Expertos en salud reportan que riesgo de un brote de ébola en EEUU es muy bajo
'Podemos estar bastante tranquilos, pero no deja de ser un gran problema local', dice el doctor Schaffner
Funcionarios en un centro de tratamiento para pacientes con ébola en la RDC. Crédito: Hajarah Nalwadda | AP
Causado por la extraña cepa Bundibugy, el brote de ébola de 2026 en la República Democrática del Congo y en la vecina Uganda se ha convertido rápidamente en una de las crisis más graves jamás registradas al cruzar fronteras internacionales.
“El riesgo para la población estadounidense es muy bajo. Este no es un virus respiratorio”, dijo el doctor William Schaffner, profesor de medicina preventiva y enfermedades infecciosas en la Facultad de Medicina de la Universidad de Vanderbilt .
“No se transmite de la misma manera que la influenza o el Covid. Así que podemos sentirnos aliviados, aunque continúa siendo un gran problema local”.
Durante la videoconferencia “El brote de ébola podría ser el peor de la historia”, organizada por American Community Media (ACoM), tres expertos analizaron el virus del ébola Bundibugyo y su rápida propagación en un contexto en el que no existe ninguna vacuna contra la cepa Bundibugyo.
A mediados de junio de 2026, la Organización Mundial de la Salud había notificado cerca de 700 casos confirmados y más de 130 fallecimientos, cifras que siguen aumentando.
¿Cómo llega a los humanos un virus que circula entre los murciélagos frugívoros?
“Existen dos teorías: la primera sugiere que los cazadores pueden capturar estos murciélagos para consumirlos como carne de caza silvestre; durante el proceso de descuartizarlos, podrían cortarse o permitir que la sangre del animal entre en contacto con cortes o rasguños preexistentes en sus manos, introduciendo así el virus en el organismo humano”, dijo el doctor Schaffner.
La otra teoría sobre el brote en África Occidental en 2014, es que un murciélago frugívoro comió una fruta, la dejó caer sin haberla terminado por completo, y un niño pequeño la recogió y se la llevó a la boca, exponiéndose a la saliva del animal.

En cualquier caso, el médico explicó que una vez que el virus entra en el organismo, comienza la fase de incubación: empieza a multiplicarse lentamente dentro del cuerpo, aunque la persona aún no manifiesta síntomas de enfermedad.
“El intervalo entre la exposición y la aparición de la enfermedad puede durar días o incluso semanas, por lo que puede ser un periodo bastante prolongado. Tras este periodo de incubación, la persona enferma”.
Señaló que la fiebre es una característica muy marcada; puede oscilar entre leve y muy alta, y tiende a empeorar con el tiempo.
“A esto se suma una serie de síntomas inespecíficos, como dolores y malestar general; también pueden presentarse dolor de cabeza y pérdida de apetito en las etapas iniciales”.
No obstante, el virus continúa multiplicándose en el organismo, agravando progresivamente el estado de salud del individuo y provocando náuseas, vómitos y diarrea.
“Algunos pacientes presentan episodios de hemorragia, lo que se conoce como enfermedad húmeda. Esos fluidos corporales, el vómito, la diarrea y la sangre son altamente infecciosos a medida que la persona enferma progresivamente, pierde el contacto con la realidad, cae en coma, su presión arterial desciende y se produce una disfunción multiorgánica que afecta a los pulmones, el hígado, los riñones y el corazón”.
Dijo que a medida que la enfermedad avanza y el virus se propaga por todo el organismo, el contacto físico que conlleva esta atención por parte de familiares y amigos resulta sumamente peligroso.
Cuando la persona fallece, su cuerpo está esencialmente cubierto por el virus del Ébola incluso en la piel; por consiguiente, las prácticas funerarias implican un riesgo de transmisión muy elevado, ya que la gente desea tocar e incluso besar el cuerpo.
“Es precisamente en ese contacto estrecho donde el virus se transmite fácilmente a los cuidadores y a las personas que preparan el cuerpo para el entierro. Por ello, resulta crucial contactar a los líderes locales y educar a la población sobre la necesidad de modificar estas tradiciones centenarias de respeto a los difuntos para así frenar la transmisión”.
En cuanto al tratamiento del Ébola, dijo que no disponemos de fármacos antivirales específicos para tratar esta infección.
Sin embargo, mediante cuidados de soporte altamente sofisticados que abordan el fallo multiorgánico, es posible sobrevivir, por ejemplo, cuando se traslada a los pacientes a Estados Unidos.
“¿Cómo podemos intentar contener este brote? Contar con una vacuna sería algo maravilloso. Disponemos de vacunas contra algunas de ellas, pero no contra la cepa específica que está causando esta enfermedad”.
Mencionó que la situación se ha agravado debido a la reciente reducción de recursos por parte de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y del propio gobierno, lo que ha retrasado los diagnósticos.
No obstante, la OMS y otros organismos están coordinando la llegada de personal, equipos médicos, material de diagnóstico y otros recursos desde diversos países.
“A diferencia de la propagación local, el riesgo de transmisión a otras partes del mundo sigue siendo muy bajo; si se detectara un paciente en cualquier otra región, sería posible aislarlo y atenderlo con gran rapidez, minimizando o eliminando así el riesgo de contagio”.
La doctora Rachel Sweet de Frontline Observatory dijo que nuestros clichés nos impiden entender el problema si imaginamos que el conflicto es primitivo, y que las comunidades que viven en estos entornos son tradicionales, incultas o intrínsecamente hostiles.
“Hemos oído que algunas personas se muestran escépticas respecto al Ébola, y en un contexto donde el gobierno no siempre proporciona información precisa, y el expresidente está bajo sanciones por ayudar a organizar un grupo armado actualmente en el Congo, tiene sentido no creerle al gobierno sin más”.
Dijo que la preocupación es válida, si la atención internacional se centra únicamente en el Ébola y pasa por alto todo lo demás, la gente sentirá que sus principales preocupaciones no son importantes para la comunidad internacional, y que lo único que importa es prevenir la propagación de esta enfermedad al hemisferio norte.
Pamela Asobot Anchum de Immigrant Magazine, dijo que la diáspora no ha estado pendiente del asunto ni ha mostrado preocupación.
“Hablé con la presidenta de la comunidad ugandesa. Uganda es una de las regiones afectadas, aunque no tanto como la República Democrática del Congo. Yo esperaba escuchar que la diáspora estaba muy involucrada y asustada, pero para mi sorpresa, ella comentó que su comunidad no estaba preocupada. Incluso me dijo: “¿Qué? ¿Ébola?”.

Ella le contó que acababa de regresar de Uganda y que, para ella, allí no pasaba nada.
“Le pregunté por los controles sanitarios que se realizaban al viajar y regresar: “¿Cómo fueron?”. Me dijo que eran básicos, simplemente tomaban la temperatura controles de salud habituales y nada que ella asociara específicamente con el ébola”.
Cuando habló con miembros de la comunidad de Camerún, encontró que los cameruneses sí estaban inquietos y realmente preocupados por una posible propagación hacia su país.
“Lo mínimo que podían hacer en ese momento era enviar dinero a casa. El saneamiento es un gran problema, la falta de agua potable es una preocupación importante y, por supuesto, existe el miedo a regresar”.