Nuevo golpe para los autos de EE.UU. por aranceles de Canadá

Canadá aplicará aranceles de hasta 50% a productos de EE.UU., con el acero y aluminio como una nueva amenaza para la industria automotriz

El Ford Mustang RTR 2026

El Ford Mustang RTR 2026. Crédito: Ford. Crédito: Cortesía

La industria automotriz norteamericana podría comenzar a sentir el impacto de una nueva disputa comercial entre Canadá y Estados Unidos. El problema no está solamente en los vehículos que cruzan la frontera, sino en los materiales y componentes que hacen posible su fabricación.

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A partir del 8 de septiembre, Canadá aplicará nuevos aranceles sobre cerca de 700 productos estadounidenses, con tasas que estarán entre 15% y 50%. El paquete alcanzará importaciones por unos $20,000 millones de dólares.

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Para los fabricantes de autos, uno de los puntos que más preocupa es el aumento hasta 50% del impuesto sobre el acero y el aluminio provenientes de Estados Unidos. Ambos materiales tienen presencia en prácticamente todas las etapas de producción de un vehículo.

Carrocerías, chasises, piezas de suspensión, motores, sistemas de escape, rines y distintos elementos de seguridad requieren estos insumos. Por eso, aunque los automóviles no sean el principal objetivo de los nuevos gravámenes, el efecto puede terminar llegando al sector por una vía indirecta.

El problema está en una cadena muy conectada

Un vehículo producido en Canadá o Estados Unidos no necesariamente completa todo su proceso en un solo país. Las piezas pueden fabricarse en una planta, procesarse en otra y cruzar nuevamente la frontera antes de llegar al ensamblaje final.

Ese movimiento constante hace que un incremento en el precio de las materias primas pueda terminar multiplicándose a medida que avanza la cadena de producción.

Marcas como Ford, General Motors, Tesla, Stellantis y Rivian tienen operaciones y proveedores vinculados con este enorme circuito industrial. Para ellas, el riesgo no se limita al acero y al aluminio destinados directamente a los vehículos.

También pueden aumentar los costos relacionados con refacciones, herramientas, moldes, baterías y equipos utilizados en las propias fábricas.

El aluminio merece una atención especial debido a su utilización en vehículos eléctricos y modelos de alto desempeño. Su menor peso ayuda a mejorar la eficiencia y, en los eléctricos, puede contribuir a optimizar el consumo de energía.

Los fabricantes tendrán poco margen para reaccionar

Cambiar rápidamente de proveedor tampoco resulta sencillo. Las compañías automotrices trabajan con contratos establecidos, requisitos técnicos, certificaciones de calidad y volúmenes de producción previamente calculados.

Por eso, una empresa no puede simplemente reemplazar de un día para otro el acero o el aluminio estadounidense por material procedente de otro mercado.

La duración de los aranceles será determinante. Si la medida permanece durante un periodo prolongado, podrían aparecer aumentos en los costos de producción, modificaciones en contratos de suministro y una mayor presión sobre los precios de las autopartes.

Los consumidores también podrían terminar afectados mediante reparaciones, mantenimiento o refacciones más costosas. Al mismo tiempo, los distribuidores canadienses podrían modificar sus inventarios ante la incertidumbre sobre el precio y disponibilidad de determinados componentes.

Los vehículos tampoco recibirían necesariamente el mismo impacto. Los modelos ensamblados en Canadá o aquellos con una mayor cantidad de componentes regionales podrían tener una exposición distinta frente a los vehículos fabricados en Estados Unidos que dependan en mayor medida de los materiales afectados.

Canadá prepara apoyo para las empresas

El gobierno canadiense acompañará los nuevos aranceles con un paquete de apoyo de 7,500 millones de dólares canadienses dirigido a empresas, trabajadores y sectores productivos que puedan resultar perjudicados por la disputa.

La decisión de Ottawa llega después de que las conversaciones con Washington se estancaran por diferencias relacionadas con las condiciones planteadas por el gobierno estadounidense.

Estados Unidos recurrió a la Sección 338 de la Ley Arancelaria de 1930 para respaldar sus medidas, bajo el argumento de que determinados sectores canadienses mantenían prácticas discriminatorias contra productos estadounidenses.

La industria automotriz se encuentra entre los sectores bajo observación, junto con los mercados de bebidas alcohólicas y productos lácteos.

Por ahora, la decisión canadiense no significa que todos los automóviles fabricados en Estados Unidos tengan un arancel directo y generalizado del 50%. El golpe está concentrado en determinados productos, especialmente el acero y el aluminio.

Aun así, para una industria que necesita previsibilidad en sus costos, proveedores confiables y una logística fluida entre Canadá y Estados Unidos, el nuevo escenario añade una presión que podría terminar reflejándose tanto en las empresas como en los precios de algunos productos relacionados con los vehículos.

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