecuencia que el COVID-19, pero infecta a muchas menos personas. En las Américas, el hantavirus puede causar el síndrome cardiopulmonar por hantavirus (SCPH), una enfermedad respiratoria grave, con una tasa de letalidad de hasta el 50%. La tasa de mortalidad por COVID-19 en Estados Unidos fue de aproximadamente el 1%, mientras que el hantavirus andino tiene una tasa de mortalidad de hasta el 39,8%.

Sin embargo, esta letalidad no se traduce en un impacto masivo porque el virus simplemente no llega a tantas personas. En 2025, ocho países notificaron 229 casos confirmados y 59 muertes. En lo que va de 2026, hasta la semana epidemiológica 15, se han notificado 94 casos y 13 muertes en toda la región. Para tener una referencia de escala: el COVID-19 infectó a cientos de millones de personas en el mundo en cuestión de meses.

Síntomas similares, origen diferente

Ambos virus comparten ciertas manifestaciones clínicas que pueden confundir a los pacientes y a los propios médicos en estadios tempranos. Los síntomas suelen comenzar entre una y ocho semanas después de la exposición e incluyen fiebre, dolor de cabeza, dolores musculares y síntomas gastrointestinales como dolor abdominal, náuseas o vómitos. En el caso del síndrome pulmonar por hantavirus, la enfermedad puede evolucionar rápidamente hacia tos, dificultad respiratoria, acumulación de líquido en los pulmones y choque.

El diagnóstico temprano de la infección por hantavirus puede ser complicado, ya que los síntomas iniciales son comunes a otras enfermedades febriles o respiratorias, como la influenza, la COVID-19, la neumonía viral, la leptospirosis, el dengue o la sepsis.

Vacunas y tratamientos

Actualmente, no existe una vacuna universal aprobada contra el hantavirus ni un antiviral específico capaz de curarlo por completo. El tratamiento se basa principalmente en soporte intensivo y atención temprana para evitar complicaciones respiratorias o cardíacas.

Con el COVID-19, la situación evolucionó de manera distinta: tras la pandemia se desarrollaron vacunas, tratamientos antivirales y protocolos hospitalarios mucho más avanzados, lo que redujo considerablemente el riesgo de muerte en pacientes vulnerables.

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