La vida real de un motor bien cuidado puede sorprenderte
El mantenimiento y los hábitos de manejo pueden marcar la diferencia entre un motor agotado y uno capaz de recorrer cientos de miles de millas
El potente motor de la Nissan Patrol Nismo 2026. Crédito: Nissan. Crédito: Cortesía
Pocos componentes generan tanta tranquilidad o preocupación como el motor de un automóvil. Al fin y al cabo, se trata del corazón mecánico del vehículo y de una de las piezas más costosas de reparar o reemplazar. Por eso, muchos propietarios se preguntan hasta dónde puede llegar antes de comenzar a dar problemas serios.
Lee también: El auto más vendido del mundo no es eléctrico ni es Tesla
La respuesta depende de varios factores, aunque existen cifras que sirven como referencia.
Puedes leer: Qué significa la señal de tránsito con una rana en Estados Unidos
Los avances en ingeniería, materiales y lubricantes han permitido que los motores modernos sean mucho más resistentes que los de hace algunas décadas.
La cifra que suele tomarse como referencia
De acuerdo con datos de la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA), un motor de gasolina moderno puede alcanzar alrededor de 200,000 millas antes de llegar al final de su vida útil prevista. Traducido a un uso normal, eso representa aproximadamente entre 13 y 14 años de conducción para muchos propietarios.
Sin embargo, esa cifra no debe interpretarse como un límite definitivo. Existen numerosos casos de vehículos que han superado ampliamente ese kilometraje sin requerir reparaciones mayores en el motor.
Los motores diésel suelen destacar todavía más en este apartado. Gracias a su construcción reforzada y a su diseño orientado al trabajo continuo, pueden recorrer distancias superiores siempre que reciban los cuidados adecuados.

El mantenimiento sigue siendo la clave
La diferencia entre un motor que envejece bien y otro que acumula averías prematuras suele estar relacionada con algo muy simple. El mantenimiento preventivo.
Cambiar el aceite cuando corresponde, sustituir filtros, controlar los niveles de fluidos y atender pequeñas fallas antes de que se conviertan en problemas mayores puede prolongar significativamente la vida útil del vehículo.
Entre todas esas tareas, el cambio de aceite ocupa un lugar fundamental. Este fluido reduce la fricción entre las piezas internas, ayuda a controlar la temperatura y protege los componentes contra el desgaste.
La forma de conducir también importa
No todo depende del taller. Los hábitos al volante tienen un impacto directo sobre la salud mecánica del motor.
Por ejemplo, resulta recomendable evitar aceleraciones fuertes apenas se enciende el vehículo. Dar unos instantes para que el aceite llegue a todas las partes móviles ayuda a reducir el desgaste.

También es aconsejable permitir que el motor alcance su temperatura normal de funcionamiento antes de exigirle el máximo rendimiento. Del mismo modo, tras recorridos largos o exigentes, dejarlo funcionando brevemente antes de apagarlo puede favorecer una mejor estabilización térmica.
Por último, revisar periódicamente el nivel de aceite es una costumbre sencilla que puede evitar averías costosas, especialmente en vehículos equipados con motores turboalimentados.
Al final, la longevidad de un motor no depende únicamente de una cifra escrita en un manual. El cuidado constante, la calidad de los mantenimientos y una conducción responsable suelen marcar la diferencia.
Por eso, alcanzar las 200,000 millas ya no es una hazaña extraordinaria para muchos vehículos actuales. Con atención y buenos hábitos, algunos motores pueden seguir funcionando de manera confiable mucho más allá de lo que muchos conductores imaginan.
Seguir leyendo:
El Ferrari Luce sorprende con una tecnología inédita
La nueva bestia china promete hasta 1,500 km de autonomía
El legendario Skyline prepara su regreso bajo otra marca