Un metaanálisis relaciona bebidas que se consumen a diario con la depresión y la ansiedad
La depresión, la ansiedad y el estrés no solo son diagnósticos clínicos, sino también un desafío de salud pública, cifras arrojadas por la OMS lo evidencian
Estudio relacionó ciertas bebidas con la ansiedad. Crédito: Krakenimages.com | Shutterstock
Una revisión sistemática y metaanálisis que analizó 59 estudios realizados en 22 países, con datos de 2,050,716 personas, publicados en la revista Depression and Anxiety, hallaron que el consumo general de bebidas no alcohólicas se relacionó con una mayor probabilidad de depresión y ansiedad, aunque la evidencia sobre el estrés fue menos consistente.
Bebidas azucaradas, carbonatadas, energéticas, refrescos, bebidas endulzadas artificialmente y el té de burbujas mostraron asociaciones positivas con la depresión. El té de burbujas y las bebidas carbonatadas también se vincularon con una mayor probabilidad de ansiedad.
Las asociaciones fueron más marcadas entre adolescentes y, en algunos análisis, en países de ingresos medianos bajos. Los investigadores señalaron que factores como la dieta general, el nivel socioeconómico, el sueño y la actividad física también podrían influir en los resultados.
El café mostró una asociación diferente
Contrariamente a la creencia popular, se mostró que un mayor consumo de café se relacionó inversamente con la depresión, es decir, con una menor probabilidad de presentar este trastorno o sus síntomas. Sin embargo, el estudio no encontró una asociación significativa entre el café y la ansiedad.
Los autores plantearon que los compuestos antioxidantes y antiinflamatorios del café podrían contribuir a esta relación. No obstante, el metaanálisis no examinó directamente esos mecanismos y no permite afirmar que el café prevenga la depresión.

La relación con el estrés sigue sin estar clara
El análisis principal no identificó una asociación estadísticamente significativa entre el consumo de bebidas no alcohólicas y el estrés. La relación se volvió significativa al excluir un estudio que aportaba una parte importante de la heterogeneidad estadística.
Algunos subanálisis encontraron asociaciones entre el estrés y el consumo de refrescos, especialmente en países de ingresos altos y entre poblaciones infantiles. Sin embargo, las diferencias entre grupos de edad, nivel de ingresos y sexo no fueron concluyentes.
Los resultados no muestran una relación causal
La mayoría de los estudios incluidos fueron de tipo transversal, por lo que registraron el consumo y la salud mental en un momento determinado. Este diseño no permite establecer si ciertas bebidas contribuyen a los problemas de salud mental o si las personas con depresión y ansiedad modifican sus hábitos de consumo.
Los investigadores también advirtieron sobre posibles errores en los datos autoinformados y la influencia de factores no considerados, como el tabaquismo, la alimentación completa, la actividad física, el sueño y la situación económica. Concluyeron que se requieren estudios longitudinales y ensayos de intervención antes de formular recomendaciones específicas sobre el consumo de estas bebidas.
Por tanto, los resultados no justifican cambiar tratamientos ni realizar modificaciones drásticas de la dieta sin consultar a un profesional de salud.
Depresión y ansiedad son problemas de salud pública
Todos estos resultados se dan en un contexto en el cual la depresión, la ansiedad y el estrés representan una importante carga para la salud pública a nivel mundial.
De acuerdo a informes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), aproximadamente 322 millones de personas en todo el mundo padecen trastornos depresivos, mientras que 264 millones sufren trastornos de ansiedad, y la prevalencia de los síntomas relacionados con el estrés muestra una tendencia creciente en todos los grupos de edad.
La OMS indica que estos trastornos son una de las principales causas de discapacidad prolongada y que la depresión y la ansiedad cuestan a la economía mundial alrededor de un billón de dólares al año. También advierte que el suicidio sigue siendo un problema grave de salud pública y una de las principales causas de muerte en jóvenes.
En términos simples, un problema deja de ser solo individual cuando afecta a una gran parte de la población, presiona a los sistemas de salud, reduce la productividad y requiere políticas públicas para prevención, atención y apoyo. La depresión y la ansiedad no solo son diagnósticos clínicos, sino también un desafío colectivo de salud pública.
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