Barrancos Fruit conquista el paladar de los angelinos
Padre e hijo se unen para hacer crecer su negocio de yogures
Aron Barranco, 57, y su hijo Iván Barranco, 28, en su puesto de yogures en Boyle Heights. Crédito: Janette Villafana | Impremedia
Lo que comenzó en la cajuela de la van de Aaron Barranco hace 14 años, en el este de Los Ángeles, se ha convertido en un puesto que, desde entonces, ha crecido hasta convertirse en un pop-up que ahora vende en más de 7 zonas del condado. Al lado de Iván Barranco, este dúo de padre e hijo hizo crecer el negocio y ahora trabaja en familia, sirviendo los yogures más populares de Boyle Heights y, posiblemente, de todo Los Ángeles.
“La idea surgió en México; vimos cómo allá vendían algo similar, pero con gelatina, y dije: vamos a hacer eso, pero con yogurt y frutas”, dijo Aaron, dueño de Barrancos Fruit. “Y gracias a Dios nos ha ido muy bien”.

El jueves por la mañana, Aaron, de 57 años, y su hijo Iván, de 28 años, ya estaban en su puesto en Boyle Heights; sus mesas estaban llenas de cubetas de yogur de diferentes sabores, hieleras con yogures personales y, entre el equipo, preparaban la venta del día. Para las 7 de la mañana ya estaban listos para recibir a sus clientes.
Al visitar su puesto, se puede observar que, a un lado, hay otros vendedores, como unas señoras que vendían pollos asados; en el otro puesto, a su derecha, vendían ricas carnitas y chilaquiles, pero aun así, cada unos minutos pasaban varios carros que venían específicamente por su yogur con ricas frutas frescas.
Con cada minuto que pasaba, se notaba cómo la montaña de yogures que tenían empezaba a desaparecer gracias a las personas que se dirigían al trabajo por la mañana y llegaban a Barrancos Fruit para desayunar.
“Me da dos de mango, un con todo y el otro solo con miel”, dijo un cliente que estaba comprando su desayuno.
Pero antes de conseguir 16 mil seguidores en TikTok y 26 mil en Instagram, empezaron desde cero y, de hecho, comenzaron con raspados, no con los yogures. Para Aaron, quien es de Puerto Escondido, Oaxaca, México, todo comenzó vendiendo raspados.


“Empecé en el 96 a vender raspados y nos fue bien, pero cuando metimos los yogures pegó más y fue entonces cuando decidimos vender solo yogures preparados”, dijo Aaron. “En una van le quité los asientos de atrás y de ahí empezamos; visitaba fábricas y negocios; iba al centro de Los Ángeles y andábamos por todas partes”.
En el 2012 dijo que fue cuando decidió dejar de vender raspados, aunque le iba bien en la venta; dijo que notó que la gente empezó a buscar más sus yogures. Como emprendedor y vendedor ambulante, dijo que sí llegó a tener problemas con la seguridad en los lugares donde vendía, que les decía que no podían vender en la calle, corriendo a ellos de sus locales.
Pero en vez de derrotarse y darse por vencido, Aaron dijo que eso lo impulsó a sacar sus permisos y empezar a vender en farmers markets y swapmeets.
“Al principio, cuando nos dijo que quería dejar de vender raspados, me confundí porque me pregunté: ¿Por qué? Nos está yendo muy bien, pero después de probar su receta y ver cómo le gustaba mucho a la gente, empecé a ver su visión”, dijo su hijo Iván.

Iván dijo que ha podido ver cuánto esfuerzo sus padres le han puesto a su negocio a lo largo de los años, ya que desde los 15 años acompañaba a su papá cuando lo contrataban para vender en fiestas.
Ahora, como adulto, él le ayuda a su papá no solo con la operación del negocio, pero también con la introducción a las redes sociales. Aunque tuvo unos años en los que se enfocó en su propio negocio, dijo que cuando lo vendió, decidió regresar para ayudar a su papá.

“Un primo me había enseñado la importancia de las redes sociales y cómo pueden ayudar a un negocio y empecé a hacer videos”, dijo Iván. “Incorpore todo lo de las redes sociales: fotos, reels, contando su historia para que la gente conociera a la persona que vende sus yogures favoritos”.
Y vaya que el amor que le ponen a sus yogures se nota y se saborea. Cada yogur tiene fruta picada, como piña, coco, mango, maracuyá y más. Y los yogures no son súper dulces; lo dulce viene de las frutas y de la miel. Cada yogurt estilo Barranco es un bocado refrescante y saludable, con una base de yogur y trigo y, encima, lo preparan con amaranto, miel, nueces y granola: algo tan sencillo pero delicioso. El desayuno o snack perfecto.
Para los dos, su parte favorita del trabajo no solo es ver cuánto le encanta a la gente su receta de youres, sino también poder convivir como familia, padre e hijo. Cada uno aprendiendo del otro.
“Se siente increíble poder trabajar con mi papá y mi familia”, dijo Iva, con los ojos llenos de orgullo y lágrimas. “Yo se cuánto han trabajado mis papás a lo largo de los años, y poder estar con ellos en el negocio, trabajar junto a ellos y ver cómo crecemos como familia y como empresa. Creo que eso nos ha unido aún más a todos”.
Para ambos, el plan ideal es distribuir sus yogures a diferentes tiendas y tener su propio local donde puedan realizar pedidos más grandes. Pero por ahora se avientan unos días en los que trabajan de 7 a 11 haciendo pop-ups en farmers markets, en eventos como Smorgasburg y otros.
“Queremos crecer más; queremos estar en más ciudades”, dijo Aaron. “Y claro que convivir en familia nos hace más fuertes; yo le digo que él es el futuro de nuestro negocio y va a llegar más lejos que nosotros; se por qué ya lo está haciendo”.
Para saber dónde venden cada semana, visiten su página en Instagram, donde publican sus días de venta.