¿Pagas la deuda con fondo de emergencias o sigues ahorrando?

Tener deudas y ahorrar al mismo tiempo sí es posible. Algunos expertos explican cuánto deberías guardar mientras pagas tarjetas y préstamos

Pago de deudas o fondo de emergencia

El pago de deudas es importante; pero no en todos los casos vale la pena sacrificar tu fondo de emergencias para liquidarlas. Crédito: Shutterstock

Cuando llega una factura inesperada, muchas personas se hacen la misma pregunta: ¿uso mis ahorros para salir de la deuda o sigo guardando dinero “por si acaso”? La duda se ha vuelto más común entre familias en Estados Unidos, especialmente ahora que la inflación sigue golpeando el bolsillo y las tarjetas de crédito parecen convertirse en una extensión del salario. El problema es que pagar todo lo que debes puede dejarte sin protección ante cualquier emergencia, pero ahorrar demasiado mientras los intereses crecen tampoco siempre es la mejor decisión.

Actualmente, millones de estadounidenses enfrentan una fuerte presión financiera por el aumento en el precio de la comida, la gasolina, la renta y otros gastos básicos. Estas circunstancias han obligado a muchas personas a depender más de las tarjetas de crédito para completar el mes. Y ahí aparece otro problema: las tasas de interés están en niveles elevados, lo que hace que las deudas crezcan más rápido.

De acuerdo con un estudio reciente de Achieve, muchas personas reportan estrés financiero relacionado con sus pagos mensuales y el dinero que deben. Ante esa situación, algunos optan por usar cada dólar disponible para liquidar sus deudas lo antes posible. Sin embargo, expertos financieros advierten que quedarse completamente sin ahorros puede ser riesgoso.

Piénsalo así: imagina que logras pagar una tarjeta de crédito, pero una semana después tu auto se descompone o necesitas acudir al médico. Si no tienes dinero guardado, probablemente terminarás usando otra vez la tarjeta y volverás al mismo ciclo de deuda.

Entonces, ¿cuánto dinero deberías tener ahorrado? El consejo financiero más conocido dice que las personas deberían guardar entre tres y seis meses de gastos básicos en un fondo de emergencia. Eso incluye renta, comida, servicios y transporte. Pero esa recomendación suele aplicarse a quienes no tienen deudas con intereses altos.

Para las personas que actualmente están pagando tarjetas de crédito u otros préstamos costosos, muchos especialistas consideran más realista comenzar con un fondo pequeño, de entre $1,000 y $2,500 dólares.

Ese dinero funciona como el “colchón” que te permitiría enfrentar gastos comunes e inesperados, como los mencionados anteriormente (una llanta ponchada o una atención médica). Así puedes resolver la emergencia sin detener por completo tu estrategia para pagar deudas.

Una vez que reduzcas o elimines tus deudas más caras, el dinero que antes usabas para esos pagos puede destinarse a construir un fondo de emergencia más sólido.

Ahora bien, no todas las personas necesitan exactamente la misma cantidad de ahorro. Si trabajas por cuenta propia, haces entregas, manejas para aplicaciones o tus ingresos cambian cada mes, probablemente necesites guardar más dinero antes de enfocarte agresivamente en pagar deudas.

Lo mismo ocurre si tienes una casa propia, ya que una simple reparación de plomería o del aire acondicionado puede costar miles de dólares. En esos casos, un fondo de $1,000 dólares podría quedarse corto rápidamente. En cambio, alguien con empleo estable, renta fija y pocos gastos familiares podría manejar mejor un fondo más pequeño mientras paga sus tarjetas.

También es fundamental considerar el tipo de deuda. Te lo digo así: las tarjetas de crédito suelen tener intereses mucho más altos, por lo que generalmente conviene atacarlas primero. En cambio, algunos préstamos estudiantiles federales o financiamientos de auto tienen tasas más bajas y permiten avanzar con más calma.

Por otra parte, si los pagos mínimos consumen gran parte del salario y apenas queda dinero para comida o ahorro, quizá sea momento de explorar opciones de alivio financiero.

Una alternativa es consolidar las deudas mediante un préstamo o una tarjeta de transferencia de saldo. Esto puede reducir la tasa de interés y facilitar los pagos mensuales. También existen planes de manejo de deuda ofrecidos por agencias de asesoría crediticia certificadas.

En casos más complicados, algunas personas negocian directamente con los acreedores para reducir el monto total que deben pagar. Incluso la bancarrota puede considerarse en situaciones extremas, aunque esa decisión debe analizarse cuidadosamente por su impacto en el historial crediticio.

Cada circunstancia financiera y de deudas es distinta, por mucho que se parezcan entre sí. Es recomendable acercarse a un asesor financiero o de crédito para saber las alternativas que se adapten mejor a tus ingresos y objetivos. Sin embargo, los consejos aquí abordados pueden ser un buen punto de partida si no sabías qué hacer con tus ahorros.

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