Uno de los mayores errores que cometemos y que acelera el envejecimiento es no dormir lo suficiente, asevera experto
Estudios recientes han demostrado que el sueño es lo principal, sobre el ejercicio y la nutrición, asegura. "Si quieres vivir más, hay que dormir más"
Hombre duerme plácidamente. Crédito: Andrey_Popov | Shutterstock
Investigaciones recientes destacan que, a pesar de los consejos sobre la importancia del sueño, muchas personas continúan sacrificando horas de descanso. No es una pérdida de tiempo, es una inversión. Figuras como Rafael García Guzmán, experto en longevidad, subrayan a ABC de España que dormir no es solo un lujo, sino una necesidad vital.
El insomnio o la reducción de horas de sueño puede provocar un deterioro significativo de la salud. Efectos como agotamiento energético, aceleración del envejecimiento y debilitamiento del sistema inmune son algunas de las graves consecuencias mencionadas por los expertos.
“Son muchos los errores que cometemos en nuestro día a día y que inciden directamente en nuestra longevidad. Pero si tuviese que decir cuál es el top, el número uno sería sacrificar horas de sueño voluntariamente”, declaró rotundamente.
Llamado de acción para hábitos de sueño saludables
Fomentar una rutina de sueño adecuada es fundamental. Se recomienda respetar entre 7 y 9 horas de sueño nocturno, especialmente durante épocas de mayor calor, como el verano, cuando la deshidratación puede impactar negativamente en la calidad del sueño.
García Guzmás aclara que no quiere decir que se deba madrugar menos, sino irse antes a la cama para poder dormir esas horas que necesitamos en nuestro día a día. “Porque dormir no es un capricho, es dotar al cuerpo de la gasolina necesaria”, recalca.
Afirma que un correcto descanso marca la diferencia en cualquier nivel de la vida. “Hasta hace muy poco creíamos que el ejercicio físico y la nutrición eran los dos hábitos más importantes para mejorar la calidad de vida y alargar nuestra vida, pero los últimos estudios científicos nos demuestran que el sueño es lo principal”, asegura. “Si quieres vivir más, hay que dormir más”.
El experto explica que el proceso que se desarrolla mientras estamos en la cama es absolutamente asombroso. “El descanso nocturno es el momento en el que el cuerpo se regenera, elimina toxinas y repara el daño celular. Privarnos de él es acortar nuestra esperanza de salud”.
En conclusión: es imperativo que la sociedad reconozca que mejorar la calidad del sueño puede tener un impacto crucial en la salud general y prolongar la vida.

Consecuencias de la falta de sueño a largo plazo
La falta de sueño crónica perjudica seriamente la salud mental: aumenta el riesgo de depresión y ansiedad, deteriora la regulación emocional y empeora la atención, la memoria y la toma de decisiones a largo plazo.
Principales consecuencias
- Mayor riesgo de depresión y ansiedad a largo plazo, incluyendo empeoramiento de síntomas existentes.
- Dificultades en la regulación emocional: irritabilidad, reactividad emocional y menor capacidad para procesar emociones negativas.
- Déficits cognitivos persistentes: problemas de atención, memoria y resolución de problemas que afectan el rendimiento académico y laboral.
Mecanismos relevantes
- Alteración de neurotransmisores (serotonina, dopamina) y aumento del cortisol (estrés), que influyen en el estado de ánimo y la ansiedad.
- Impacto sobre la plasticidad cerebral y los procesos de consolidación de la memoria que ocurren durante el sueño, lo que explica pérdidas cognitivas sostenidas.
Riesgos asociados y comorbilidades
- La falta de sueño aumenta la probabilidad de desarrollar trastornos médicos (obesidad, diabetes, hipertensión) que a su vez agravan la salud mental.
- Mayor riesgo de conductas impulsivas, accidentes y disminución de la productividad, lo que puede generar estrés crónico y empeorar la salud mental.
Qué hacer
- Priorizar 7–9 horas de sueño nocturno regular; mantener horarios constantes y buena higiene del sueño ayuda a reducir riesgos.
- Si hay insomnio persistente o síntomas depresivos/ansiosos, consultar con un profesional de salud mental o un especialista en sueño para evaluación y tratamiento (TCC-i, medicación o intervención combinada).
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