Aumento significativo del cáncer de pulmón en no fumadores
La tendencia creciente de casos de cáncer de pulmón entre no fumadores se ha dado especialmente en mujeres jóvenes menores de 50 años
Revisión de pulmón por la imagen de pecho de radiografía en pantalla digital. Crédito: create jobs 51 | Shutterstock
Durante décadas, el cáncer de pulmón fue sinónimo de tabaquismo. Pero esa asociación, aunque sigue siendo mayoritariamente cierta, ya no cuenta toda la historia. En Estados Unidos, entre el 10% y el 20% de los pacientes diagnosticados con esta enfermedad nunca han fumado, según datos citados por los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) y recogidos por Regional Cancer Care Associates. Otras fuentes médicas, como el Roswell Park Comprehensive Cancer Center, sitúan la cifra en un rango similar, de entre el 15% y el 20%.
Lo más llamativo no es solo la magnitud de esa proporción, sino su tendencia: mientras la incidencia general de cáncer de pulmón desciende en el país —producto de menores tasas de tabaquismo y de mejoras en la detección temprana—, la porción de casos entre “nunca fumadores” crece de forma constante.
Es también significativo que la tendencia creciente de casos se ha dado especialmente en mujeres jóvenes menores de 50 años. A diferencia de los fumadores, el tipo más común en este grupo es el adenocarcinoma.
Aumento entre mujeres asiático-americanas
Uno de los hallazgos que más preocupa a la comunidad médica es el aumento sostenido de casos entre mujeres asiático-americanas que nunca fumaron. Un estudio reciente encontró que la incidencia de cáncer de pulmón en este grupo se incrementó alrededor de un 2% cada año entre 2007 y 2018, una tendencia que resulta especialmente inquietante porque coincide con el período en que las tasas cayeron en el resto de la población.
Los investigadores todavía no logran explicar con certeza el origen de esta disparidad, aunque manejan varias hipótesis relacionadas con exposiciones ambientales y factores genéticos específicos.

Del radón a las mutaciones genéticas
A diferencia del cáncer de pulmón asociado al tabaco, el que aparece en no fumadores tiene un mapa de causas más difuso y variado:
- Radón: este gas radiactivo, presente de forma natural en el suelo y las rocas, es señalado por la Agencia de Protección Ambiental (EPA) como la principal causa de cáncer de pulmón entre las personas que no fuman en Estados Unidos, y la segunda causa general de la enfermedad en el país.
- Humo de segunda mano: la exposición al humo ajeno sigue siendo un factor de peso. Según los CDC, este humo aumenta el riesgo de cáncer de pulmón entre un 20% y un 35%, y provoca la muerte de más de 7,300 no fumadores cada año en Estados Unidos.
- Exposición química y ocupacional: sustancias como el arsénico, el asbesto, el cromo, los humos diésel y los solventes industriales elevan el riesgo, en particular entre trabajadores de sectores como la construcción, los ferrocarriles o los servicios de extinción de incendios.
- Mutaciones genéticas adquiridas: la investigación reciente pone el foco en alteraciones no heredadas, como las del gen EGFR, que aparecen con frecuencia notable en pacientes no fumadores. En Taiwán, por ejemplo, este tipo de mutación se detectó en casi la mitad de las mujeres diagnosticadas sin antecedentes de tabaquismo, lo que ha llevado a algunos epidemiólogos a sugerir que el peso del ambiente podría superar al de la herencia genética.
Un diagnóstico que llega tarde
El problema no es solo que la enfermedad aparezca en un grupo inesperado, sino que suele detectarse en etapas avanzadas. Los programas de cribado actuales están diseñados principalmente para personas con largo historial de tabaquismo, lo que deja fuera a buena parte de los pacientes no fumadores. Esa baja sospecha clínica retrasa los diagnósticos y complica el pronóstico, especialmente en los casos —cerca del 10% del total— que se presentan en menores de 55 años.
Ampliar los criterios de detección temprana podría cambiar significativamente ese panorama: algunos especialistas estiman que hacerlo elevaría la tasa de detección hasta un 94% y evitaría miles de muertes cada año en el país.
Luz al final del túnel
No todo el panorama es sombrío. Los avances en tratamientos dirigidos contra mutaciones específicas han transformado el pronóstico para muchos pacientes no fumadores en las últimas dos décadas.
Según explicó el oncólogo David Carbone a la revista Nature, la supervivencia media con quimioterapia convencional rondaba los ocho meses hace veinte años; hoy, con terapias orales dirigidas, la mediana de supervivencia en pacientes seleccionados ni siquiera se ha alcanzado todavía, y podría acercarse a los diez años.
Mensaje de los especialistas
Los médicos insisten en un punto clave: el riesgo de cáncer de pulmón nunca es cero, incluso para quienes jamás fumaron. El doctor John Breard, oncólogo cirujano torácico del Banner MD Anderson Cancer Center, lo resume de forma directa: dejar de fumar o no fumar nunca reduce sustancialmente el riesgo, pero no lo elimina, ya que existen otros factores capaces de desencadenar la enfermedad.
Ese matiz es, quizás, la principal lección que deja esta tendencia: el cáncer de pulmón dejó de ser una enfermedad exclusiva de fumadores, y su abordaje —desde la investigación hasta la política sanitaria— empieza a tener que adaptarse a esa nueva realidad.
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