El túnel submarino que podría unir Europa y África vuelve a tomar impulso
España y Marruecos reactivan los estudios del túnel bajo el Estrecho de Gibraltar, un megaproyecto que uniría Europa y África por tren
Ilustración conceptual del megaproyecto ferroviario que estudia unir España y Marruecos con un túnel submarino bajo el Estrecho de Gibraltar. Crédito: Imagen creada con AI / Georgina Elustondo | Impremedia
Durante más de un siglo, la idea pareció una fantasía de ingenieros: unir Europa y África con un túnel bajo el mar, atravesando una de las zonas marítimas más simbólicas y complejas del mundo. Ahora, el proyecto del Enlace Fijo a través del Estrecho de Gibraltar volvió a tomar impulso y reabrió una pregunta enorme: ¿podrían España y Marruecos quedar conectados por tren bajo el Mediterráneo?
La respuesta corta es que el proyecto existe, tiene respaldo institucional y sigue avanzando en estudios técnicos. Pero hay que matizar: el túnel todavía no se está construyendo. No hay obra iniciada ni fecha oficial de apertura. Lo que sí hay es una reactivación política y técnica de un plan que España y Marruecos vienen estudiando desde hace décadas.
El proyecto es gestionado del lado español por SECEGSA, la Sociedad Española de Estudios para la Comunicación Fija a través del Estrecho de Gibraltar, dependiente del Ministerio de Transportes. Su función no es construir ya la obra, sino desarrollar estudios para una conexión fija entre ambos países. La propia entidad define el enlace como una infraestructura clave para integrar Europa y África en los ámbitos social, económico y cultural.
La idea volvió al centro de la conversación por nuevos informes técnicos y por una partida adicional de fondos para continuar los estudios. En marzo de 2026, España autorizó €1.73 millones para trabajos técnicos vinculados al posible túnel ferroviario bajo el Estrecho, según reportó International Railway Journal.

Cómo sería el túnel entre España y Marruecos
El diseño que se estudia no apunta a una autopista para autos, sino a una conexión ferroviaria. El trazado más citado plantea unir el sur de España con el norte de Marruecos, en una ruta que conectaría la zona de Punta Paloma, en Cádiz, con Punta Malabata, cerca de Tánger.
Según datos publicados sobre el diseño preliminar, la infraestructura tendría alrededor de 42 kilómetros entre terminales, con cerca de 28 kilómetros bajo el mar. La profundidad máxima podría llegar a unos 475 metros, lo que convierte al proyecto en un desafío técnico muy superior a una obra ferroviaria convencional.
La comparación inevitable es con el Eurotúnel, que une Francia y Reino Unido bajo el Canal de la Mancha. Sin embargo, aunque el túnel del Estrecho podría ser más corto en longitud total, sus condiciones geológicas y marítimas son más complejas. El fondo del Estrecho de Gibraltar presenta relieves, fallas, fuertes corrientes y zonas de gran profundidad que obligan a estudios minuciosos antes de cualquier decisión de obra.
Ese es el punto que suele perderse en los titulares más espectaculares: no basta con que la distancia parezca manejable. El problema no es solo unir dos costas, sino hacerlo bajo una de las franjas marítimas más exigentes del planeta.
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Por qué el proyecto volvió a tomar impulso
La reactivación del túnel coincide con un momento de mayor acercamiento estratégico entre España y Marruecos, dos países que comparten intereses económicos, migratorios, comerciales y logísticos. También pesa el contexto del Mundial 2030, que organizarán España, Portugal y Marruecos, aunque los plazos reales del túnel hacen prácticamente imposible pensar en una apertura para ese evento.
El impulso más concreto viene de los estudios técnicos. Le Monde informó que una evaluación de la firma alemana Herrenknecht, especializada en tuneladoras, consideró técnicamente viable la conexión bajo el Estrecho, aunque todavía queda pendiente una decisión política de fondo. Según ese reporte, España y Marruecos apuntan a tomar una decisión hacia 2027.
Ese dato cambia el tono de la historia. No estamos ante una obra aprobada, sino ante un proyecto que pasó de ser una idea recurrente a una posibilidad técnica más seria. El avance no significa que las máquinas vayan a comenzar a perforar mañana, pero sí que el plan ya no se limita a una visión diplomática o simbólica.

Cuánto costaría el megaproyecto
La cifra que más circula es de alrededor de €8,500 millones o €9,000 millones, aunque no debe tomarse como presupuesto definitivo. Le Monde habló de un costo cercano a €9,000 millones, con la advertencia de que podría aumentar, como ocurrió con otras grandes infraestructuras subterráneas.
Otros análisis han mencionado estimaciones más altas, incluso en torno a €15,000 millones, dependiendo del diseño final, las condiciones geológicas, el calendario de obra, la financiación y los riesgos técnicos. El País publicó en 2025 que España y Marruecos habían destinado históricamente importantes fondos a estudios de viabilidad y que el costo potencial podía ubicarse en cifras mucho más elevadas.
Qué cambiaría si el túnel se construye
Si algún día se concreta, el túnel transformaría la relación entre Europa y África. La conexión permitiría mover pasajeros y mercancías por tren entre España y Marruecos, reduciendo la dependencia del transporte marítimo y reforzando los corredores comerciales entre ambos continentes.
También tendría un valor simbólico enorme. El Estrecho de Gibraltar no es solo una frontera geográfica: es un punto donde se cruzan comercio, migración, seguridad, turismo y geopolítica. Una conexión fija bajo el mar convertiría esa frontera en un corredor permanente.
Para Marruecos, podría consolidar su papel como plataforma logística entre África y Europa. Para España, reforzaría su posición como puerta sur del continente europeo. Y, para la región mediterránea, abriría una nueva etapa de integración ferroviaria y comercial.
El gran obstáculo: no es solo ingeniería
El túnel del Estrecho suele presentarse como un reto tecnológico, pero su dificultad también es política. España y Marruecos necesitan mantener una cooperación estable durante años, quizá décadas, para que el proyecto avance desde los estudios hasta la construcción real.
Además, la obra se desarrollaría en un espacio sensible. El Estrecho es una ruta marítima de enorme valor estratégico y una zona atravesada por tensiones migratorias, comerciales y de seguridad. Esa realidad obliga a pensar el túnel no solo como infraestructura, sino como una decisión geopolítica de largo plazo.
También está el calendario. Aunque algunos titulares lo vinculan al Mundial 2030, los plazos técnicos hacen improbable cualquier inauguración antes de esa fecha.
Un proyecto real, pero todavía no es una obra en marcha
El túnel submarino entre España y Marruecos no es una invención. Es un proyecto real, con décadas de estudios, una sociedad pública dedicada a analizarlo y nuevos fondos para avanzar en su definición técnica. Pero todavía está lejos de ser una obra en marcha.
La diferencia es importante: no se puede afirmar que España y Marruecos ya estén construyendo el túnel, pero sí que el viejo sueño de unir Europa y África bajo el mar volvió a ganar impulso y atraviesa una nueva etapa de análisis.
En un mundo donde las grandes infraestructuras suelen tardar décadas en pasar del papel a la realidad, el túnel del Estrecho sigue siendo una promesa monumental. Si se concreta, cambiaría el mapa de conexiones entre dos continentes. Si no, quedará como uno de los proyectos más ambiciosos —y más postergados— de la ingeniería moderna.
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