Todo lo que debes saber de la artritis para no sufrir en el intento
No existe una causa única. La artritis es el resultado de la interacción de factores genéticos, ambientales y del estilo de vida
Mano y muñeca con presuntos síntomas de artritis. Crédito: PeopleImages | Shutterstock
El crujido en las rodillas al levantarse por la mañana, la rigidez en los dedos que dificulta sostener una taza de café, el dolor que aparece sin aviso y no siempre se va: estas señales, a menudo ignoradas o atribuidas al simple paso del tiempo, pueden ser los primeros síntomas de la artritis, una de las enfermedades más prevalentes y menos comprendidas del mundo moderno.
El término “artritis” no describe una sola enfermedad, sino un conjunto de más de cien condiciones que tienen en común la inflamación de una o varias articulaciones. La palabra proviene del griego arthron (articulación) e itis (inflamación), y aunque se la asocia casi siempre con la vejez, puede presentarse a cualquier edad, incluso en niños.
Sus síntomas más comunes incluyen dolor, hinchazón, rigidez y pérdida de movimiento en las articulaciones afectadas. Sin embargo, dependiendo del tipo, puede comprometer también órganos internos, la piel y los ojos.
Tipos de artritis
Osteoartritis. La más común. Desgaste progresivo del cartílago articular. Afecta principalmente a rodillas, caderas y manos.
Artritis reumatoide. Enfermedad autoinmune. El sistema inmune ataca las articulaciones, causando inflamación crónica y deformidad.
Artritis psoriásica. Asociada a la psoriasis. Puede causar inflamación en articulaciones y tendones, con síntomas en la piel.
Gota. Acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones. Provoca episodios de dolor intenso y repentino.
Causas y riesgos
No existe una causa única. La artritis es el resultado de la interacción de factores genéticos, ambientales y del estilo de vida.
La predisposición hereditaria juega un papel importante, especialmente en la artritis reumatoide, pero no es determinante.
El sobrepeso aumenta la carga mecánica sobre las articulaciones; el sedentarismo las debilita; el tabaquismo agrava los procesos inflamatorios; y las lesiones previas pueden acelerar el desgaste articular.

Cómo se diagnostica
El diagnóstico de la artritis es fundamentalmente clínico: el médico evalúa los síntomas, la historia familiar y realiza una exploración física de las articulaciones. Dependiendo del caso, puede solicitar análisis de sangre —que incluyen marcadores inflamatorios como la PCR o la velocidad de sedimentación, y anticuerpos específicos como el factor reumatoide o los anti-CCP—, así como pruebas de imagen: radiografías, ecografías o resonancias magnéticas para valorar el estado del cartílago y los tejidos circundantes.
La clave está en no ignorar los síntomas. Un dolor articular que persiste más de seis semanas, especialmente si va acompañado de rigidez matutina, es una señal para consultar al especialista sin demora.
Tratamiento
Durante años, el tratamiento de la artritis se limitó al alivio del dolor. Hoy el panorama es radicalmente distinto. Los avances farmacológicos han permitido no solo controlar los síntomas, sino frenar la progresión de la enfermedad.
Los antiinflamatorios no esteroideos (AINE), los corticoides, los fármacos modificadores de la enfermedad (FAME) y los modernos tratamientos biológicos —que actúan sobre mecanismos específicos del sistema inmunitario— han transformado el pronóstico de muchos pacientes.
La fisioterapia, la terapia ocupacional y, en casos avanzados, la cirugía ortopédica completan el arsenal terapéutico disponible. El objetivo siempre es el mismo: mantener la calidad de vida del paciente y preservar la máxima funcionalidad posible.

Recomendaciones desde ya
- Mantener un peso saludable reduce significativamente la carga sobre las articulaciones de rodillas y caderas.
- El ejercicio moderado y regular —natación, ciclismo, yoga— fortalece los músculos que sostienen las articulaciones sin dañarlas.
- Una dieta antiinflamatoria rica en omega-3, frutas, verduras y aceite de oliva puede contribuir a reducir la inflamación crónica.
- Evitar el tabaco: los fumadores tienen el doble de riesgo de desarrollar artritis reumatoide.
- Proteger las articulaciones en el trabajo y el deporte: el uso de equipos adecuados y la adopción de posturas correctas marcan la diferencia a largo plazo.
- Consultar al médico ante los primeros síntomas, sin esperar a que el dolor se vuelva insoportable.
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