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¿Trabajadoras sexuales sindicalizadas? Así es la lucha que se busca en Nevada

Trabajadoras de un burdel legal en Nevada impulsan el primer sindicato en el sector del sexoservicio en EE.UU.: estos son los derechos que buscan

Sindicato de trabajadoras sexuales en Nevada

Jupiter Jetson, una de las trabajadoras lideres en Nevada, buscaría la sindicalización bajo la representación del Communications Workers of America. Crédito: Ian Maule | AP

En el único estado de Estados Unidos donde el trabajo sexual es legal en ciertos condados, Nevada, un grupo de mujeres quiere dar un paso inédito. No buscan cambiar la ley, buscan cambiar sus condiciones laborales. La pregunta ahora es si podrían convertirse en las primeras trabajadoras sexuales sindicalizadas del país.

De acuerdo con un reportaje de CBS News, empleadas de Sheri’s Ranch, un burdel legal ubicado en Pahrump, Nevada, iniciaron un proceso formal para organizarse sindicalmente.

El establecimiento opera bajo las regulaciones estatales que permiten la prostitución en 10 condados rurales, aunque no en el condado de Clark, donde se encuentra Las Vegas.

La mayoría de las 74 trabajadoras del lugar presentó una petición ante la Junta Nacional de Relaciones Laborales para formar el sindicato United Brothel Workers. La representación estaría a cargo del sindicato Communications Workers of America. El proceso podría extenderse durante varias semanas.

El impulso surgió tras la presentación de un nuevo contrato en diciembre. Según las trabajadoras, el documento otorgaría al burdel control sobre su imagen y contenido, incluso después de dejar de trabajar allí. El acuerdo incluiría una licencia “irrevocable, mundial, perpetua y libre de regalías” para distribuir su material.

“Queremos las mismas cosas que cualquier otro trabajador”, declaró una trabajadora de Sheri’s Ranch en Pahrump, Nevada, que usa el nombre artístico de Jupiter Jetson. “Queremos un lugar de trabajo seguro y respetuoso”.

Jetson, quien pidió no revelar su nombre legal por temor a acoso, afirmó que el contrato podría permitir el uso de su imagen sin autorización futura.

“Así es como terminas siendo la cara de una compañía japonesa de lubricantes sin haber firmado un documento”, aseguró. “Así es como uno termina en un sitio web que ofrece compañía de IA sin ver ni un céntimo”.

Otra trabajadora, conocida como Molly Wylder, señaló que el nuevo acuerdo podría dificultar abandonar la industria. Para ella, el trabajo sexual es temporal y le permite pagar préstamos estudiantiles.

“Nunca fue mi plan quedarme para siempre”, compartió.

Las trabajadoras aseguran que, tras expresar sus preocupaciones, se les dijo que debían firmar o dejar el empleo. Algunas firmaron bajo presión. Jetson afirmó que ella y otras dos compañeras fueron despedidas después de que la empresa supiera del intento de sindicalización. El sindicato busca su reincorporación.

La empresa sostiene que respeta el derecho de las trabajadoras a expresar sus opiniones sobre la estructura laboral. También afirma que el estatus de contratistas independientes es clave para su autonomía. Sin embargo, las mujeres argumentan que son tratadas como empleadas: tienen horarios establecidos, no pueden trabajar desde casa, deben cobrar un mínimo de $1,000 dólares por hora y el burdel retiene el 50% de sus ingresos.

“En nuestro escenario ideal, nos gustaría ser reconocidas como empleadas porque queremos los derechos completos y el poder de negociación que tienen los empleados“, afirmó Jetson.

Expertos señalan que el debate central será si son consideradas contratistas independientes o empleadas formales. Esa clasificación determinará el alcance de sus derechos laborales.

El caso no es una ocurrencia vacía. Ya en Los Ángeles, bailarinas del club Star Garden lograron sindicalizarse recientemente. En San Francisco, el club Lusty Lady fue pionero en 1997 al organizarse sindicalmente. Además, en el estado de Washington se aprobó en 2024 la llamada “Strippers’ Bill of Rights”, firmada por el entonces gobernador Jay Inslee.

Para muchos defensores laborales, este movimiento en Nevada podría marcar un precedente en una industria históricamente estigmatizada. La discusión no solo gira en torno al trabajo sexual, también plantea preguntas sobre derechos laborales, propiedad intelectual y protección en la era digital.

El resultado del proceso podría redefinir cómo se regulan las condiciones laborales en uno de los sectores más controvertidos del país.

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