Una dieta saludable es demasiado cara para una de cada tres personas en el mundo, según la ONU
Resaltan la necesidad urgente de tomar medidas para abordar la crisis alimentaria y mejorar la asequibilidad y disponibilidad de alimentos saludables
Mesa de distribución de alimentos para la atención de necesidades básicas. Crédito: Studio Romantic | Shutterstock
Un informe de cinco agencias de la ONU indica que 2,690 millones de personas no pueden permitirse una dieta variada que satisfaga sus necesidades nutricionales. La asequibilidad de los alimentos se describe como un tema urgente que requiere atención inmediata, ya que, si no, no se alcanzará el objetivo mundial de hambre cero para 2030.
El informe, referenciado por The Guardian, señala que el hambre en el mundo ha caído al 7.8% de la población en 2025, pero la falta de acceso a una alimentación saludable se mantiene como una grave preocupación. Por ejemplo, en África, el 66.6% de la población no puede costear una dieta balanceada, siendo este el porcentaje más alto a nivel global.
El aumento de la obesidad también se destaca, con cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que indican un incremento del 12.1% al 16.2% entre adultos en solo diez años. La falta de diversidad en la dieta contribuye a problemas de salud como la diabetes y el cáncer.
Soluciones sugeridas
Máximo Torero, economista jefe de la FAO, enfatiza la necesidad de invertir en infraestructura y desarrollo para mejorar la cadena de suministro de alimentos. Las reformas en políticas públicas son necesarias para fomentar el consumo de frutas y verduras, además de diversificar la dieta.
El informe, titulado “El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo 2026”, advierte que el aumento en el costo de una dieta saludable supera el umbral de pobreza extrema, lo que incrementa el riesgo de crisis alimentarias en el futuro. Las condiciones geopolíticas, especialmente en Oriente Medio, también podrían impactar la seguridad alimentaria global.
El mismo calcula que el costo de una dieta saludable es de 4.28 dólares al día en paridad de poder adquisitivo (PPA). Lo que significa que, en cualquier país, una dieta saludable cuesta la cantidad de moneda local con el mismo poder adquisitivo que 4.28 dólares en Estados Unidos.
“El umbral de pobreza extrema es de 3 dólares por persona”, dice Torero. “Así que es significativamente más alto”, recoge The Guardian.

Dieta no adecuada
Advierte el economista que las políticas gubernamentales se habían centrado normalmente en subvencionar los cereales y los alimentos básicos ricos en almidón, en lugar de la carne, los productos lácteos, las frutas y las verduras.
“Eso significa calorías, pero no diversidad en la dieta”, destacó, lo cual tiene un alto impacto en las tasas de obesidad y enfermedades como el cáncer y la diabetes.
En conclusión, el informe destaca la necesidad urgente de tomar medidas para abordar la crisis alimentaria y mejorar la asequibilidad y disponibilidad de alimentos saludables a nivel mundial.
Grupos más vulnerables
La crisis alimentaria golpea con más fuerza a quienes ya viven en pobreza, conflicto, desplazamiento o fragilidad climática, y sus efectos no son iguales en todas las regiones. En África y Asia occidental, donde el hambre sigue aumentando, los hogares vulnerables suelen enfrentar más saltos de comidas, desnutrición infantil y dependencia de ayuda humanitaria.
África y Asia occidental. En África, la proporción de la población que enfrenta hambre superó el 20% en 2024, con unos 307 millones de personas afectadas, mientras que en Asia occidental la cifra llegó a 12.7%, más de 39 millones. En estas zonas, los conflictos, la violencia y el colapso económico agravan la falta de acceso a alimentos, y los niños son especialmente vulnerables por el mayor riesgo de enfermedad y muerte asociada a la malnutrición.
América Latina y Asia. En Asia meridional y América Latina y el Caribe hubo mejoras recientes, con menos subalimentación que en años anteriores. Aun así, la crisis sigue afectando más a los hogares de bajos ingresos, porque la inflación de alimentos encarece la dieta saludable y obliga a priorizar cantidad sobre calidad nutricional. Eso perjudica especialmente a niños pequeños, embarazadas y personas con empleos informales, que tienen menos margen para absorber subidas de precios.
Grupos más expuestos
- Niños menores de cinco años, por desnutrición, retraso del crecimiento y mayor riesgo de infecciones.
- Mujeres embarazadas y lactantes, porque requieren más nutrientes y suelen comer menos en contextos de escasez.
- Desplazados, refugiados y comunidades en zonas de conflicto, donde se rompen mercados, ingresos y cadenas de suministro.
- Hogares rurales pobres y pequeños agricultores, que pierden cosechas, ganado o acceso a mercados por sequías, inundaciones o violencia.
Efectos concretos. La crisis alimentaria no solo reduce las calorías disponibles; también deteriora la salud, el aprendizaje y la estabilidad social. Los hogares afectados suelen vender bienes, endeudarse o reducir atención médica para comprar comida, lo que amplía la pobreza y hace más difícil recuperarse. A largo plazo, la malnutrición infantil limita el desarrollo físico y cognitivo, y eso mantiene el ciclo de vulnerabilidad entre generaciones.
Diferencias regionales. La crisis toma formas distintas según la región: en zonas de conflicto pesa más la interrupción del acceso y la violencia, mientras que en áreas expuestas al clima dominan sequías, inundaciones y pérdida de cosechas. Donde la inflación es alta, incluso quienes no están en hambre extrema pueden quedar sin una dieta saludable, sobre todo en países de bajos ingresos. Por eso, el impacto real depende tanto de la región como del nivel de protección social y de ayuda humanitaria disponible. Una forma simple de verlo es esta: en un país con guerra, el problema suele ser “no puedo conseguir comida”; en un país con inflación alta, muchas familias pasan a “sí hay comida, pero no puedo pagar una dieta adecuada”.
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