Trump cambia el tono con los autos chinos y pone una condición

El mandatario dijo que aceptaría fábricas chinas de autos en EE.UU. si contratan trabajadores estadounidenses, pero persisten fuertes barreras

El BYD Great Tang llega arrasando

El BYD Great Tang llega arrasando. Crédito: BYD. Crédito: Cortesía

Los fabricantes chinos podrían tener una vía distinta para llegar al mercado estadounidense. El presidente Donald Trump dijo que no se opondría a que empresas de China construyan plantas de vehículos en Estados Unidos, siempre que generen empleos para trabajadores locales.

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La propuesta cambia el enfoque habitual sobre los autos chinos. En lugar de permitir que lleguen vehículos terminados desde China o México, la idea sería que las propias compañías inviertan y produzcan dentro del territorio estadounidense.

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Trump puso como referencia a los fabricantes japoneses, que tienen numerosas operaciones industriales en Estados Unidos. “Japón lo hace, pero contratan a nuestra gente. Lo importante es que contratan a nuestra gente”, afirmó en una entrevista con Fox News. También dejó claro que no quiere que las compañías chinas fabriquen en México para después enviar esos vehículos al mercado estadounidense.

Donald Trump, presidente estadounidense
Donald Trump, presidente estadounidense.
Crédito: Jacquelyn Martin | AP

Aranceles y tecnología complican el escenario

La instalación de una fábrica no eliminaría automáticamente las restricciones que enfrentan las compañías chinas. Los aranceles y las medidas comerciales de Washington seguirían siendo parte de la ecuación, mientras que los vehículos conectados plantean otro problema por el origen de determinados componentes y sistemas tecnológicos.

El asunto va mucho más allá de fabricar motores, baterías o carrocerías. Los autos actuales utilizan cámaras, sensores, procesadores, software y sistemas de conectividad que pueden manejar grandes cantidades de información.

Por eso, una empresa china que quisiera producir en Estados Unidos tendría que adaptarse a las reglas estadounidenses sobre tecnología y seguridad, además de construir una cadena de proveedores capaz de cumplir con esas exigencias.

El presidente de EE.UU., Donald Trump.
Crédito: Alex Brandon | AP

Michigan mira con preocupación la propuesta

La posibilidad tampoco genera consenso entre los legisladores. La senadora demócrata Elissa Slotkin, representante de Michigan, ha expresado preocupación por una eventual apertura comercial hacia los fabricantes chinos.

Michigan tiene una enorme dependencia de la industria automotriz, con cerca de 1,2 millones de empleos relacionados con ese sector. La llegada de vehículos eléctricos chinos a precios competitivos podría aumentar la presión sobre fabricantes, proveedores y trabajadores estadounidenses.

Slotkin trabaja junto al senador republicano Bernie Moreno en una iniciativa que busca impedir la comercialización en Estados Unidos de determinados vehículos y tecnologías procedentes de China.

EE.UU. considera prohibir software chino en vehículos
Fábrica de BYD. Crédito: BYD.
Crédito: Cortesía

Fabricantes también presionan en Washington

Las grandes automotrices instaladas en Estados Unidos mantienen una posición favorable a conservar barreras frente a los vehículos chinos. La Alliance for Automotive Innovation, que representa a fabricantes como Ford, General Motors, Toyota, Volkswagen, Hyundai, Honda y Stellantis, ha respaldado medidas para limitar su entrada.

El argumento de la industria gira alrededor de la competencia y de la protección de las inversiones realizadas en Estados Unidos. La discusión también tiene un componente tecnológico, porque las compañías chinas cuentan con cadenas de suministro muy integradas y una fuerte posición en baterías y vehículos eléctricos.

Así, la posibilidad planteada por Trump todavía está lejos de significar una apertura inmediata. Una marca china que quiera producir en Estados Unidos tendría que superar barreras comerciales, tecnológicas y políticas que siguen vigentes.

El debate podría tomar más fuerza en las próximas conversaciones entre Washington y Beijing, especialmente mientras Estados Unidos intenta decidir hasta dónde permitir la presencia de compañías chinas dentro de su propia industria automotriz.

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