Trastorno de estrés postraumatico: fenómeno que se desarrolla tras vivir un terremoto

Además del sismo fantasma, en situaciones de desastre, también es muy común experimentar reacciones de estrés agudo

Trastorno de estrés postraumatico: fenómeno que se desarrolla tras vivir un terremoto

Hombre rememora momentos trágicos en visita al psicoterapeuta Crédito: Frame Stock Footage | Shutterstock

Un terremoto dura, en promedio, menos de un minuto. Pero para miles de personas que lo viven, el cuerpo y la mente pueden seguir “temblando” durante meses o incluso décadas después de que el suelo se ha quedado quieto.

Ese fenómeno tiene nombre clínico: trastorno de estrés postraumático (TEPT), una de las consecuencias psicológicas más documentadas —y más subestimadas— de los desastres sísmicos.

Además del sismo fantasma, en situaciones de desastre, también es muy común experimentar reacciones de estrés agudo.

Una herida que no se ve en las radiografías

A diferencia de una fractura o una contusión, el TEPT no aparece en un escáner. Sin embargo, su impacto es igual de real. Quienes lo desarrollan suelen experimentar pensamientos intrusivos, pesadillas recurrentes y flashbacks del momento del sismo, junto con ansiedad, alteraciones del sueño, hipervigilancia y dificultades para adaptarse socialmente, según evidencia recogida en estudios sobre adolescentes afectados por desastres naturales en América Latina.

El cuadro no se limita a episodios puntuales de miedo. Las personas que sufren daños graves o viven en zonas devastadas tienden a presentar más síntomas de “re-experimentación” del evento traumático, mayor hiperactivación del sistema nervioso, tristeza persistente, menor cuidado de su salud y problemas para resolver tareas cotidianas que antes manejaban sin dificultad, de acuerdo con investigaciones realizadas tras el terremoto y tsunami de Chile de 2010. Trauma que ahora con seguridad arrastrarán los venezolanos víctimas del doble sismo de 7.2 y 7.5 en la escala de magnitud de momento (Mw), del pasado 24 de junio.

Una huella que puede durar décadas

Uno de los datos más inquietantes sobre este trastorno es su capacidad de persistir en el tiempo. Especialistas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) han señalado que el síndrome de estrés postraumático puede mantenerse hasta 20 años en quienes lo padecen, especialmente si no reciben tratamiento adecuado.

El psicólogo Benjamín Domínguez Trejo advierte que las personas afectadas suelen perder interés en el trabajo y en el contacto social, y que en algunos casos recurren al alcohol o las drogas como vía de escape ante los síntomas.

Esta cronicidad no es un caso aislado. Un estudio realizado diez años después del terremoto de Wenchuan (China, 2008) encontró que, a pesar del tiempo transcurrido, los sobrevivientes de las zonas más afectadas todavía presentaban trastornos mentales graves, lo que llevó a los investigadores a llamar a gobiernos e instituciones de salud a tomar medidas urgentes para mejorar la atención psicológica de estas comunidades.

En la misma línea, una revisión sistemática sobre el Gran Terremoto de Japón Oriental de 2011 —que estuvo acompañado de un tsunami y del desastre nuclear de Fukushima— se propuso reconstruir las trayectorias de salud mental de los sobrevivientes a largo plazo, precisamente porque, aunque los efectos psicológicos inmediatos de la catástrofe están bien documentados, se sabe mucho menos sobre lo que ocurre con esa salud mental años después del evento.

Niños y adolescentes, los más vulnerables

La infancia y la adolescencia constituyen uno de los grupos de mayor riesgo. Se estima que entre el 25% y el 60% de los niños experimenta un evento traumático significativo antes de llegar a la adultez, y los terremotos figuran entre los más determinantes.

Un estudio sobre menores expuestos al terremoto y tsunami chileno de 2010 —uno de los diez más fuertes registrados en el mundo— documentó cómo esta población desarrolla sintomatología de TEPT de forma particularmente marcada.

La reconstrucción posible

Mientras la infraestructura puede reconstruirse en meses o años, la salud mental de los sobrevivientes requiere un compromiso sostenido en el tiempo.

Reconocer el TEPT como una consecuencia esperable —y tratable— de los terremotos es el primer paso para que ninguna comunidad afectada quede sola frente a esta réplica invisible.

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